- Multimedia
- Servicios
- Participación
Ver más galerías relacionadas
Iban Aguinaga
Ver galería >Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Iban Aguinaga
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.
Las despedidas nunca se vuelven fáciles, aunque se repitan, aunque se conozca el proceso y aunque uno intente prepararse. Y pesan todavía más cuando quienes se despiden son padres de acogida que dicen adiós a niños y niñas que regresan a Ucrania, a un lugar donde las sirenas aéreas de bomba forman parte del paisaje sonoro cotidiano. En Navarra, varias familias han acompañado estos días a menores ucranianos que este lunes vuelven a su país tras pasar unas semanas en España gracias al programa de acogida de la asociación Chernobil Elkartea.