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Refugio y migraciones (I)

08.02.2020 | 21:57

carta 1. 16 de abril de 2015. "Querido tío Iñaki, Te escribo también por aita y ama, no tienen fuerzas para hacerlo. Aquí en Pamplona, o lo que queda de ella (San Juan ya no existe y la Txantrea no tiene ni una sola casa en pie) cada vez es más difícil sobrevivir. Ama no se levanta desde que un francotirador matara a Amaia. Casi todo el día estamos en el sótano para resguardarnos de las bombas de los aviones. A veces son afganos o iraquíes, otras son sirios o paquistaníes, ya sabes de la Coalición Oriental. Yo cruzo la calle Gorriti para llegar a la única Tahona que queda en pie y traer algo de pan a casa. Hemos perdido todo. Aita se quedó sin trabajo cuando el ejército de resistencia hizo estallar la Volkswagen. Mi cole sirve de base para la Coalición Oriental y dicen que ya tienen control sobre las conserveras de La Ribera. No tenemos agua ni luz ya y ama, además del trauma por Amaia, tiene neumonía y sin medicamentos va de mal en peor. Patxi, reza a Dios por nosotros desde Kabul. Nos alegra saber que encontraste una buena vida allí en paz y seguridad. Un beso. Xabier".

Carta 2. 18 de enero de 2018. "Querido tío Iñaki: Por fin conseguimos llegar a la frontera de Siria. Hace dos años que salimos de Pamplona. Un día crucé la calle Gorriti para traer pan y mis vecinas Leire y María de 6 y 8 años fueron acribilladas delante de mí. No pude hacer nada por ellas. Veo sus cuerpos despedazados todas las noches desde entonces... No nos dejan entrar en Siria. Nuestra única esperanza ahora es poder entrar, aprender el idioma, terminar mis estudios, encontrar trabajo y poder empezar de nuevo. Dicen que Siria es una democracia moderna con derechos para todas las personas. Ama no sobrevivió al viaje, murió al cruzar el mar. La patera que le tocó a ella se hundió delante de la nuestra y aunque habíamos avisado a la guardia costera no vino nadie. Estamos detenidos en un lugar con alambradas y muchas cosas más horribles desde hace un año y medio ya. Dicen que a los españoles no nos van a dejar entrar por no sé qué acuerdo de estos países de Oriente. Aita está muy débil, no creo que sobreviva a las condiciones de este campo. Ayer un chico de Tudela murió de frío a las dos de la mañana en su tienda. En Pamplona no nos quedó nada, nuestro piso de Carlos III es un montón de escombros. Si no es en Siria, espero reunirme contigo algún día en Kabul. Un beso, te quiere tu sobrino, Xabier".

68,5 millones de personas buscan refugio para salvar sus vidas producto de la guerra y la persecución. El 86% de esas personas que huyen han sido acogidas en países del mundo empobrecido. Solo un miembro del G20, Alemania, aparece entre los diez primeros. Nuestras naciones son firmantes de tratados fundamentales en pro de garantizar la seguridad de las personas en forma de una serie de derechos que están obligadas a garantizar y que incumplimos sistemáticamente bajo el pretexto de políticas de protección. Hoy mismo, miles de personas, como Xabier, esperan al borde de la locura en condiciones infrahumanas en nuestros campos de refugiados esparcidos por los limites de toda Europa. Sin embargo, Europa no es ni de lejos quien soporta la mayor venida de personas buscando refugio (Turquía, Pakistán, Uganda y Bangladesh están absorbiendo los mayores flujos de solicitantes de asilo). Y podríamos seguir poniendo encima de la mesa realidades muchas de ellas objeto de invisibilización, manipulación, difamación, encubrimiento y toda una serie de ardides al servicio del miedo, del egoísmo, de la insensibilidad y la ignorancia y por qué no decirlo, de la maldad de los que dejaron el alma en la cuneta algún día para ser gobernados por un ombligo hipertrófico e insaciable. No debe hacer falta que todos vayamos a un campo de refugiados en Lesbos o a una fábrica abandonada en Belgrado para sentir a Abdul como a Xabier ni a Aminata como a Amaia. Nuestra esencia humana, nuestra sensibilidad más básica, nuestro compromiso ético en la lucha contra el sufrimiento propio y ajeno, nuestra decidida apuesta por la vida y la dignidad de las personas, nos compromete a escuchar a Xabier, a mirarlo, a visibilizarlo, a defenderlo, a exigir soluciones, a arremangarse en lo que se pueda. Porque no solo se debe. Aunque nos hagan creer lo contrario. También se puede.

Los autores con voluntarios del Paris 365