El primer Don Quijote en chino se traduce al español un siglo después

Lin Shu escribió la versión en mandarín en 1922 e incluyó cambios y adaptaciones

23.04.2021 | 00:46
El editor, Guillermo Bravo, y el hispanista Zhao Zhenjiang (d), durante la presentación del libro. Foto: Efe

pekín – De oídas, interpretando lo que su ayudante le dictaba y tomándose ciertas libertades, el erudito Lin Shu publicó en 1922 la primera traducción al chino de Don Quijote de la Mancha, un "caballero mágico" que la sinóloga Alicia Relinque ha retraducido al español un siglo después.

"Es otra forma de leer el Quijote pero con China metido en él. Un Quijote con mucha dignidad, desprovisto de algunas de las situaciones grotescas que conocemos", explica Relinque sobre esta primera versión en mandarín clásico del libro de Miguel de Cervantes, cuya "retraducción" se presentó ayer en la sede del Instituto homónimo en Pekín.

Para publicar su Historia del caballero encantado, Lin Shu, que no hablaba castellano, escuchaba lo que un ayudante le iba contando a raíz de su lectura –e interpretación– en inglés de las versiones que pululaban entonces del Quijote.

Pese a sus errores y adaptaciones –"los curas son médicos y él es más bien un héroe romántico", apunta Relinque– Don Quijote mantiene su pasión por Dulcinea y recoge igualmente los lances de Sancho Panza... solo que contados de otra forma.

"La relación de Don Quijote con Sancho Panza no es tanto de amo y criado si no de maestro y discípulo, algo muy confuciano", apunta.

También la piedad filial, tan apreciada en China, se desliza por sus páginas con "hazañas que se recordarán por los hijos y los hijos de los hijos de los hijos" mientras los refranes chinos o chengyu se entremezclan con los cervantinos: "Se adapta al gusto chino de la época para que resulte familiar. Lin Shu buscaba acercar los textos extranjeros a las costumbres chinas", agrega. Y es que además de Cervantes, el erudito chino reescribió también a Dickens, a Balzac, a Tolstói o a Goethe.

entender al quijote En aquella época, comenta el hispanista Chen Kaixian, "sólo una élite que había viajado a otros países y conocía otras lenguas podía acercarse a la obra de Cervantes. El objetivo era que los chinos pudiesen entender, a su manera y según las tradiciones locales, la trascendencia de un personaje como El Quijote".

Y esto era "un caballero con sentido de la justicia, vehemente, pero dispuesto a ayudar a los débiles –apunta Chen–. Lin Shu entendió a Don Quijote en su sentido más positivo".

"Las traducciones de Lin Shu causaron mucho impacto en la modernización de China y de ahí su legado", agrega Guillermo Bravo, de la editorial Mil Gotas, editora del texto para Latinoamérica en colaboración con Ginger Ape Books, que publicará la obra en España.

Relinque agrega que el reto fue, además de retraducir la obra, explicar a través de cientos de notas a pie de página las diferencias interculturales de la época. "Tenía que decidir qué registro darle a todo esto en castellano. Fue disparatado y me decanté por utilizar un lenguaje literario que sonara arcaizante porque Lin Shu la escribió en chino clásico", apunta.

Relinque cree que el autor obvió las partes más quijotescas del personaje, como sus luchas imaginarias, para dotarle al Quijote de lógica y de dignidad, y casar estas características con su reivindicación del chino erudito o wenyan.

Además, la valentía y la tenacidad de este Quijote casa con el reto patriota de los dirigentes chinos que, en la década de los años 20 del siglo pasado, rivalizaban con Japón.

De hecho, la traducción de Lin Shu utilizaba palabras de la época que en China eran neologismos, tales como "sociedad", "revolución" o "libertad", las cuales "no existían en el vocabulario del país. Se habían importado desde Japón", señala Relinque.

A pesar de sus limitaciones en contenido y en extensión –sólo se recoge la primera parte de los dos tomos que escribió Cervantes–, esta primera versión de El Quijote fue recibida en China como un gran acontecimiento y sirvió de base para muchas de las traducciones que se hicieron después, según el hispanista Chen.