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    <title><![CDATA[Diario de Noticias de Navarra - Fabricio de Potestad Menéndez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.noticiasdenavarra.com/tags/fabricio-de-potestad-menendez/]]></link>
    <description><![CDATA[Diario de Noticias de Navarra - Fabricio de Potestad Menéndez]]></description>
    <language><![CDATA[es-es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright Diario de Noticias de Navarra]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El populismo de la política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/tribunas/2023/03/24/populismo-politica-6602663.html]]></link>
      <description><![CDATA[El creciente auge de los partidos políticos populistas, sean de derechas o de izquierdas, expresan una concepción mesiánica y maniquea de la sociedad que representa un reto para la democracia, tanto en Europa como en Estados Unidos e Hispanoamérica. Exhiben un ego tan grande como tan precaria es su formación ética e intelectual, hasta el punto de que, iluminados por ese novedoso movimiento intelectual llamado transhumanismo, se creen con derecho a superar los límites naturales de la humanidad mediante el mejoramiento científico y tecnológico. Han llegado a inventarse, sin haber ni rastro de ella, la identidad de género, que pretende transustanciar en un solo ser, en una indisoluble unidad ontológica, a todas las mujeres o a todos los hombres. En este sentido, conviene recordar que el ser y la apariencia forman una unidad indisoluble, ya que la apariencia nos es más que la presencia externa y visible del ser. Si la apariencia se cambia, el ser y la apariencia entran en una relación problemática, lo que supone el riesgo de extraviarse en una confusa deriva, ya que un simple cambio anatómico, que es a lo único que la hormonación y la cirugía llegan, no es una modificación histológica ni genética, que es lo que exige un cambio sustancial. Si pese a la lógica filosófica y a la evidencia científica, hay quienes aspiran a cambiar de género, nada que objetar, si eso les hace más felices. Ahora bien, frente a la tentación transhumanista de los populismos de jugar a ser dioses o emular a Frankenstein, la bioética debe precintar una línea roja que no se debe traspasar. Sabido es que, en ocasiones, algunas transgresiones ocultan, en realidad, la debilidad moral y la incapacidad política para abordar de manera eficaz y realista los problemas de la ciudadanía, esto es, el desempleo, la pobreza, la precariedad salarial, la desigualdad entre hombres y mujeres y las dificultades que atraviesan la sanidad, la educación y las prestaciones sociales públicas. ]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabricio de Potestad Menéndez]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Mar 2023 08:00:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El populismo de la política]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[ética,Populismo,Política,Fabricio de Potestad Menéndez,Ramón Tamames]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Libertad de opinión y de expresión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/tribunas/2022/11/06/libertad-opinion-expresion-6198136.html]]></link>
      <description><![CDATA[En fin, uno vive de sus convicciones y de sus contradicciones como otros viven de sus elevadas rentas. Y claro, después de tantos años escribiendo aquello que pienso no voy ahora, tras haber observado la eterna querella del hombre contra su hermano, cuidadosamente áspera y sutilmente aderezada de gruesas y desmañadas advertencias, a tomarme unas vacaciones ni por haraganería ni por miedo. A mis años, trato solo de sobrevivir a los espantos que a la gente se le imponen para reprobar su libre albedrío. La sociedad está estructurada de tal forma que posibilita la cosificación de su ciudadanía, de tal suerte que la gente lejos de ser libre gestor de su propia vida y agente transformador de la sociedad, es, en realidad, un sujeto gregario que opera por consignas dadas desde las instancias rectoras de la colectividad. La libertad de expresión y de opinión funciona bajo vigilancia, siendo sus manifestaciones restringidas al guion previamente establecido. Se ajustan, de forma inexcusable, a la siguiente directriz: se permite cualquier tipo de opinión, pero se excluye todo aquello que se considera políticamente incorrecto o hiere los sentimientos religiosos o patrios. La divergencia de opinión