Energías renovables sí, pero de otra forma

21.06.2021 | 00:09
Energías renovables sí, pero de otra forma

Ha hecho falta mucho tiempo para que, finalmente, los científicos climáticos y los dedicados a la biodiversidad se hayan puesto a trabajar juntos. Y la conclusión no deja de ser clave para el futuro de la humanidad: ni lo uno ni lo otro pueden ir a mejor por separado, y tampoco lo harán sin tener en cuenta el factor social. Es más, si lo hacen, los daños pueden ser nefastos. Esos tres ejes: lo climático, lo social y la naturaleza se dan la mano en el primer informe conjunto que acaba de publicarse, elaborado por 50 expertos del IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático) y del IPBES (Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos), dos organismos auspiciados por la ONU.

En dicho documento se concluye que es necesario proteger la naturaleza para afrontar la crisis climática. Ambas soluciones deben ir de la mano. Frenar la pérdida de ecosistemas naturales (bosques, humedales, turberas) y restaurar los espacios naturales son algunas de las recetas clave para fijar carbono en el suelo. Mantener la vida de los ecosistemas y estabilizar el clima requeriría blindar la protección del planeta reservando entre un 30% y un 50% de la superficie de la tierra y los océanos para la conservación integral.

En el informe también se comenta la importancia de las acciones que se están llevando a cabo para frenar las emisiones contaminantes que alteran el clima planetario, pero recuerdan que el foco debe ponerse en "un profundo cambio colectivo de valores individuales y compartidos relacionados con la naturaleza, como es alejarse de la concepción del progreso económico basado únicamente en el crecimiento del PIB", para lograr calidad de vida sin sobrepasar los límites biofísicos y sociales. En este sentido, se rechazan prácticas que pueden ser perjudiciales para la biodiversidad, como la expansión de los monocultivos para biocombustibles, aumentar los cultivos de regadío (algo que en el Estado español es un excelente ejemplo), no tener en cuenta el riesgo que suponen las energías renovables por el aumento de la minería o del uso de la tierra...

Algunas de las cuestiones planteadas en el citado estudio tienen cierta validez para el caso de Navarra, entre ellas, por cómo se quiere proyectar la implantación de plantas eólicas y fotovoltaicas a gran escala que tienen un gran impacto en la biodiversidad, en el paisaje, y gran ocupación de tierras agrícolas. Muchas de ellas se localizan en terrenos no urbanizables, convirtiendo los paisajes naturales en polígonos industriales.

Cada vez hay más estudios que están demostrando que los proyectos de renovables a gran escala están favoreciendo el despoblamiento, hacen que disminuya el valor inmobiliario de viviendas y fincas y perjudican las actividades económicas locales. Estudios de la Universidad de Granada indican que estas grandes infraestructuras energéticas disminuirían en un 34,7% el valor de las viviendas y afectarían muy negativamente al turismo rural.

También es muy interesante la comparecencia el pasado 7 de junio ante la Comisión de Transición Ecológica del Senado español, en calidad de invitado por parte de Teruel Existe, del profesor asociado de Geografía en la Universidad Rovira i Virgili, Sergi Saladié i Gil, quien abordó las escasas repercusiones económicas que tienen este tipo de instalaciones en los territorios en los que se implantan, basándose en diversos estudios realizados en Cataluña. En los resultados vio cómo el promedio del porcentaje de ingresos municipales procedentes de las centrales eólicas en Catalunya supone solo un 3,4% de la facturación estimada de las empresas que las controlan. Además, el citado profesor apuntó que, de este último porcentaje, un 2% está sujeto a los impuestos obligatorios que deben pagar las empresas, y el resto (1,4%) se relaciona con los convenios que se establecen de forma bilateral entre ayuntamiento y empresa, "y que no siempre se terminan cobrando".

En cuanto a la creación de empleo, el experto la calificó como "testimonial" y señaló que en el caso catalán la ratio de trabajadores fijos empadronados en los municipios era de 0,02 puestos de trabajo por MW instalado, lo que ni siquiera suponía un 1% sobre el total de la población ocupada. "Si hay poco impacto económico y hay nulo impacto laboral, esto se traduce en que aquellos problemas estructurales que tiene el mundo rural y que teóricamente este tipo de instalaciones venían a solucionar, vemos con datos en la mano y al cabo de unos años de poder evaluar ese modelo, que eso no se está cumpliendo".

Relató que en el estudio que realizó con el Observatori del paisatge de Catalunya para ver la una posible integración de las energías renovables con el paisaje, estudiaron cómo se había hecho en Europa, con más años de ventaja y con un modelo más democrático. El profesor Sergi Saladié i Gil ofreció datos sobre el despliegue del modelo de generación distribuida en Alemania en 2010, donde de los más de 50.000 megavatios que tenían energías renovables instalados, el 54% del desarrollo de energía eólica y el 84% de la fotovoltaica estaba en manos de comunidades locales y particulares. Además, es un modelo que aprovechaba los espacios ya alterados, el 18% de las placas fotovoltaicas estaban sobre construcciones ya existentes y no modificaban paisajes ni espacios agrarios, y un 66% de los 15.000 MW de fotovoltaicas estaban en espacios urbanos en manos de la ciudadanía a través sociedades coparticipadas, y con inversiones a partir de 1.500 euros per cápita y utilizando espacios públicos municipales. Es decir, energías renovables sí, pero de otra forma.

Finalizaré el artículo diciendo que los ayuntamientos también tienen mucho que decir sobre el aluvión de polígonos eólicos y solares que está habiendo en Navarra, y citaré como un ejemplo muy positivo la aprobación en pleno del Ayuntamiento de la Cendea de Galar del documento titulado Modificación Estructurante del Plan Municipal de dicho término municipal-suelo no urbanizable, al objeto de impedir la implantación de dichas infraestructuras energéticas.

El autor es experto en temas ambientales y Premio Nacional de Medio Ambiente

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