Sandra Pérez: “Recibo el premio con gratiud, pero es un reconocimiento compartido con las gimnastas, las familias y el equipo técnico””
La pamplonesa ha sido galardonada por el Gobierno de Navarra como mejor técnica de 2025 por su labor al frente del equipo Otra Mirada de gimnasia rítmica adaptada
Sandra Pérez Abadiano (Pamplona, 1973) recibe este jueves el premio aMejor Entrenadora 2025 por parte del Gobierno de Navarra con la convicción de que es un reconocimiento compartido. Presidenta y entrenadora de Otra Mirada, un proyecto de gimnasia rítmica adaptada que nació en 2019, donde defiende el deporte como un derecho y una herramienta de inclusión social. Pérez repasa el crecimiento del club, los éxitos deportivos y, sobre todo, el aprendizaje personal que le han regalado sus gimnastas.
¿Qué supone recibir el premio a Mejor Entrenadora 2025 por parte del Gobierno de Navarra?
–Lo recibo con muchísima ilusión y con una enorme gratitud, pero también siento que es un reconocimiento compartido. Es de las gimnastas, que son las verdaderas protagonistas; de las familias, que son incondicionales; del equipo técnico maravilloso que tengo conmigo: Susana Ursúa, Leyre Díaz, Valeria Fanlo y de todas las personas que han confiado en Otra Mirada desde el principio. Para mí, recibir este premio, es un impulso para seguir trabajando, creciendo y demostrando que el deporte, cuando se hace con sensibilidad, es un derecho y una oportunidad real para todas las personas, tengan discapacidad o no
Este reconocimiento está muy ligado a Otra Mirada, ¿qué significa para usted este proyecto?
–Otra Mirada me ha cambiado la vida. Nació de una necesidad personal. Yo vengo de la gimnasia rítmica de toda la vida, de entrenar, competir y vivir el deporte con mucha intensidad. Y llegó un momento en el que me pregunté: “¿Por qué este deporte tan bonito, tan emocional y tan completo no está al alcance de todas las personas?”. Especialmente de aquellas con discapacidad intelectual. No porque no tengan capacidades, sino porque no existía un espacio adaptado y una mirada que creyera en ellas. Y así empezó un poco este proyecto, con la idea de crear un lugar donde pudieran entrenar en un tapiz, el cual conseguimos gracias a una recaudación popular a través de redes sociales, donde la ciudadanía fue aportando donativos y a raíz de ello conseguimos nuestro primer tapiz. Un tapiz donde preparar un ejercicio, competir, ponerse nerviosas antes de salir, emocionarse, equivocarse y sentirse deportistas, sin etiquetas ni límites impuestos desde fuera. Mira, siempre cuento una anécdota a raíz de esta pregunta. Nada más empezar, una gimnasta me dijo: “Sandra, yo hago gimnasia rítmica igual que mi vecina”. Y pensé: “Objetivo conseguido”. Que cojan su mochila dos, tres o cuatro días a la semana —ahora ya son cuatro, porque competimos a nivel nacional—, que vayan en autobús, que viajen a campeonatos, que duerman en hotel… exactamente igual que cualquier deportista. Ese era el objetivo de Otra Mirada y, al final, con la ayuda de muchas personas se ha hecho realidad.
¿Cómo ha evolucionado el proyecto desde 2019?
–Cuando tuve la idea la llevé por escrito y la presenté en el INDAF (Instituto Navarro del Deporte y la Actividad Física). No tenía instalación ni alumnas, pero sabía que tenía que salir. Me pusieron en contacto con la Asociación Síndrome de Down y pude exponer allí el proyecto. El club Larraona me cedió una sala para empezar a entrenar. Pero claro, al avanzar y querer competir, necesitábamos más espacio y altura. Entonces nos trasladamos al polideportivo de Esquíroz, gracias al apoyo del Ayuntamiento de la Cendea de Galar. Allí compartimos espacio con el club Escuela Galar. Incluso hemos realizado iniciativas inclusivas, como un baile conjunto de personas con y sin discapacidad, que presentamos en un torneo internacional organizado por la Federación Española de Gimnasia y también en un campeonato del mundo de béisbol adaptado en la UPNA. A largo plazo, la idea es seguir avanzando en esa inclusión real entre clubes
¿Siente respaldo institucional?
–Sí, no puedo estar más agradecida. El 12 de abril organizamos en Pamplona el Campeonato de España de Gimnasia Rítmica Adaptada. Nos hemos lanzado a ello porque Otra Mirada ya está reconocida a nivel nacional. Hemos participado en varios Campeonatos de España, consiguiendo medallas y representando a Navarra con orgullo. Y ya no solamente por los resultados, sino porque compiten en igualdad y son reconocidas como deportistas. Entonces, de las instituciones yo es que solo puedo decir más que maravillas, la verdad.