no es nada vergonzante que deba ocultarse. Al contrario, es riqueza dialéctica e intelectual, por lo que cuanto más alcance público tenga, mejor. En la intimidad puede decirse lo que se quiera, pero sin que trascienda públicamente. Ahora bien, la opinión de una persona, que solo puede ser expresada en el ámbito interno de su casa, está sujeta a tal grado de circunspección que resulta irrelevante. Circunstancia de cierta importancia si tenemos en cuenta que la gran mayoría de la ciudadanía no tiene acceso a los medios de comunicación, por lo que todas sus opiniones sucumben en el ámbito de lo estrictamente doméstico. Puede, no obstante, si ha logrado superar la brecha digital, opinar en las redes sociales, aunque con cautela, pues también están vigiladas. Por consiguiente, la sociedad democrática, entendida como garante de las libertades individuales, resulta insuficiente por cuanto se organiza como una estructura superior limitadora de la variabilidad y proyección de la libertad individual. En la práctica se observa, además, que la eficacia uniformadora y adormecedora de la diversidad individual se debe a un maquiavelismo de baja intensidad. Es decir, el arte de gestionar la diferencia se logra recurriendo a la descalificación y marginación soterrada del discrepante, o mediante la amenaza disciplinaria e incluso la sanción judicial.]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabricio de Potestad Menéndez]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Nov 2022 10:38:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Libertad de opinión y de expresión]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gente,libertad de expresión,vida,Fabricio de Potestad Menéndez]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La ética ante la guerra de Ucrania]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/2022/05/29/etica-guerra-ucrania-3558071.html]]></link>
      <description><![CDATA[in una ética inequívoca y universal que oriente la praxis colectiva, todo parece necesariamente abocado al relativismo moral. Y tras él nos topamos inevitablemente con la libertad del ser humano. Por tanto, frente a la indeterminación moral, hay que elegir constantemente. Esa es, sin duda, una de las cuestiones más difíciles y delicadas en el arte de dilucidar cuestiones morales complejas. En rigor, lo que debe preocupar es la racionabilidad de una ética política que debe basarse en la responsabilidad y en el cálculo de las consecuencias. Independientemente de las convicciones, no hay moral política que no jerarquice sus principios para poder optar en caso de contradicción. Y esa jerarquía se basa siempre en una valoración de los problemas, sus posibles soluciones y los efectos previsibles de las decisiones. La misma doctrina católica, basada en el amor, distingue actitudes morales distintas para situaciones diferentes, oscilando sus textos sagrados entre el protagonismo del Dios justiciero y vengativo y el Dios misericordioso. Entre la moral absoluta y rígida, que aspira a hacer valer sus normas haciendo abstracción de la diversidad y complejidad de la realidad social concreta, y la moral cínica, que busca normas ad hoc para legitimar sus decisiones, existe una moral relativa sustentada en consensos racionales y en una práctica responsable, que tiene la suficiente flexibilidad y dosis de pragmatismo como para afrontar con eficacia cuestiones delicadas y de enorme complejidad internacional. Es fácil asumir la prescripción moral de que la política se sustente en principios y valores en situaciones de paz, orden y bienestar. Pero cuando la violencia amenaza la vida de los ciudadanos, como es el caso de la guerra de Ucrania, ¿basta la ética cristiana de la caridad y el amor? ¿Es posible mantenerse al amparo de una ingenua e idealista postura pacifista? Proclamar el eslógan del no a la guerra en una concentración pacífica con la prensa cubriendo el evento, aun siendo necesario, ¿es suficiente? ¿O está justificado, e incluso recomendado, el deber de salvar a un país de una manera más práctica? Cuando no se enmascara el hecho de que la política necesariamente ha de recurrir a decisiones posibilistas, si es que realmente está decidida a lograr la paz, se pone de manifiesto la espinosa situación de conciliar cuestiones aparentemente antagónicas como es la defensa de las víctimas de la nación invadida y la necesidad perentoria de evitar que haya más damnificados, es decir, acabar de una vez por todas