“Eurovisión debería reinventarse en un certamen que respete los derechos humanos”
Visto el manido último festivalero festival de Eurovisión, el certamen, que acaba de cumplir 70 años, debería reinventarse
Reinventarse en un certamen que no arranque siempre igual, con un barquito de papel, una cometa o un globito que va paseándose por la ciudad que lo acoge hasta llegar al recinto donde se celebra. Que no se mire al ombligo reinterpretando en el descanso siempre los mismos éxitos pasados con los mismos artistas invitados. Pero, sobre todo, debería reinventarse en un certamen que respete los derechos humanos y no permita la participación de quienes no lo hagan.
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De momento, van por el buen camino, ya hay cinco países que se han largado alegando que no vale todo y, que si no expulsan a Israel como se expulsó a Rusia cuando invadió Ucrania, no pueden tomar parte en ese festival de canciones precedido de un desfile patriótico de banderas, que son vitoreadas y aplaudidas por la muchedumbre enloquecida para normalizar, al paso de Israel, lo que no es normal. Deben importarnos más la paz y los derechos humanos que un concurso musical, del único acto vertebrador que le quedaba a Europa.
Así que aunque usted quizás haya leído algún titular diciendo que ganó Bulgaria, justo el año en el que regresó a Eurovisión, y que Israel a punto estuvo, otra vez, de ganar por el voto telefónico, lo cierto es que hubo un empate de cinco ganadores: España, Irlanda, Islandia, Países Bajos y Eslovenia, que son los cinco que se negaron a participar por la presencia de Israel.
Queda por saber cómo se lo va a montar Bulgaria para organizar el próximo festín, si se tuvo que largar los años anteriores por falta de pasta, y si acabarán marchándose todos a Israel, segundo en la plaza con derecho a organizar el tinglado si el primero renuncia, lo que sería un puntazo. ¿No querías cantar con Israel?, pues toma dos tazas y, a disfrutar por allí la próxima edición.
Bulgaria conquista Eurovisión entre pitos y abucheos a Israel
Sobre el evento en sí, que TVE no emitió pero se pudo seguir en directo por YouTube, las dos semifinales estuvieron flojitas y la final, algo mejor, se quedó pobre para celebrar una cifra tan redonda como la 70 edición. A Viena le tocó luchar contra el recuerdo de su pasado, de aquella brillante edición de 2015 (en las semifinales y la propia final) que montó, también en Viena, cuando ganó Conchita Wurst, con orquesta, la mejor banda sonora y las mejores aperturas e intervalos vistas hasta entonces, aunque por aquí tardamos en darnos cuenta porque los comentaristas de TVE se empeñaron en pisotearlas.
Esta vez, sin embargo, lo de Viena ha sido un quiero y no puedo, que acabó incluso en coitus interruptus cuando en el intervalo se pusieron a rememorar el pasado con la canción de Conchita, en modo instrumental, sin que al terminar se desencadenara nada y pasaran a otra cosa... que es justo para lo que ha quedado Eurovisión.
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