Cuando el franquismo temía un "problema político-social" con los vecinos de Arguedas
El responsable militar de la región aérea Navarra supo de los planes de los agricultores, quejosos con el proyecto, y corrió a contárselo al ministro, al que sugirió parar el proyecto de ampliación del Polígono de Tiro de Bardenas
Entre el domingo y ayer, este periódico ha publicado que el franquismo planeó duplicar el tamaño del Polígono de Tiro de Bardenas y que solo la negativa de casi un centenar de vecinos de Arguedas logró parar el proyecto. Hoy, última entrega de la breve serie sobre el 75 aniversario del campo militar de la Ribera: el informe interno en el que el teniente general responsable de la región aérea navarra desaconseja continuar con el proyecto. Vista la reacción de los vecinos, razona el alto mando Eduardo Prado Castro, una expropiación forzosa para seguir sí o sí con la ampliación “podría ocasionar un problema político-social que afectaría a toda una provincia y que podría adquirir ámbito nacional”. Ahí murió el proyecto.
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La advertencia la formula el teniente general Prado Castro en un comunicado de apenas tres páginas. Está fechado el 21 de diciembre de 1966, unos días antes de que los vecinos de Arguedas llevaran a registro su escrito de protesta. El teniente general conoce los planes de los vecinos y trata de anticiparse para que el ministro del Aire de entonces, el navarro José Lacalle Larraga, no se entere del problema directamente por los campesinos molestos, sino por él mismo.
El comunicado es un informe interno, de tono seco y directo, sin rodeos, y escrito con la libertad de quien se sabe en alta comunicación confidencial con el ministro. Prado Castro revela que ha mantenido varias reuniones con la Comunidad de Bardenas, cuyos responsables le han trasladado la imposibilidad de aprobar el proyecto de ampliación. Ya fue difícil, dice el teniente general, que dieran su consentimiento en 1951, cuando la puesta en marcha del Polígono ya les “originaba serios inconvenientes”. Solo “guiados por un elevado espíritu de patriotismo facilitaron la cesión”, explica Prado Castro, que sin embargo reconoce al ministro que ahora es imposible convencerles.
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El escrito vecinal
El militar advierte a su superior: al menos 84 pequeños propietarios de Arguedas –con entre 100 y 600 robadas cada uno, su “único medio de vida”– preparan un escrito de rechazo. Hay varios argumentos. El primero, el nuevo campo cortaría los caminos entre los parajes de La Junta y la Cruceta, impidiendo el acceso de un montón de agricultores.
También quedaría cortado el tránsito de la Cañada Real, utilizada en 1965 por más de 53.000 ovejas que bajan a las Bardenas a pastar desde los valles de Roncal y Salazar entre el 29 de septiembre y el 20 de junio. La ampliación, asume el militar, corta la acequia de las Cinco Villas, que riega los nuevos pueblos de colonización del franquismo situados en Zaragoza: Pinsoro, Valareña, Santa Anastasia, El Sabinar, Sancho Abarca, Santa Engracia y las proximidades de Tauste. De hecho, la ampliación cae en al menos un kilómetro cuadrado en la provincia de Zaragoza, lo que escapa de la jurisdicción de Bardenas.
Por todo, el teniente general “estima razonables las consideraciones presentadas por la Comunidad”, y avisa: visto lo visto, una “expropiación forzosa podría ocasionar un problema político-social que afectaría a toda la provincia y que podría adquirir ámbito nacional”. Además, cortaría de raíz el plan de regadíos “en el que tantas esperanzas tienen depositadas tanto los habitantes de la Comarca como el Gobierno”. El ministro hizo caso.
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