con esta terrible lacra que es la guerra, aunque sea mediante la rendición. Nadie es tan ingenuo como para pensar que sólo con medias diplomáticas, muy necesarias obviamente, se va a terminar con la invasión rusa. En mi opinión, es necesaria la ayuda de los países occidentales, que también se sienten amenazados, a la resistencia del pueblo ucraniano, mediante el envío de armas. Es cierto que esta postura es debatible y, por tanto, cuestionable, más aún si recordamos el bombardeo de la OTAN en los Balcanes sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, o los 46.000 civiles muertos en la invasión bélica de Afganistán, pero no nos engañemos, no existe un criterio racional y objetivo que permita una elección ética inequívoca e incuestionable. Es una decisión que ha de tomarse con total responsabilidad y con el mayor consenso posible. Es imprescindible la unidad de la Unión Europea y a nivel nacional es deseable la unidad de la mayor parte de las formaciones políticas. No hay más moral que la que los seres humanos se dan libre y democráticamente. Así que menos rasgarse hipócritamente las vestiduras. En otras palabras, una cierta dosis de pragmatismo justifica un determinado uso de medios aunque puedan considerarse dudosos. En el terreno de la realidad vemos una y otra vez que quienes actúan de ordinario en base a una ética de convicciones, se transforman súbitamente en profetas de una moral más pragmática. Quienes repetidamente han predicado el amor o la razón frente a la fuerza, invocan acto seguido la violencia como algo necesario. Ayer fueron las cruzadas cristianas, después fue la defensa de los derechos humanos y hoy la protección de la libertad y la democracia de Occidente. Incluso, las guerras preventivas, como la inmoral y execrable guerra de Irak, han pretendido legitimar un uso pragmático de la fuerza armada. Lo cierto es que la guerra y la violencia han sido utilizadas y justificadas con argumentos morales a lo largo de la historia, lo cual es execrable, pero si hay un caso claro de legítima defensa es precisamente la guerra de Ucrania, país invadido brutalmente por Rusia, a cuya defensa deben éticamente contribuir los países respetuosos con el Derecho internacional.]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabricio  de Potestad Menéndez*]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 May 2022 23:24:02 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La ética ante la guerra de Ucrania]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Fabricio de Potestad Menéndez,Ucrania]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Libertad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/2022/05/08/libertad-2079117.html]]></link>
      <description><![CDATA[a libertad de tomar unas cañas, o evitar encontrarse con alguien que no se desea, como es posible en Madrid, es de agradecer, aunque uno acaricia un concepto de libertad algo más ambicioso. Sin recurrir a lo obvio, esto es a la libertad de expresión, manifestación y a todas esas que la ciudadanía ejerce en la calle, en una tarde recalentada y primaveral, la libertad es algo con un estilo directo y eficazmente expresivo y sugerente. Un estilo que alberga toda una filosofía que no es otra que la del que conjura el absurdo de la vida y el horror de la muerte con una especie de embriaguez sustentada en la audacia y el riesgo. Toda existencia que no contenga un gramo locura carece de valor y de sentido, pues la libertad no puede adaptarse a la apatía habitual y al aburrimiento de la vida cotidiana. Su dinámica interior sólo alcanza la plenitud en un clima de inquietud constante del que la certidumbre está definitivamente desterrada. Necesita la interiorización permanente de una experiencia vital en la que la vida y la muerte se hallen indisolublemente unidas. No es posible escapar al irremediable destino que representa la muerte, por lo que el tiempo es el mejor aliado de la libertad. Y el tiempo obviamente vuela sin detenerse. Y si no hay salvación, que revienten en este mundo sus estúpidos corsés. Libertad, sí, pero radicalmente distinta. Una libertad henchida de una magia palpable y hecha de resonancias épicas e intuiciones subversivas e iconoclastas.]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabricio de Potestad Menéndez]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 May 2022 22:44:14 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Libertad]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Fabricio de Potestad Menéndez]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Acerca de la estrategia de la salud mental]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/2022/02/13/acerca-estrategia-salud-mental-2093384.html]]></link>
