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Un viaje al corazón del Titanic

Casi 200 objetos originales cedidos por familiares y recuperados del fondo del mar comparten espacio expositivo en Baluarte con recreaciones fieles de un barco que se ha convertido en mito, el Titanic.

Un viaje al corazón del Titanic

"ÉSTA es una historia tan impresionante que hay muchos lugares de la exposición en los que resulta muy difícil contener las lágrimas". De esta manera tan contundente y apasionada, Jesús Ferreiro, comisario y en cierto modo creador de Titanic: The Exhibition, introdujo ayer a un concurrido grupo de periodistas en el mundo del Titanic; un universo que, tras ser visitado por más de 30 millones de personas, abre hoy sus puertas al público navarro.

La exposición, que se podrá visitar hasta el próximo 30 de enero de 2011, es un compendio de recreaciones, 200 objetos originales rescatados bien del barco, bien de los cadáveres recogido tras el hundimientos e imágenes. Todo ello embarca inevitablemente al visitante en un viaje de proporciones titánicas y de evocaciones cinematográficas. Pero, aunque resulte increíble, quizá el mayor tesoro con el que cuenta la exposición sea su audioguía, narrada espectacularmente por el propio Jesús Ferreiro y que, definitivamente, es la que provoca que los sentidos se sumergan hasta el fondo del mar para surcar los restos del gigante hundido, respiren el lujo de sus camarotes de primera o suden junto a los heroicos carboneros. "Esta exposición lo que pretende es contar la historia del Titanic como la contaron los únicos que podían hacerlo, los que estuvieron allí. Hemos tenido la paciencia y la oportunidad de leer todas las declaraciones que hicieron los supervivientes a su llegada a Nueva York y, a pesar de que muchas de ellas ofrecen versiones completamente diferentes, nosotros hemos realizado el guión de esta muestra haciendo caso a lo que contaron la mayoría de los pasajeros que sobrevivieron. Además, yo he tenido el privilegio de conocer personalmente a 69 supervivientes". El recorrido histórico que ofrece la muestra arranca con la construcción del transatlántico y finaliza, como no podía ser de otra forma, con una sala en la que figuran los nombres de los pasajeros fallecidos tras el naufragio. Un paseo en el que se emplea algo más de hora y media y que lleva al visitante a cruzar por el pasillo de los camarotes de primera o ver desde una reproducción pictórica de las famosas escalinatas del salón principal hasta la única lista oficial con todos los pasajeros, piezas de la cubertería del comedor de primera, enormes eslabones de la cadena del ancla o la reconstrucción de la sala de transmisiones, desde la que salió el fatídico SOS. "Todas las reproducciones que figuran en la exposición se han hecho sobre los planos originales", apunta Ferreiro, y proclama, no sin emocionarse que, con esta muestra, "creo que hemos conseguido que el Titanic, como se dijo en 1912, no se podía hundir y no se ha hundido, porque navega en los corazones de las personas que visitan la exposición".

La idea de crear esta exposición nació del propio Jesús Ferreiro, apasionado de la mar y del Titanic. Tras conocer que se iba a crear una exposición fija en Nueva York con los objetos del Titanic, decidió protestar para que ésta fuera itinerante. Y lo consiguió. Tras su paso por Pamplona, la muestra volverá al norte de Europa para, cuando se cumpla el aniversario de su botadura, recalar en Barcelona. "Posteriormente, tendremos que decidir en qué ciudad se instala definitivamente", apunta Ferreiro.

Cifras titánicas La voz de Jesús Ferreiro se convierte desde el primer paso de la exposición en el auténtico baluarte de un recorrido en el que las cifras, los objetos y las reproducciones se entremezclan hasta conseguir que sólo respiremos, desacompasadamente, por la boca. Lo que sigue sólo es un pequeño aperitivo de lo que el sorprendido visitante podrá aprender en esta exposición. Para la construcción del Titanic, que además tuvo dos hermanos gemelos, 3.000 obreros trabajaron durante 27 meses. Las hélices laterales del barco medían 7 metros y pesaban 38 toneladas, mientras que la central medía 5 metros y pesaba 22 toneladas. La construcción de este gigante costó, en 1912, 10 millones de dólares, lo que hoy en día viene a ser unos 1.000 millones de euros. La mayor parte del capital fue aportado por el banquero estadounidense J.P. Morgan. El día de la botadura se concentraron más de 100.000 personas en el puerto de Southampton para observar un gigante marítimo que medía 57 metros de alto, 270 metros de largo y 30 metros de ancho; es decir, en su cubierta se habrían podido instalar tres campos de fútbol. El Titanic tenía un peso total de 45.000 toneladas y sus anclas pesaban 15 toneladas cada una. La energía para su desplazamiento la obtenía de tres mastodónticas máquinas de vapor, alimentadas con carbón, que medían 25 metros de alto y generaban 50.000 caballos de potencia; potencia con la que el transatlántico podía alcanzar una velocidad de 25 nudos.

En total viajaban en el Titanic 2.208 pasajeros, 329 en primera, 277 en segunda y 708 en tercera; el barco contaba con una tripulación de 898 personas. El coste de un camarote, decorados en ocho estilos diferentes, de primera rondaba los 82.000 euros actuales. Los carboneros que alimentaban las calderas trabajaron con una temperatura media de 40 grados.

la anécdota En la exposición se puede ver un plato original de la vajilla utilizada en los comedores de tercera clase. Según explica Ferreiro, el mismo podría ser la primera pieza rescatada del Titanic, ya que fue pescado por un barco español, en Irlanda, el 15 de septiembre de 1981 (Robert Ballard descubrió los restos del Titanic en 1985). Lo curioso es que el plato fue entregado por el patrón de la embarcación a su hijo, Toni Varela. Posteriormente, en 2003, Varela visitó la exposición del Titanic que ahora ocupa Baluarte y cuál fue su sorpresa cuando entre las piezas descubrió un plato igual al suyo. Se lo hizo saber a la organización de la muestra y, tras ser analizado, se certificó que procedía del Titanic.