Al igual que los particulares se diferencian administrativamente por su apellido, los Estados también se diferencian acorde al mismo, entendido no solo como la relación de los gobiernos con sus ciudadanos, sino también con la metodología que utilizan para ese objetivo relacional. Distinguimos Estados democráticos, dictatoriales, teocráticos, monarquías, republicas y otros. Este primer apellido no se ajusta totalmente a la realidad y hacemos uso de un segundo eslabón que sirve de apelativo para desprestigiar o resaltar alguna característica; asi hablamos de narcoEstado o mafiEstado, siendo Israel un representante del mismo: un estado democrático en las formas, teocrático en el fondo y mafioso en sus métodos.
Israel es un estado democrático, en las formas. Se celebran elecciones similares a cualquier otro Estado democrático (o no tanto), sin cortapisas, aun cuando en sus inicios practicó el terrorismo como método en la consecución de sus objetivos. Los resultados electorales actuales crean anómalos compañeros de viaje con partidos coaligados autodefinidos de ultraderecha, incluso abiertamente fascistas tanto en sus objetivos como en los métodos violentos que practican con sus propios ciudadanos; una autentica distopía. Se ha denominado a Israel la única democracia de Oriente Medio; pero si este país con su gobierno al frente utiliza el hambre como arma de guerra, bombardea civiles y hospitales, asesina periodistas, sus francotiradores están obsesionados con los niños, los colonos israelíes actúan impunemente como punta de lanza en la violencia estatal y en su política de tierra quemada, con leyes discriminatorias para sus ciudadanos árabes respecto a los judios. Llamar democracia a Israel es una farsa interesada. En realidad, el debate pre/post electoral se limita exclusivamente a posicionarse sobre Netanyahu si/Netanyahu no; y la primera opción gana por goleada. La sociedad israelí está muy cohesionada y poco polarizada y el apoyo a la política belicista de Netanyahu por parte de la sociedad civil, es total (Israel Democracy Institute). La guerra no solo es un medio, también es un fin en sí mismo con un bombardeo masivo contra sus vecinos de Palestina, Líbano, Yemen, Siria e Irán con decenas de miles de muertes, miles de heridos con amputaciones y 6 millones de personas desplazadas. Como argumento justificativo de la violencia descarnada arguyen temas de seguridad, que en román paladino significa: lo hago porque puedo y tú eres un tonto que me lo permites.
La praxis inhabilita la asociación de Israel y democracia, incluso sus dirigentes argumentan que en la Biblia no se menciona el término democracia, menospreciándola. Con la arrogancia propia de los ínclitos poderosos, Netanyahu quiere reconvertir esta tierra quemada palestina en activos inmobiliarios para codicia y disfrute de su hombre de paja, sargento chusquero mister Trump, siempre a sus órdenes. Hobbes domina sobre Montesquieu.
La teocracia israelí complementa (tanto monta) al Gran Israel y la práctica del sionismo religioso como política de Estado. Si Teherán está regido por los ayatolas, el Gran Israel es la patria del pueblo judío, del pueblo elegido, gobernado por el sionismo religioso egocentrista, inhumano y vergonzante; se le considera la practicidad de las profecías bíblicas, de sus textos sagrados. La voluntad de Dios debe prevalecer sobre los hombres y ello conlleva la ocupación por la fuerza de Gaza y Cisjordania, entre otros. Este sionismo teocrático no solo es territorial; es fundamentalmente cultural, afectando las decisiones que influye en la vida social. La combinación de ultraderecha y sionismo religioso es ultrajante para la religión de Moisés. El bloque religioso (sionista y no sionista) constituye la segunda fuerza en el actual Parlamento israelí, unidos por el paradigma que el odio les hace perfectos, puros. Los enemigos son los árabes, periodistas, ONG e incluso asociaciones judías críticas con Israel (que las hay). Los colonos judíos, talibanes supremacistas religiosos, posiblemente colonicen el poder en el próximo ciclo.
Al igual que hay narcoEstados, también están los mafiEstados, entendiendo por tales a quienes se van apropiando de países vecinos, independientes o colonizados, preferiblemente por la fuerza y la violencia, sin escuchar los acuerdos internacionales, firmados o no y con el silencio y beneplácito de la comunidad internacional; replican en forma y fondo a organizaciones criminales. Que estos mafiEstados suponen un peligro para la paz mundial es una constante, aunque irrelevante para quien lo ejerce.
Aquello que conlleve el más mínimo riesgo para la construcción del Gran Israel, incluso para la supervivencia de los actuales gobernantes, se expone a toda una maquinaria de guerra sin considerar la ética de los actos. El todo vale es una máxima que ordena el gobernante y que el ejército (y los colonos, su ariete) ejecuta con precisión; y ello con el apoyo mayoritario de la opinión pública israelí. Si quienes molestan en este objetivo son los periodistas se les encarcela, se tortura y asesina (260) de manera deliberada (Comité para la Protección de Periodistas/CPJ). Amnistía Internacional cataloga este periodisticidio como crímenes de guerra según el derecho internacional humanitario. Si quienes molestan son los hospitales y centros sanitarios, se bombardea y se destruye, también a su personal; y ello bajo la cláusula de que han deshumanizado no solo la vida de los palestinos, también sus cadáveres (Euro-Med Human Rights Monitor) al igual que sus viviendas y sus campos. Israel se retiró del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en febrero de 2025; indignidad tras indignidad hasta la derrota final
El gobierno israelí y su ejecutor, ejercito y colonos, ha ejercitado durante meses y meses acciones de genocidio y para ello han desvalijado toda normativa y legalidad internacional. No solo el gobierno, la población de Israel apoya mayoritariamente la expulsión de todos los palestinos de Gaza (Haaretz) y Cisjordania El descrédito ha llegado incluso al punto que el Tribunal Penal Internacional ordena arrestar a Netanyahu (y secuaces) por crímenes de guerra y lesa humanidad. Incluso, dos ONG israelíes (B’Tselem y Physicians for Human Rights Israel) acusan a Israel de cometer genocidio en Gaza. Diversas organizaciones internacionales y el Tribunal Internacional de Justicia de Naciones Unidas (TIJ) señalan que los Estados tienen la obligación de “abstenerse de establecer relaciones económicas o comerciales con Israel” (sic). Mientras la sociedad civil europea organiza manifestaciones de protesta que aúnan voluntades, los gobiernos hablan y hablan conocedores de que sobran las palabras. La Comunidad Europea es incapaz de llegar a acuerdos internos para denunciar y anular la propuesta de España, y otros, de suspender el Acuerdo de Asociación con Israel por violar el derecho internacional humanitario.
Si quienes molestan son otros países (Irán, Líbano) se bombardean sin rubor; se nos antoja, declaran. Miles de muertos y movimientos masivos de población. Los acuerdos provisionales de paz son papel mojado, solo para una de las partes
Algún opinólogo debiera justificar cómo un país de 10 millones de habitantes, con prácticas históricamente inhumanas y genocidas, es capaz de ningunear y anular todo convenio de la comunidad internacional desde la segunda guerra mundial. La única explicación es que cualquier idiotez tiene sus seguidores y todo embrutecimiento es contagioso, como la peste bubónica.
En los noticiarios ya se omite Gaza, los opinólogos hablan mayoritariamente de petróleo, no vemos imágenes de hambruna y dolor, pero ahí están. Los palestinos y su pobre osamenta tienen el derecho a resistir en la confianza que mañana sea otro día.