      <description><![CDATA[a enfermedad mental es extremadamente compleja tanto en sus causas, en su expresión clínica como en su impacto físico, personal y social. Es, por ello, refractaria al reduccionismo epistemológico o al saber abismal que convierte una parte de la realidad en inexistente. Nos enfrentamos a un problema biopsicosocial de enorme complejidad que no puede ser explicado desde un solo paradigma, sino que precisa de la coexistencia de varios, todos ellos obviamente limitados y sesgados. Precisamente los límites y las posibilidades de cada saber residen en la existencia de otros saberes con los que mutuamente dialogan, se interpelan, cuestionan y evalúan, y no lo hacen por separado como una actividad intelectual aislada de otras actividades sociales, sino en una misma realidad social que no es posible negar. Hay dos paradigmas ineludibles: el paradigma de la eficiencia u optimización de recursos, en el que se sustenta la sostenibilidad de los servicios públicos de salud mental, y el paradigma de la práctica clínica basada en pruebas, que justifica la eficacia de los tratamientos, pero ninguno de los dos genera incompatibilidades entre saberes diferentes, si estos contribuyen a la eficiencia del sistema de salud y se sustentan en evidencias con respecto al no tratar o al tratamiento placebo. Si nos atenemos a la eficacia y a la duración de los distintos enfoques terapéuticos se dispone hoy día del abordaje farmacológico, electroconvulsivo, cognitivo-conductual, psicoanalítico breve o focal, psicodramático y sistémico, además de sus versiones grupales breves.]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabricio de Potestad Menéndez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/2022/02/13/acerca-estrategia-salud-mental-2093384.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Feb 2022 00:01:04 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Acerca de la estrategia de la salud mental]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Enfermedad mental,Fabricio de Potestad Menéndez,Salud mental]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Cuerpo, alma, tiempo y espacio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/2022/01/17/cuerpo-alma-tiempo-espacio-2098588.html]]></link>
      <description><![CDATA[l ser humano creía que ocupaba el centro cósmico, pero tres afrentas le han llevado a navegar perdido en el universo. La primera fue la afrenta cosmológica que se debe a Copérnico y a su demostración de que la Tierra no está en el centro del mundo, sino que gira alrededor del Sol. La segunda fue el ultraje biológico infligido por Darwin que afirma que el ser humano es una consecuencia de la evolución de las especies y se ubica al final de un proceso cuyo origen es un simio. La tercera fue el agravio psicológico causado por Freud al descubrir que las pulsiones inconscientes devenidas del complejo de Edipo cercenan el libre albedrío del comportamiento humano. Así, el ser humano no puede obviar su propia imperfección y se ve abocado además a tomar conciencia de la fragilidad, contingencia y finitud de su propia existencia, sobre todo al percibir la evidencia empírica de la precariedad de su propia corporalidad, la levedad de su alma, el devenir incesante del tiempo y la materialidad del mundo circundante.]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabricio de Potestad Menéndez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/2022/01/17/cuerpo-alma-tiempo-espacio-2098588.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Jan 2022 22:32:02 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuerpo, alma, tiempo y espacio]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Fabricio de Potestad Menéndez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Atrapados en la equivocidad del lenguaje]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/2021/11/20/atrapados-equivocidad-lenguaje-2107299.html]]></link>
