Los nervios en la expedición rojilla eran evidentes antes de empezar la jornada clave. El palco de autoridades fue el epicentro del otro partido, el que jugaban los que no podían saltar al césped.
De los primeros en asomarse al palco fue el presidente de Osasuna, Luis Sabalza. Parecía bastante tranquilo o por lo menos se guardaba sus emociones de los que mejor. El resto de la Junta presente y escoltados por trabajadores y ejecutivos del club. Algunos, como Braulio, con sus cascos bien colocados. Es una imagen habitual, aunque esta vez no había llamadas telefónicas. Poco antes de empezar el partido aparecieron por el palco los Muñoz, Iker y Víctor. El primero, recién sentado, demostraba sus nervios con un importante agitar de su pierna. Víctor, por su parte, colocó entre sus piernas una tablet y se colocó el multifútbol. Poco iba a durar ahí, ya que su compañero le pidió rápidamente que la colocase en las escaleras para que la pudiesen ver los dos.
Durante la primera mitad, aunque se notaban los nervios, los resultados iban acompañando y, especialmente, se celebró el gol del Elche con poca efusividad eso sí, que ahí andaba Canal intentando calmar a todos los presentes. No tenía trabajo fácil. Con el tanto ilicitano, al secretario técnico, Cata Prieto, ya no le quedaban uñas que morder de los nervios. En el campo, Barja y Aitor vivían la primera mitad con los ayudantes, en un banquillo aparte siguiendo el resto de la jornada. Con la llegada del descanso todo el mundo se dispersó.
Emoción desbordada al final
Con el comienzo de la segunda mitad llegó el gol del Girona. Los nervios ya estaban a flor de piel. Pero Osasuna cumplía su papel y con eso bastaba. Entonces llegó el gol del Getafe. Los dos Muñoz no podían creerlo. Manos en la cara. El sufrimiento de ambos era palpable. Para entonces, Osasuna ya tenía a una persona en la bocana de vestuarios para ir informando al banquillo. Braulio se retiró al antepalco mientras que Cata ya se había colocado detrás de Víctor para también seguir el partido del Girona. Todos centrados en la tablet. Bueno, Iker de vez en cuando se quejaba al árbitro, pero los demás ahí estaban.
Canal ya no podía poner paz ni así mismo. El palco se le quedaba pequeño hasta que encontró refugio en las escaleras para seguir el partido del Girona...en la tablet de Víctor. Aquello ya era la tablet del osasunismo. Y más que lo iba a ser al acabar el partido rojillo. Directivos, mujeres de estos, empleados del club... todo el mundo se arremolinaban alrededor de los dos jugadores. La tensión era palpable. Hasta que el director general, que también se había retirado, volvió corriendo al palco para fundirse en un abrazo con Iker y Víctor. Se había acabado el sufrimiento. Las lágrimas brotaron de todos los presentes y la emoción se desbordó. En algunos como Cata, quien hay que recordar que podía estar viviendo su último partido como rojillo si acaba firmando por el Oviedo, totalmente palpable.
Una vez recompuestos todos, con el paso de los minutos eso sí, las caras no eran de gran felicidad, sí de alivio, pero claramente no había efusividad.
El agradecimiento a los pocos aficionados
Aunque el Getafe no vendiese entradas, allí se plantaron algunos aficionados rojillos. Unos dentro, otros en los bares de alrededor. Al acabar, unas dos decenas de rojillos se concentraron en las inmediaciones del bus. Allí salió Aitor Fernández, quien no dudó en abrazar, firmar, sacarse fotos (incluso compartir alguna bebida que otra) con los aficionados. También Aimar Oroz, un poco más desencadenado tras haberlo digerido todo. Luego salieron miembros del club además de otros jugadores, quienes estuvieron con los allí presentes.
Y así, con el alivio de quien ha visto el peligro de muy cerca, Getafe se fue quedando sin rojillos.