¿Las chicas saben que le han dado el premio a mejor entrenadora?
–Sí, sí. Bueno, es que los entrenamientos son diferentes. Invitaría a las personas a que viniesen a ver uno porque cuando una consigue un equilibrio, la explosión de emociones es enorme. Eso no lo he vivido en otro sitio. Cuando se enteraron del premio me trajeron dedicatorias, dibujos y claro, van a asistir al acto. Hemos adelantado el entrenamiento para que puedan ir. Y lo celebraré con ellas, porque son las protagonistas. Se esfuerzan y viven el deporte con intensidad, gracias a ellas estamos consiguiendo todo esto.
A nivel deportivo, 2025 ha sido un año plagado de éxitos.
–Sí, el año pasado conseguimos bastantes medallas.Incluso a nivel individual de competición absoluto conseguimos una campeona de España. Que eso siempre lo tenía en la zona de Alicante. Luego en conjunto los resultados han sido maravillosos, siempre con medallas. Pero bueno a mí lo que realmente me importa es que ellas sean capaces de recordar un ejercicio en el tapiz, gestionen sus dificultades y, ojo, que cualquiera no sale ahí con un montón de jueces delante de ti.Y lo más importante es que lo disfruten, porque es que encima se les ve disfrutar. Es que eso es maravilloso verlo, maravilloso. Además la afición de Otra Mirada es tremenda, anima muchísimo.
¿Qué le ha enseñado Otra Mirada a lo largo de los años?
–Aprendo continuamente, me enseñan más ellas a mí que yo a ellas. Siempre lo digo. Me enseñan a relativizar, a celebrar cada avance, a valorar el esfuerzo por encima del resultado y me recuerdan cada día por qué empecé en el deporte: por la emoción, la superación personal, la alegría de compartir… La verdad que viven cada entrenamiento y cada competición. A nivel personal me aporta muchísima satisfacción y sentido, me obliga a escuchar, adaptarme continuamente y a valorar los pequeños logros del día a día. Luego como entrenadora me ha enseñado a observar más, a ser flexible, a individualizar el trabajo porque cada una tiene sus necesidades.
Da la sensación de que son una familia.
–Totalmente, totalmente. Es que se ha logrado crear una familia. Se quieren muchísimo. Sus amigas son las de la gimnasia. Hay cumpleaños, pijamadas… En los entrenamientos se ayudan constantemente. Si una está enfadada, otra viene y me dice: “Sandra, déjala un momento, que luego vuelve”. Siempre se intentan ayudar. Tendríamos que aprender de ellas en el deporte. Y cuando compiten, compiten de verdad. Se concentran, salen a darlo todo, como dicen ellas. Si alguna llora porque no ha ganado, las demás la consuelan. Incluso la que gana le da su medalla para que no esté triste. No soportan ver a una compañera triste.
¿Le queda algún sueño por cumplir con Otra Mirada?
–Ahora somos unas 15 o 16 personas y queremos seguir creciendo y ofreciendo gimnasia rítmica adaptada a las personas que tengan discapacidad intelectual porque estamos completamente seguras que en el momento que lo conocen se enganchan. Hace unas tres semanas vino una chica a probar y su madre me decía: “No ha hecho deporte nunca, no sé si le va a gustar. Alguna vez ha ido a jugar a frontenis, pero lo que es una clase dirigida nunca ha ido”. Pues vino el otro día la madre y me dijo: “Estoy alucinando, está encantada. Viene a casa y sigue haciendo gimnasia. Me enseña cada día lo que he aprendido”. Para mí eso es uno de mis objetivos, seguir ofreciendo la gimnasia rítmica a más personas con discapacidad intelectual y seguir creciendo.
Que le digan eso debe llenar muchísimo, ¿no?
–Claro, y es que además ellas ganan en seguridad, en autoestima, en autocontrol de frustraciones, alegrías… El deporte en ese aspecto ayuda muchísimo y, además, entre ellas un montón. Y los padres sí que me han dicho que hay un antes y un después en la vida de sus hijas desde que empiezan con gimnasia rítmica. Oigo eso y me digo: “¿Qué más quiero?” Mi objetivo está hecho. A nivel deportivo quiero seguir en la línea en la que vamos. Sé que hay campeonatos del mundo con discapacidad intelectual. Pues bueno, y poco a poco ir subiendo.