      <description><![CDATA[a máxima creación social del ser humano ha sido el lenguaje. Fue un proceso largo y laborioso llevado a cabo por millones de personas que, si bien nos aportaron una genial herramienta, no se ha podido erradicar su imprecisión. Lo cierto es que vivimos enclaustrados en la ambigüedad del lenguaje, del que no podemos escapar. En cualquier sistema lingüístico, por muy bien estructurado que esté, siempre hay indecibles, aporías, contradicciones y paradojas, lo que asesta un duro golpe al logicismo que pretende fundamentar la verdad absoluta, abriendo de manera irreversible el camino de la relatividad. No cabe duda de que la mera idea de que existe una imprecisión que no podemos eliminar resulta inquietante. Nos gustaría creer que si nos hemos expresado con rigor y con absoluta precisión, el resultado será siempre totalmente claro e inequívoco, pero no es así, pues el lenguaje no es seguro.]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabricio de Potestad Menéndez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/2021/11/20/atrapados-equivocidad-lenguaje-2107299.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Nov 2021 22:23:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Atrapados en la equivocidad del lenguaje]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Fabricio de Potestad Menéndez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reconocimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/2021/11/07/reconocimiento-2110018.html]]></link>
      <description><![CDATA[er reconocido por el otro, ya sea semejante o diferente, es necesario. No somos seres aislados, sino, como dice Sartre, existimos no solo en nuestra conciencia sino también como un ser-para-otro. No ser reconocido cosifica y confina a la víctima en el mundo de los objetos. En política, desgraciadamente, es relativamente frecuente la reificación no solo del adversario, sino también del coaligado. Decía Albert Camus que toda forma de desprecio, si se hace desde la política, prepara o instaura el fascismo. Desdeñar es no hacer caso a alguien, no tomarlo en consideración, no respetarlo, no reconocerlo como un semejante, hacerle el vacío, o incluso aún más grave, despreciarlo. La falta de reconocimiento es una forma de exclusión o muerte simbólica y las víctimas pueden ser una persona o un colectivo social, ya sea por su raza, sexo, creencias, identidad o lugar de procedencia. Las actitudes machistas, totalitarias, supremacistas, clasistas, racistas, xenófobas, homófobas o transfobas no tienen cabida en las sociedades democráticas, pues son prácticas perversas que ocasionan un gran malestar, ya que no hay nada peor para la propia autoestima que sentirse despreciado por alguien que se siente superior. Según Octavio Paz el ninguneo consiste en convertir a alguien en ninguno, de tal suerte que la nada se individualiza y se hace cuerpo en alguien que deviene nadie. El desprecio, frecuente en la política con minúsculas, lo acostumbra a practicar, haciendo gala de prepotencia, quien tiene el poder. Los necios alardes de superioridad de los ninguneadores representan una manifestación de su precariedad ética e intelectual. Su torpe negligencia viene, en cualquier caso, con fecha de caducidad, pues acaba volviéndose, cual boomerang, contra ellos mismos. Platón no ocultó su animadversión hacia los poetas, por lo que no escatimó la crítica hacia ellos, incluso llegó a reclamar su destierro. Pensaba que sus metáforas falseaban la realidad, lo que los convertía en personas no aptas para ejercer la política. Bienvenidos sean hoy los poetas, si bien esta actitud platoniana debería aplicarse a los vanidosos y narcisistas ninguneadores, pues no solo no aportan nada, sino que suscitan descrédito y desafección política. El soberbio no se limita a abusar despectivamente de los gerundios, de los adverbios innecesarios, de los adjetivos previsibles, de la prosa obvia, de los cansinos lugares comunes y de los inquietantes puntos suspensivos, sino que necesita erigirse como sujeto de oraciones vacías, carentes de verbo y predicado, en las que solo es visible su ego tan ciclópeo como nefasto e inútil.]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabricio de Potestad Menéndez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/2021/11/07/reconocimiento-2110018.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Nov 2021 23:07:04 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Reconocimiento]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Fabricio de Potestad Menéndez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La posverdad lo aguanta todo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/2021/09/19/posverdad-aguanta-2117857.html]]></link>
