Pamplona - Los que asistieron a sus clases en la Universidad de Navarra recuerdan a Pedro Lozano Bartolozzi con cariño, como a un profesor cercano con sus alumnos. Atrás quedan ya las aulas y ahora, tras la reciente publicación de El misterioso cartapacio del Dragón Chino, vuelve a las librerías con una obra más convencional.

¿Qué tienen los 30 reportajes recogidos en Retorno Azul para merecer estar en su libro?

-Imaginación, realismo, el testimonio de la época en la que fueron escritos, interés humano y, sobre todo, historia, una historia que, de alguna manera, sigue siendo actualidad. Cuentan problemas, situaciones o relaciones humanas que siguen estando presentes. La bondad, el trabajo, la vivencia del pueblo... todas esas cosas, de alguna manera, son permanentes.

Algo complicado de conseguir cuando se escribe en un periódico, que está vertebrado fundamentalmente en la actualidad.

-En el periodismo siempre se escribe contra el tiempo. Estamos continuamente luchando para que las cosas no se olviden. En este mundo se dice que lo más viejo es la noticia que se hizo ayer, y esto tiene mucho de cierto, ya que lo que hoy es noticia se acabará convirtiendo en historia.

En el primer texto del libro expone de manera ficticia una definición del reportaje de la boca de Théophraste Renaudot, el fundador del primer diario oficial del planeta. ¿Cual sería su propia definición?

-Posiblemente es la forma más literaria de los distintos géneros periodísticos, aunque también hay que decir que estamos ante una cierta desfronterización de los registros informativos. Esto se debe en parte a que los medios de comunicación nadan como corchos en el mar de las redes sociales. El discurso narrativo para exponer y ampliar los hechos es lo que tiene que diferenciarnos del resto de comunicadores. No se trata solo de transportar información, sino de ver los hechos y hacerlos entender.

Los medios de comunicación buscan nuevas fórmulas para sorprender a sus lectores, sin embargo, en otros aspectos vuelven a fórmulas más propias del pasado.

-Estamos ante lo que yo llamo el tardoperiodismo. De alguna manera se está relegando la función de las noticias, que se dan continuamente a través de los medios digitales y las redes sociales. Las páginas de los diarios están otra vez más ideologizadas, como ocurría en el siglo XIX.

Sin embargo, estos grandes reportajes implican un mayor gasto económico, por lo que cada vez son menos frecuentes.

-Pese a eso los periódicos cada vez tienden a ser más arrevistados, sobre todo los fines de semana. Esto es algo que se ve, por ejemplo, en la estética. En nuestra época escribíamos y después maquetábamos las páginas, mientras que ahora se piensa primero en el diseño y después se ajusta el texto para que encaje. No digo que antes fuese mejor, tampoco quiero volver a los periódicos sin confeccionar, pero ahora hay más interés por la forma que por el contenido. Esto es un reto, porque tenemos que seguir explicando lo que ocurre y hacerlo de una manera atractiva, de acuerdo al mundo audiovisual en que nos movemos.

Hablamos del pasado y del presente, pero ¿se atreve a predecir cómo será el periodismo que se hará en el futuro?

-Seguirá teniendo como obligación máxima la de contar la vida y explicar lo que ocurre. Tal y como se dice en el prólogo del libro, que escribe el presidente de la Asociación de Periodistas de Navarra, Miguel Ángel Barón, “lo clásico es siempre lo más moderno, o al menos lo más actual, por permanente”. No se trata del viejo o del nuevo periodismo, sino de explicar a la gente la vida que está a nuestro alrededor. En el futuro la gente seguirá viviendo en casas, aunque sean casas de cristal. Lo mismo pasa con el periodismo. No se hará de la misma forma, pero la esencia seguirá siendo la misma.

Se ve con claridad en algunos de sus reportajes que nacen fruto de la casualidad.

-La noticia normalmente te llega y se convierte en el tema para hacer un reportaje, una entrevista... es algo que surge de los hechos. Otra cuestión es cuando vas, como un cazador, a buscar la pieza, a encontrar una buena historia. El reportaje nace de la realidad, pero puede ser un trampolín para la imaginación.

¿Qué papel juega el arte en la escritura periodística?

-Hay que vestir las cosas con el lenguaje adecuado, cuidar las palabras, sentir la belleza de las cosas... Eso sí, teniendo cuidado de no caer en la estética vacía. Esto, de alguna manera, hace compatible la poesía con la fidelidad y la exactitud que debe tener el trabajo periodístico.

Además de periodista fue profesor en la facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. ¿Qué es lo más complicado de enseñar a un futuro periodista?

-Que no pierda la capacidad de asombrarse, porque la rutina profesional hace que todo te parezca igual o que se pierdan las ganas de sorprenderse. Pasa un poco como con el amor, que la rutina de la vida conyugal puede dar sensación de aburrimiento. Esa actitud de enfrentarse a las cosas con capacidad de descubrir algo nuevo pienso que es fundamental para cualquier persona pero especialmente para los periodistas.