Permita que me sonroje por usted

13.01.2021 | 00:48
Permita que me sonroje por usted

Si pensamos con la cabeza o pensamos con el corazón, si somos más racionales o más pasionales, nuestras conclusiones son diferentes, incluso antagónicas; con frecuencia nos sonrojamos recordando algún comportamiento anterior, comprometiéndonos a filtrar estos arrebatos, no importa sobre qué aspectos terrenal o espiritual. Es humano y no debiera tener más trascendencia que obligarnos, a futuro, a ser más cabales

Si quienes opinan y actúan son los políticos, la situación se complejiza. Algunos, demasiados, producen vergüenza ajena; no todos son iguales, pero cada vez implica mayor esfuerzo el seguir manteniendo este postulado. Y son ellos, por medio de los partidos, quienes hacen y deciden la política.

Existe un desprestigio social de la política, políticos y, más grave, los partidos políticos, esencia de la democracia; así como de las instituciones que nos representan.

Esta desafección no es algo nuevo, siempre ha existido en grado variable; la diferencia respecto a lo previo es que ahora hay orgullo social en decir en voz alta el todos son iguales, el espera y verás, y tantas otras frases que justifican esta desafección, hasta el punto de convertirse en un movimiento antipolítico con gran predicamento en nuestra sociedad.

La política ha pasado de ser considerada arte a reconvertirse en ciencia; como en una jugada de ajedrez, su acción es pura estrategia. La ética como concepto cultural, factor relevante en el totum político, se ha evaporado. La función implícita en la misma ha pasado de ser algo relevante, motor en mejorar la calidad de vida de la población y minimizar desigualdades vergonzosas, personales e interterritoriales, a ser considerada una actividad matemática, medioplacista, cuyo objetivo es la propia supervivencia. No hay comunión entre las partes, incluso se huye del acuerdo; la dialéctica del ellos y el nosotros imprimen electromagnetismo repelente.

Lo que debiera ser el resultado y símbolo de concordia y consenso, se transmuta exclusivamente en lealtad a la facción/tribu.

Los partidos políticos han sustituido la lógica por la logística. Son los auténticos manipuladores de las necesidades de la gente; nos insisten hasta la reiteración cuáles son los problemas de la sociedad, difiriendo según sean constitucionalistas o independentistas. Nos hacen comulgar con ruedas de molino; no importa cuáles sean tus preocupaciones, los partidos nos señalan cuáles deben ser. Las ideas como motor social pasan a segundo plano, dependiendo exclusivamente de si están en el gobierno/oposición. La lengua vehicular pasa a ser motivo de trueque entre mercaderes fenicios; es una artimaña de 1º de Manipulación. La promulgación del Ministerio de la Verdad ya lo intentó Rajoy en su momento, con una férrea oposición del equipo metafísico-espiritual Pedro-Pablo. Ahora son ellos quienes lo promulgan, con la oposición de quienes antes lo defendían. Es evidente concluir que su visión es defender su verdad en exclusiva.

La armonización fiscal, rechazada antes por los partidos independentistas como un ataque a su autogobierno, son ahora estos mismos partidos quienes la exigen; pura distopía.

Debemos abandonar la religión del silencio; los intelectuales deben cumplir con su obligación.

Se rompió el bipartidismo, pero se alumbra el nacimiento del bibloqueísmo. Ello ha coincidido con un aumento de la crispación y la polarización; ambos bloques y sus voceros están sobreexcitados. La frase corta (y bota larga) secuestran nuestro pensamiento, aligerado y divinizado por las redes sociales; acusaciones de enemigos del pueblo son normalizados en el Parlamento y en los medios de comunicación. Y ello repercute en la sociedad cual virus cainita.

Las palabras pierden valor: el término Libertad se tergiversa; es el contraargumento, falaz, para rebatir toda actividad contraria a nuestros intereses, tanto de réplica como contrarréplica. De ser considerada algo sagrado, es ninguneada y prostituida en su significado.

No hay alucinógeno capaz de imaginar semejante elogio a la hipocresía con una manipulación tan descarada de la verdad; ni antídoto que lo remedie

El Ángel del Amor es sabedor del monopolio pragmático que los líderes ejercen sobre sus partidos. Son ellos, a quienes les ponemos cara (y voto), los últimos responsables del devenir de desafección. Los partidos son invitados de piedra, necesarios para realzar las declaraciones, también el ego, de sus machitos dirigentes.

Declaraciones que son purines de odio, unas por su bravura toril y otras por su idiotez incendiaria: socialización del sufrimiento, normalizar el insulto, Gobierno ilegítimo. Hay más, demasiadas, y para todos los paladares. Malditos sean quienes intentan embrutecernos; hablan con lengua de serpiente.

El maniqueísmo es el alter ego de estos incendiarios; la falta de escrúpulos y la vetocracia, la metodología utilizada: pura bazofia.

Habíamos asumido cierta distancia entre el dicho y el hecho, sabíamos cómo confrontarlo. Pero surgen nuevos partidos, ilusionantes, necesarios para aunar voluntades ya resquebrajadas, y ha resultado pura fachada. La necrofilia ideológica es la mochila que acompaña en este viraje moral de político vocacional a político de carrera profesional; la confraternización es una palabra, el resentimiento un hecho.

La gestión de expectativas, propia del político, es supeditada al ande yo caliente y al nepotismo familiar como forma de gobierno. En un chasquido se ha pasado de crítico con la casta a desenmascarado peronista. Alardear de pactos con quienes en su programa político y en su espíritu está la (casi)tabulación del Estado de Derecho, políticos internacionalistas conjurados con políticos independentistas, es puro insomnio berlanguiano.

Hay sensación de hartazgo colectivo. No es necesario que gobierno/oposición vayan de la mano. Pero deben abandonar ese sentimiento tan nuestro de al enemigo ni agua, esa tendencia a la gracieta fácil y a la descalificación burda y grosera.

El respeto al otro debe convertirse en motor de enganche de los nuevos políticos; sólo así volverá la confianza a nuestras instituciones. Abandonar el hiperliderazgo cesarista es condición sine qua non.

El autor es sociólogo

La política ha pasado de ser considerada arte a reconvertirse en ciencia; como en una jugada de ajedrez, su acción es pura estrategia

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