      <description><![CDATA[ivimos tiempos de posverdad en los que la verdad es solo una quimera. Basta con fraguar una narrativa poderosa, convincente y plausible, cuyo objetivo no es persuadir a la ciudadanía mediante la razón, sino imponérsela mediante el engaño. En fin, aunque no hayamos hecho una revolución tan dispuesta y cargada de literatura como la francesa o una conmoción tan épica y dostoyevskiana como la rusa, tenemos las hormonas y el talante de un pueblo soñador que no se resigna a la mentira. Esa es la única esperanza que nos queda frente a esos políticos que se afanan en dividir a los ciudadanos en españoles y antiespañoles, cuando, en realidad, sólo hay los que comen de su hambre y los que desayunan con diamantes. Lo cierto es que nuestra sociedad es un conjunto de pueblos diversos, de culturas diferentes, ideologías enfrentadas, creencias, costumbres, tradiciones y gentes diferentes que, siendo de ayer y de hoy, forman parte también del futuro. Y es que la cultura de este país no es un adorno ni un conjunto de supersticiones precientíficas, sino una fuerza vital, una matriz en torno a la cual se teje nuestra vida social. Tanto en su origen como a lo largo de su devenir histórico y en su conformación presente, la cultura estatal es, en su esencialidad, abigarrada y plural. Por eso es absurdo tratar de homogenizarla, y, sobre todo, es tan improcedente intentar remodelar la cultura de los grupos minoritarios a imagen y semejanza de la cultura mayoritaria, como pretender ampliar la implantación de la cultura minoritaria por vía coercitiva. Lo primero genera bolsas colectivas de exclusión social y lo segundo reacciones de rechazo. Es este un país de aventuras y mistificaciones barojianas, paradojas unamunianas, esperpentos valleinclanescos, fantasmas goyescos y cañas y vinos aquí, manzanilla y montaditos en Cádiz. En esta tierra del envite, de carreras delante de los toros, de la mascletà, de la sobrecogedora Semana Santa sevillana o de hechos de la envergadura del 2 de mayo de 1808, no se han dado en los dos últimos siglos conciliábulos que no estuvieran sujetos a la dialéctica democrática, a excepción de la guerra incivil y la dictadura promovida por la ultraderecha y el nacionalcatolicismo. Por tanto, el país va a seguir siendo lo que los paisanos quieran que sea, aunque algunos personajes de tramoya, de esos que van dejando una estela de rosarios y avemarías allí por donde van, no cesan de prodigarse en embustes, paparruchadas y en disputas más o menos acaloradas, arrojando sus posverdades por doquier con tal de falsificar la realidad y adaptarla a sus intereses. La posverdad convierte el odio en una liturgia xenófoba, racista y homófoba mediante la cual pretende cohesionar un ideal patrio, tan falso como excluyente. También el negacionismo es producto de la distorsión deliberada de la realidad cuando esta resulta ser incómoda.]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabricio de Potestad Menéndez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/2021/09/19/posverdad-aguanta-2117857.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Sep 2021 23:12:57 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La posverdad lo aguanta todo]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Fabricio de Potestad Menéndez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Polarización sociopolítica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/2021/01/24/polarizacion-sociopolitica-2169238.html]]></link>
      <description><![CDATA[a sociedad se ha polarizado de forma notable y preocupante en los últimos años. Sin duda, los intereses partidistas, las mentiras y las descalificaciones que se utilizan irresponsablemente y sin ningún pudor están produciendo un grado de crispación social asfixiante que no solo es un grave desatino, sino que representa un serio peligro para la cohesión social e incluso para la democracia. El desacuerdo en relación a cuestiones tan importantes como la lucha contra la pandemia, la inmigración, el desempleo, la educación, la sanidad o la reactivación económica denotan un grado de disparidad política que no resulta creíble, pues no son tantas las alternativas reales existentes. El enfrentamiento extremo entre partidos políticos no hace más que generar mayores dificultades para lograr los consensos necesarios entre sensibilidades diferentes en aras de solucionar los problemas de la ciudadanía y para acometer las reformas profundas que permitan que la sociedad avance. Una polarización extrema, como la actual, dificulta, o incluso anula, la posibilidad de alcanzar los acuerdos imprescindibles que la ciudadanía reclama. Llegar a acuerdos puntuales, presupuestarios o incluso de gobierno entre dispares no es una aberración, como algunos pretenden, pues forma parte ineludible del juego democrático. Probablemente lo que sí puede resultar monstruoso en democracia es aferrarse a la afinidad, a la uniformidad y a la pureza ideológica como condición sine qua non de un acuerdo, demonizando a los adversarios con pueriles y absurdos epítetos.]