Júlia de Paz Solvas (Barcelona, 1995) viene de la ESCAC (Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña) y eso se nota. En los últimos años, el gran cambio de la industria cinematográfica española se debe a dos cuestiones decisivas: la proliferación de mujeres directoras que escriben y desarrollan problemáticas que les resultan cercanas, íntimas y/o propias; y la consolidación de las llamadas escuelas de cine desde las que se han forjado maneras de mirar y narrar cada vez más alejadas de las viejas fórmulas del cine español hecho de naturalismo costumbrista, de drama rural y comedia zafia.

La buena hija

Dirección: Júlia de Paz Solvas.

Guion: Júlia de Paz Solvas y Nuria Dunjó.

Intérpretes: Kiara Arancibia, Janet Novás, Julián Villagrán, Petra Martínez y Anna Cerveró.

País: España. 2025.

Duración: 101 minutos

En el caso de Júlia de Paz, se le reconoce además una estrategia que, al menos hasta ahora, ha repetido por dos veces consecutivas. Como aconteció con su anterior largometraje, Ama (2021), éste surgió de un cortometraje de igual título realizado dos años antes. Otro tanto sucedió con La buena hija. La directora se sirvió del precedente de Harta, un cortometraje realizado en 2021 y premiado en festivales como Clermont-Ferrand, Málaga y Alcine. Se diría pues, que la realizadora de San Cugat del Vallés, actúa con prudencia, rigor y paciencia. Que se toma su tiempo, que se lo piensa.

Tal vez por eso mismo, su segundo largometraje, La buena hija, fruto de años de investigación, se arma de sutileza y esencialidad. Empeñada en eludir recrearse con los recursos más manidos de representar la violencia, Júlia de Paz desvela la sutil y perversa relación entre una adolescente y su padre, un artista ensimismado e inmaduro, iracundo y egoísta. De fondo, la presencia de una madre alejada. Les atraviesa una relación tóxica e inflamable y, en ella se entreven esos micromachismos y violencias soterradas que mortifican las relaciones insanas.

Alineada en el territorio del testimonio y convergente con obras como la reciente Yo te creo, en La buena hija también se habla del reencuentro y la fraternidad, del amor y la fascinación, del crecimiento y de sus consecuencias. Sin aspavientos, pero con contundencia, Júlia de Paz mueve con precisión sus fichas, carga con vitriolo sus gestos y conforma un relato desasosegante y perturbador. Con él nos descubre a una actriz prometedora, Kiara Arancibia, y obtiene de Julián Villagrán uno de esos retratos inquietantes hasta el estremecimiento; un personaje aborrecible que queda ya como referencia. Eso y la cruel percepción de que el padre-héroe esconde a un violento gañán.