Las ciudades no son hoy como las de hace 50 años. En 1976 nadie había oído hablar de carriles bici, de patinetes eléctricos, de reducir desplazamientos o de zonas de bajas emisiones. Desde entonces, han cambiado de forma profunda. Han crecido en población, han ampliado su oferta de servicios —especialmente los vinculados al turismo— y han transformado su fisonomía con nuevos barrios, nuevas infraestructuras y un ‘skyline’ distinto al de hace apenas unas décadas. Pero el cambio más relevante no es solo físico, la forma en la que se ocupa el espacio público es diferente.

Hoy en día, en los principales núcleos urbanos conviven peatones, bicicletas, patinetes eléctricos, motos, tranvías y vehículos privados junto a nuevas formas de transporte como VTC o plataformas de movilidad bajo demanda. Un escenario que está redefiniendo la forma de desplazarse y, al mismo tiempo, introduce nuevas dinámicas de riesgo en la vía pública.

Alta siniestralidad

En ese contexto de movilidad cada vez más densa y diversa, las ciudades españolas presentan un panorama especialmente complejo para la seguridad vial. En los 66.545 siniestros registrados en zonas urbanas en 2024, 488 personas perdieron la vida y otras 5.043 tuvieron que ser hospitalizadas.

El 79% de las víctimas mortales eran usuarios vulnerables: peatones, motoristas, ciclistas o usuarios de vehículos de movilidad personal. Dos de cada tres peatones fallecidos tenían más de 65 años. Y casi un tercio de las víctimas no llevaba sistemas de protección obligatorios. La ciudad, pensada durante décadas desde el automóvil, se enfrenta ahora a un ecosistema donde los más expuestos son también los más numerosos.

La creciente preocupación de los ciudadanos por la alta siniestralidad ha llevado a la Comisión Europea a intentar reducir un 50% del número de víctimas mortales y heridos graves en las carreteras europeas para 2030, un paso más en el camino hacia el plan denominado ‘Visión Cero’. El objetivo final es que para el año 2050 no haya muertes y lesiones en las carreteras del viejo continente.

Para cumplir las metas fijadas, es necesario desarrollar soluciones capaces de responder a los retos de una movilidad urbana en plena transformación y marcada por grandes incertidumbres operativas. Hasta ahora, gran parte de los esfuerzos se han concentrado en reforzar la seguridad de conductores y ocupantes de los vehículos —con medidas como la normativa sobre seguridad automovilística—, pero la protección de quienes no viajan en coche no ha avanzado al mismo ritmo.

La inteligencia artificial está cambiando por completo la seguridad vial en las ciudades. Magnific

IA contra los accidentes

¿Y si la tecnología fuera capaz de detectar el peligro antes de que ocurra y evitar así un atropello o una colisión? El desarrollo de herramientas basadas en inteligencia artificial supone un avance significativo en la seguridad vial, especialmente en entornos urbanos, donde la convivencia entre vehículos y peatones exige cada vez una mayor capacidad de anticipación.

Estas herramientas combinan cámaras y algoritmos de visión artificial para analizar el entorno en tiempo real, identificando calzada, vehículos, peatones y aceras. Además, clasifican a los usuarios según su grado de vulnerabilidad —como menores, mayores o personas con movilidad reducida—, lo que permite emitir alertas tempranas al conductor y prevenir accidentes, especialmente atropellos.

Detrás de estos avances se encuentra SOTERIA, un proyecto europeo financiado por Horizonte Europa que, durante tres años y medio —desde noviembre de 2022 hasta abril de 2026—, ha reunido a 16 socios internacionales. Entre ellos figura el equipo de Movilidad y Logística de DeustoTech - Instituto Tecnológico Deusto, liderado por Antonio D. Masegosa.

Su aplicación también ha despertado el interés de la policía, que ve en estas herramientas un apoyo tanto para mejorar la seguridad en la conducción de los vehículos patrulla como para anticipar situaciones de peligro en el tráfico urbano. Más allá de las alertas acústicas o visuales, la tecnología avanza ya hacia funciones capaces de intervenir directamente sobre el vehículo mediante reducción automática de velocidad o frenado en situaciones críticas.

“Gracias a la IA podemos detectar zonas de riesgo y prevenir accidentes antes de que ocurran”

Antonio Masegosa - Investigador en DeustoTech

Además, los sistemas de IA pueden analizar grandes cantidades de datos y patrones —frenazos bruscos, aceleraciones repentinas, cambios de trayectoria, patrones de congestión o acumulación de incidentes menores— para predecir cuándo y dónde es más probable que se produzcan los accidentes de tráfico. Esto puede ayudar a las autoridades a tomar medidas preventivas antes de que ocurra una desgracia.

