La UPNA desmonta los grandes mitos sobre cómo aprender un idioma
El profesor Raúl Azpilicueta destaca que no depende solo de la edad, la inteligencia o de estancias en el extranjero
El aprendizaje de una segunda lengua no depende únicamente de factores como la edad, la inteligencia o la estancia en un país extranjero. Esta fue una de las ideas centrales defendidas por Raúl Azpilicueta Martínez, profesor titular de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), en una conferencia en la que examinó quince creencias habituales sobre el aprendizaje de idiomas a la luz de los resultados de investigación sobre la adquisición de segundas lenguas. “El éxito en el aprendizaje de una lengua no puede reducirse a una sola variable, sino a cómo interactúan la edad, la exposición, la motivación, la instrucción, la interacción, la retroalimentación, los objetivos lingüísticos y el contexto social”, señaló durante la sesión, organizada por el Instituto I-COMMUNITAS y la Cátedra Aprender-Ikasi .
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La charla, titulada “Myths and evidence about language learning: what research says (and what it does not)” (“Mitos y evidencias sobre el aprendizaje de lenguas: lo que la investigación dice —y lo que no—“), partió del análisis de ideas muy extendidas. “El aprendizaje de lenguas suele estar rodeado de creencias atractivas, pero simplificadas en exceso: que el alumnado inteligente aprende idiomas mejor de forma automática; que los niños y niñas aprenden más rápido, ‘como esponjas’; que vivir en el extranjero es la única vía hacia el bilingüismo; o que ver vídeos en inglés mejora todas las destrezas por igual”, enumeró. Frente a estas creencias, Raúl Azpilicueta defendió una mirada más matizada y basada en las evidencias que proporciona la investigación sobre el aprendizaje de idiomas.
Durante su intervención, este investigador del Instituto I-COMMUNITAS explicó que muchas de estas creencias tienen cierto fundamento, pero ofrecen una visión incompleta del proceso de aprendizaje. “Los mitos contienen una parte de verdad, pero la evidencia suele apuntar a una conclusión más compleja”, subrayó.
El papel de la inteligencia
Uno de los aspectos tratados fue la relación entre inteligencia y aprendizaje lingüístico. Según expuso el ponente, aunque determinadas capacidades pueden favorecer el aprendizaje en contextos centrados en la gramática o el vocabulario, aprender una lengua requiere habilidades que van más allá del factor g de inteligencia. “No conviene confundir el éxito académico en una clase de lengua con la capacidad real de comunicarse en ese idioma”, afirmó el investigador del grupo NAVLAT (Navarre Language Acquisition and Teaching) , que dirige la catedrática Amparo Lázaro Ibarrola. Entre los factores implicados, citó “la atención, la memoria de trabajo, la memoria fonológica, la conciencia metalingüística, el reconocimiento de patrones y el procesamiento semántico”.
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La charla también cuestionó la idea de que la infancia sea siempre la etapa más rápida para aprender una lengua. Raúl Azpilicueta explicó que adolescentes y personas adultas pueden realizar progresos iniciales más rápidos, especialmente, cuando utilizan el idioma “a diario en contextos sociales, académicos o profesionales significativos”. Sin embargo, “la edad sigue siendo relevante para los resultados a largo plazo, en particular, cuando el objetivo es alcanzar un dominio similar al de una persona nativa”, añadió. El conferenciante presentó la edad, la exposición, la motivación y el entorno de aprendizaje como factores que interactúan entre sí, más que como variables aisladas.
Vivir en el extranjero y bilingüismo
Otro de los mitos analizados fue la creencia de que vivir en el extranjero es la única vía para alcanzar el bilingüismo. El ponente aclaró que una estancia en otro país puede ofrecer “una ventana de oportunidad especialmente favorable” para “mejorar la fluidez oral, la competencia global y el uso pragmático o comunicativo de una lengua”, pero no garantiza por sí sola el aprendizaje. “No basta con vivir en el extranjero: la cantidad y calidad de la interacción, la necesidad de comunicarse y la edad de la persona que aprende influyen en los resultados”, indicó.
En relación con los programas bilingües o de aprendizaje integrado de contenidos y lenguas extranjeras, en los que se enseña una materia no lingüística (como matemáticas o ciencias) empleando un segundo idioma, Azpilicueta expuso que pueden ser beneficiosos cuando proporcionan “una exposición suficientemente intensa”. Sí que advirtió de que los programas de baja intensidad difícilmente generan por sí solos niveles avanzados de competencia.
La influencia del contenido audiovisual
La sesión abordó, asimismo, la influencia de los contenidos audiovisuales y de la exposición informal a través de redes sociales, vídeos o plataformas digitales. Este tipo de contacto con la lengua puede favorecer la comprensión y la adquisición de vocabulario, especialmente, cuando se emplean subtítulos “de manera estratégica” en función del nivel. Sin embargo, la evidencia es menos clara en ámbitos como la gramática o la pronunciación, que suelen requerir “atención e instrucción específicas”.
El conferenciante, profesor del Departamento de Ciencias Humanas y de la Educación, también destacó que las distintas modalidades de exposición lingüística cumplen funciones diferentes. “Los subtítulos en la primera lengua pueden apoyar la comprensión; los subtítulos en inglés, por ejemplo, pueden ayudar a reconocer la forma de las palabras; y la ausencia de subtítulos puede favorecer el reconocimiento auditivo de palabras”, aseveró.
Imitar frente a formular hipótesis
Raúl Azpilicueta también cuestionó la idea de que las lenguas se aprendan principalmente por imitación. Aunque este mecanismo de aprendizaje puede desempeñar un papel útil, por ejemplo, en el entrenamiento de la pronunciación, quienes aprenden una lengua no se limitan a copiar lo que escuchan. De hecho, tal como insistió el ponente, también formulan hipótesis sobre el funcionamiento del idioma y producen formas que no necesariamente han oído antes, lo que muestra que no se limitan a copiar.
En el ámbito de la práctica docente, la sesión, dirigida a estudiantes de los grados en Maestro, trató cuestiones como la enseñanza de estructuras simples y complejas, la corrección de errores, la adquisición de vocabulario, la influencia de la lengua materna y la pronunciación. Sobre este último aspecto, el conferenciante recordó que la inteligibilidad y la comprensibilidad dependen también del acento, el ritmo, la entonación y otros rasgos de la forma de hablar.
La conclusión principal de la charla fue que muchos mitos sobre el aprendizaje de lenguas contienen una parte de verdad, pero no justifican por sí solos la complejidad del proceso, que es una combinación de variables que interactúan entre sí. “Los mitos dan lugar a buenas historias, pero la evidencia forma mejores docentes”, resumió.
Trayectoria del ponente
Raúl Azpilicueta investiga en la UPNA sobre los tipos de input lingüístico, la motivación y la competencia oral. Ha publicado trabajos en revistas científicas de referencia, además de haber presentado investigaciones en más de una treintena de congresos internacionales. Es también coeditor de un número especial sobre inmersión lingüística en la revista “Journal of Immersion and Content-Based Language Education”. Asimismo, cuenta con experiencia como docente de inglés y de programas de aprendizaje integrado de contenidos y lenguas extranjeras (AICLE) en distintas etapas educativas. A ello se añaden sus años como formador de profesorado en la Escuela Oficial de Idiomas, director del Servicio de Universidades del Gobierno de Navarra (2017-2019), e intérprete y traductor en contextos científicos y del ámbito del motor.
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