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabricio de Potestad Menéndez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/2021/01/24/polarizacion-sociopolitica-2169238.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Jan 2021 23:03:36 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Polarización sociopolítica]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Fabricio de Potestad Menéndez]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Generación romántica y rebelde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/2020/12/26/generacion-romantica-rebelde-2186690.html]]></link>
      <description><![CDATA[uizá los de mi generación estemos, como el rey Lear, superados por el tiempo. Y es que nuestro espíritu político se forjó en aquellos tiempos en los que contra Franco se vivía mejor. Tiempos de lucha clandestina, durante los cuales acudir a una manifestación no solo era dar pública cuenta de una resuelta voluntad de trasformar la sociedad, sino que también suponía una arriesgada aventura que podía dar con tus huesos en comisaría. Nuestra generación no tuvo maestros, más aun se hizo contra ellos. Fuimos la generación romántica y contestataria que bebía de las metáforas de Baudelaire, Rimbaud y Mallarmé, los poetas malditos, cuya imagen se asociaba a la de un escritor conflictivo, de vida desordenada y proclive a utilizar el alcohol como motor de su creatividad. Y nuestros pulmones respiraban el existencialismo parisino de los cafés de Saint-Germain-des-Prés. En efecto, París y su mayo del 68 era nuestro referente. Su luz festiva y bohemia, que se despertaba fascinada con las pinceladas impresionistas de Renoir, actuaba como un eficaz lenitivo, pero cuando cesaba su efecto, la vida reaparecía con toda su aspereza. Y entonces, en La Rotonde, pretencioso y literario café de Montparnasse, resurgía la náusea sartriana, caótica y helada, que nos impelía a romper con los confortables esquemas en los que hipócritamente vivíamos instalados. Hace cuarenta años que enterramos a Sartre en el cementerio de Montparnasse, aunque no del todo. Y digo que casi lo enterramos porque lo suyo no fue una esquela definitiva, un panteón que se cerraba para siempre, un filósofo que se hundía nocturnal en las aguas del Sena, pues El ser y la nada sigue ahí, inquietando y reivindicando la dimensión absoluta de la libertad humana. Sartre se opuso tenazmente a ese moralismo hipócrita, melancólico y burgués, a ese pensamiento moralizante que, en cuestión de libertades, no había ido más allá de Galerías Lafayette. Así, Sartre, al otro lado de los Pirineos, nos importunaba con el abrumador peso de la libertad, con la desdicha de nuestra contingencia y el fastidio de nuestra inevitable finitud. El existencialismo nos incomodaba desde su filosofía, impregnada de la angustia que produce vivir sin sentido, sin propósito y sin finalidad alguna. Y es que la vida, con la voz desgarrada de Juliette Greco, era una pasión inútil que, pese a todo, había que vivirla, pues merecía la pena. En fin, el París de los bouquinistes, curtidos por el viento y las heladas, el París de Albert Camus y de André Malraux, se abría ante nuestros ojos impactante, democrático y envidiable. Y contemplarlo arrellanado en el Café Le Buci, en el corazón del Barrio Latino, donde el existencialismo incitaba al inconformismo y a combatir contra nuestra sociedad dictatorial, leucémica e inmoral, era una ilusionante y reconfortante experiencia.]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabricio de Potestad Menéndez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/2020/12/26/generacion-romantica-rebelde-2186690.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Dec 2020 02:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Generación romántica y rebelde]]></media:title>
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