La clave no es el accidente en sí, sino lo que lo precede. Una especie de huella invisible del riesgo urbano. “El análisis de un accidente lo hace generalmente la policía de forma manual, lo que lleva muchísimo tiempo. Gracias a esta herramienta se pueden detectar en minutos las zonas de riesgo y prevenir así los accidentes antes de que ocurran. Si el análisis se hace después de que ocurra el accidente, vamos tarde”, explica Masegosa, investigador de DeustoTech.

“Si hacemos los análisis después de que se produce el accidente, actuamos tarde”

Antonio Masegosa - Investigador en DeustoTech

Bicicletas inteligentes

Otro de los ejes del proyecto ha sido la micromovilidad, uno de los grandes cambios de la movilidad urbana contemporánea. Bicicletas eléctricas, patinetes y vehículos ligeros han multiplicado su presencia en las ciudades, pero su grado de vulnerabilidad es muy elevado. “Ha aumentado el uso de bicicletas y patinetes eléctricos entre los jóvenes y, con él, el número de accidentes asociados a este tipo de medios de transporte”, apunta Masegosa.

Para analizar su comportamiento real, SOTERIA ha desarrollado sistemas de sensorización. Estos dispositivos registran vibraciones, frenazos, inclinaciones, cambios de velocidad y condiciones del pavimento, generando un mapa detallado de la trazado urbano desde la perspectiva del usuario.

Más allá de las deficiencias que pueda haber en dicho trazado, los datos revelan patrones claros de comportamiento. No todos los usuarios asumen el mismo nivel de riesgo, una variabilidad que resulta clave para entender la seguridad vial en la ciudad. Y, junto a la recogida de información, el sistema incorpora otra característica: devolver datos útiles en tiempo real al propio usuario, para que pueda tomar mejores decisiones y reforzar así su seguridad durante el desplazamiento.

Los coches actuales tienen un sinfín de dispositivos y generan muchísima información, no así las bicicletas y los vehículos de micromovilidad; prácticamente no tenemos datos. Esto nos va a ayudar mucho”, reconoce Masegosa.

Si queremos que las personas se animen a caminar, utilizar el transporte público, la bicicleta o el patinete eléctrico, es imprescindible que se sientan seguras"

Antonio Masegosa - Investigador en DeustoTech

Rutas seguras

Una de las aplicaciones más destacadas del proyecto es una herramienta de navegación diseñada específicamente para favorecer la seguridad de los usuarios vulnerables. A diferencia de los sistemas convencionales, no prioriza la ruta más rápida o corta, sino la más segura.

El usuario debe introducir el lugar de origen y de destino. Para calcular la ruta el algoritmo tiene en cuenta factores como la accidentalidad previa, la existencia de carriles bici, la distancia respecto al tráfico motorizado y las características de la vía. El resultado es una ruta en la que el criterio no es el tiempo, sino el riesgo.

“Estamos acostumbrados a buscar rutas rápidas, pero muchas veces estas no son todo lo seguras que uno desearía. La idea era ayudar especialmente a jóvenes que cada vez se desplazan más caminando o en bicicleta para que pudieran elegir recorridos con menor riesgo”, resume Masegosa.

Los avances desarrollados por SOTERIA se han testado en cuatro ciudades europeas: Madrid, Sajonia, Oxfordshire y Chania/Igoumenitsa. Según Antonio Masegosa, “no queríamos soluciones de un laboratorio tecnológico, sino de la experiencia real de quienes conviven con el riesgo en la ciudad”.

Una joven de Sajonia prueba las gafas de realidad virtual dentro del proyecto SOTERIA. SOTERIA

Realidad virtual

En la región de Sajonia, en Alemania, chavales entre 13 y 15 años han recorrido las principales calles y avenidas de su localidad gracias a unas gafas de realidad virtual: primero como peatones o ciclistas; después, desde el interior de un vehículo. Esto les ha permitido descubrir los riesgos que existen y cuáles son los lugares más peligrosos.

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La recopilación y el análisis de los datos que proporcionan estos dispositivos permite a policías locales y las administraciones trabajar, apoyarse en evidencias y orientar sus actuaciones a construir núcleos urbanos más seguros y eficientes que ayuden a reducir la siniestralidad.

"Las ciudades todavía tienen mucho margen de mejora para convertirse en espacios mucho más seguros y amables. Queremos que las personas se animen a caminar, utilizar el transporte público, la bicicleta o el patinete eléctrico, pero para eso es imprescindible que se sientan seguras. Estamos trabajando para lograrlo", concluye Antonio Masegosa, líder el equipo de Movilidad y Logística de DeustoTech.