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Osasuna, fin de un año (muy) extraño

El equipo rojillo se salva tras una temporada convulsa en lo deportivo, en lo económico y en lo social

Sergio Herrera, entre lágrimas.Javier Bergasa / EFE

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Osasuna finiquitó la temporada en Getafe con una salvación sufrida mucho más de lo esperado y que acabó con una semana repleta de tensión cuando casi nadie se esperaba llegar a este punto. Pero el balance va más allá de eso. En lo social, las cargas el día del Madrid y las multas a Graderío Sur han monopolizado el debate, mientras que en lo económico, la reexpresión de las cuentas movió los cimientos del club.

La temporada de Osasuna bajo la dirección de Alessio Lisci se define con una sola palabra: irregularidad. El equipo alternó tramos de una solidez competitiva notable con baches de juego y resultados que terminaron complicando un año que parecía encauzado de forma mucho más tranquila.

El momento cumbre de la temporada y donde se desató la tranquilidad —quizás excesiva— fue el partido contra el Sevilla. El vestuario y la afición celebraron la salvación matemática de forma liberadora, entendiendo que el objetivo prioritario del curso estaba cumplido a falta de varias jornadas.

Sin embargo, esa celebración anticipada penalizó al equipo. Tras verse salvado, Osasuna sufrió una preocupante desconexión competitiva. Entró en una dinámica muy negativa de juego y resultados, encadenando derrotas consecutivas que resucitaron los fantasmas del descenso. Lo que debía ser un tramo final plácido para probar cosas y mirar hacia arriba se convirtió en un ejercicio de sufrimiento, teniendo que mirar de reojo los resultados de los rivales de abajo.

El Promesas

Si el primer equipo dejó dudas por su irregularidad, el otro borrón deportivo de la temporada de la entidad rojilla ha estado en la base, con el descenso del Osasuna Promesas. La caída del filial a Segunda Federación no es solo un golpe deportivo, sino el síntoma de una gestión que ha generado un hondo debate en el entorno del club. Históricamente, el Promesas ha sido el último escalón formativo, un espacio reservado para moldear el talento navarro antes de dar el salto a El Sadar. Sin embargo, este año la dirección deportiva aplicó una política de configuración de plantilla que despertó dudas desde el principio por la llegada de unos cuantos jugadores pensando en la salvación en vez de en lo formativo. Al final, la apuesta por el futbolista de fuera no se tradujo en la solvencia esperada, consumándose un descenso

Las mejores imágenes del Getafe-OsasunaEFE

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Las cargas

El encuentro de esta temporada frente al Real Madrid en El Sadar detonó una crisis de gran calado en el plano social y de seguridad. Los graves incidentes ocurridos en los prolegómenos y durante el partido, que incluyeron cargas policiales en los accesos al estadio y en las inmediaciones del fondo sur, encendieron las alarmas de la masa social. La contundencia de la intervención policial se saldó con heridos y momentos de altísima tensión que afectaron no solo a miembros de Indar Gorri, sino a aficionados de a pie, familias y socios veteranos. Como medida de protesta directa contra el dispositivo policial y las multas que inundan a los aficionados, Indar Gorri decretó un parón en la animación. El Sadar, históricamente reconocido por su ambiente hostil para el rival y de empuje constante, vivió 12 minutos de un frío silencio sepulcral en el fondo sur, roto únicamente por cánticos de protesta. La indudable fidelidad de la masa social (reflejada en el 99,7% de renovaciones) ha convivido este año con un clima de profunda fractura y tensión interna. El Sadar ha sufrido una metamorfosis en su ambiente debido a las medidas cada vez más restrictivas que sufren los aficionados.

Las cuentas

El apartado financiero ha acaparado importantes titulares en los últimos meses debido a un inesperado reajuste en los libros de cuentas que obligó a la cúpula directiva, liderada por el director general Fran Canal, a salir a dar explicaciones públicas. El punto crítico del año llegó tras el cambio de la empresa auditora. La nueva revisión detectó desajustes contables en el ejercicio anterior (donde se habían computado como 2 millones de beneficios lo que en realidad eran 1,6 millones de pérdidas). Como consecuencia directa de este desfase de asientos mal contabilizados, la deuda neta del club —que inicialmente se creía reducida a los 60,4 millones— se ha reajustado al alza, situándose en 65,8 millones de euros. A pesar del incremento del pasivo, la dirección financiera ha defendido la viabilidad estructural del club.