El 'lorito bonito' que te puede costar 3.000 euros de multa

Las cotorras, los papagayos, los loros en general, son unas aves inteligentes que pueden ser unas mascotas muy cariñosas, pero tener alguna especie concreta está prohibido

14.03.2022 | 19:35
Una pareja de cotorras argentinas en una rama de un árbol ornamental.

Tener aves como mascotas en casa no es nada extraño y son muchos los hogares que cuentan con uno o dos ejemplares. Desde los tradicionales canarios a los periquitos pasando por especies más o menos exóticas, sus trinos y su colorido acompañan a numerosos amantes de las aves.

Algunos aficionados dan un paso más allá y se atreven con aves mas grandes y necesidades más especificas como son los psitacoideos, los loros típicos. Dentro de esta amplia familia de aves se agrupan los papagayos, las cotorras, los loris o los periquitos entre otros.

El dicho para gustos los colores se aplica perfectamente a estas coloridas aves que en su plumaje tienen su primer atractivo y que su inteligencia y habilidades convierten en entretenidas compañeras de vida. Lo que teniendo en cuenta la longevidad de algunas de ellas es algo muy literal.

Pero ojo, antes de lanzarse a por una de estas aves hay que saber que no todas son aptas para estar en casa. Y no nos referimos a las dificultades de cubrir sus necesidades para conseguir que lleven una vida sana y activa, que pueden ser muy exigentes.

La posesión de algunas de ellas está prohibida. Unas por ser especies protegidas o en peligro de extinción pero otras porque han entrado en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras.

Es el caso de las cotorras argentina (Myiopsitta monachus) y de Kramer (Psittacuka krameri). Su posesión, como la de otras especies de esta lista, puede estar multada con entre 3.001 y 2.000.000 de euros en función del valor del daño causado.

Estas aves, bien por abandono bien por haberse escapado, se han adaptado bien al nuevo entorno silvestre creando colonias cerca de entornos urbanos cuando no en parques y jardines de las ciudades. Su alta tasa de reproducción y la ausencia de depredadores naturales la han convertido en una plaga que asola el medio natural desde los años 80, cuando estas dos especies de loros empezaron a popularizarse como mascotas.

Cotorra argentina

Originaria de Sudamérica, la cotorra argentina, de un brillante color verde y pecho gris, es un ave granívora que no hace ascos a consumir también fruta, larvas, insectos, incluso depredar nidos de otros pájaros. Forman colonias que pueden llegar a los 100 individuos en varios nidos comunitarios construidos en árboles y estructuras artificiales.

Ejemplar de cotorra argentina ( 'Myiopsitta monachus'). Foto: Pixabay

Su impacto ecológico es tanto desplazar a otras especies autóctonas que puedan ser competencia como atacar los huevos y los polluelos de otros nidos. También causan afecciones económicas al provocar daños en cultivos de frutales, en la infraestructura eléctrica (llegando a provocar cortes de fluido) y degradar edificios y mobiliario urbano. Como muchas otras especies, también puede ser un vector de propagación de enfermedades.

Cotorra de Kramer

India y el África subsahariana son el entorno natural de la cotorra de Kramer. De color verde pálido en la mayor parte del cuerpo y brillante en la cabeza delimitada por una barbilla negra, esta ave también es granívora y complementa su dieta con frutos, néctar, hojas y flores. Nidifica tanto en huecos de árboles como de edificios. En principio su colonias son pequeñas, de entre 15 y 20 ejemplares, pero pueden reunirse en grupos mucho mayores, de varios cientos, en zonas de alimentación o posaderos.

Ejemplar de cotorra de Kramer (Psittacula krameri).

Su impacto ecológico se basa en competir por los lugares de nidificación con murciélagos, rapaces nocturnas y pájaros carpinteros y por la alimentación con otras aves granívoras o frugívoras. Por esto último y por la concentración de ejemplares en lugares donde haya alimento, se convierte en plaga de cultivos de cereales y frutales. También es un vector de agentes patógenos.

En ambos casos, además, el ruido que producen las colonias de ambas especies provoca fuertes molestias entre los vecinos junto a los que viven. su España está considerada, según un informe de Seo/BirdLife, como el segundo país del mundo con mayor número de cotorras asilvestradas, siendo Barcelona, Madrid y Málaga las más afectadas con el 80% del total de ejemplares censados. Pero son más de 140 los municipios afectados.

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