A simple vista, un cubo de piedra es una estructura sencilla con un significado, más bien, plano y aburrido. Saber identificar el sinfín de posibilidades que un hexaedro de arenisca alberga en su interior y tallar hasta sacarlas a la luz es un talento propio de artistas y escultores que, desde este miércoles, cualquiera que se acerque al Ayuntamiento de Berriozar podrá pararse a observar.

Los muñecos que posan a las puertas del consistorio forman parte de la obra Construyendo equilibrio / Oreka eraikiz que cuatro alumnos del Ciclo Superior de Técnicas Escultóricas han diseñado y esculpido desde cero. Según ha explicado el profesor a cargo del proyecto, Héctor Urra, durante la inauguración, “aunque cada figura tiene valor por separado, el conjunto del diseño representa una idea de equilibrio y construcción”. 

Por una parte, la combinación de los cubos rojos –de arenisca de Baztan– y el cuerpo redondeado de los muñecos –hecho de arenisca de Tafalla– generan un contraste plástico, tanto a nivel cromático como a nivel compositivo. “Lo orgánico de las figuras convive con las esquinas duras de los cubos y genera un equilibrio muy interesante”, ha detallado Urra. Al mismo tiempo, las estatuas representan las sinergias construidas entre la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Pamplona, el Ayuntamiento de Berriozar y los propios alumnos del centro, gracias a las que el talento de los estudiantes quedará expuesto de manera permanente.

Trabajar con piedra

Los alumnos han sido partícipes de todos y cada uno de los procesos de la obra. El proyecto partió de la propuesta de Urra hacia sus alumnos de crear una figura que jugase con algún objeto y que, carente de expresión, fuera capaz de evocar un sentimiento. Así, ha descrito José Manuel Sánchez, uno de los artistas, “comenzamos a dibujar ideas a lápiz y en papel. Después, lo pasamos a volumen, es decir, lo moldeamos en barro para tener un molde del que poder sacar la medida y escalar a mayor tamaño y, finalmente, comenzamos a tallar en piedra”. 

Las figuras de Gorka García de Eulate y Benjamín Landa. Iñaki Porto

Pero moldear este material resulta muy tedioso, a la par que complicado. “Cuando trabajas con piedra, es ella quien marca los tiempos”, ha apuntado el profesor. Durante las 70 horas que han pasado esculpiendo el bloque de arenisca, los alumnos han tenido que recordar en todo momento que el objetivo con la piedra es siempre “trabajar lo mínimo para conseguir lo máximo”

Según indicó Urra, es necesario prestar mucha atención durante el tallado ya que, “si trabajas mal, la escultura te lo recordará un mes después”. Las líneas naturales de la arenisca –la “veta”– tienen mucha presencia en esta roca, por lo que aplicar demasiada presión durante el tallado puede provocar que, en las capas siguientes, se aprecien los golpes absorbidos. Para esculpir la piedra, los estudiantes hicieron uso de herramientas tradicionales como el puntero o el cincel, así como de maquinaria neumática e hidráulica.

Las cuatro figuras

El muñeco situado a la izquierda y que sujeta un cubo en la cabeza fue diseñado y esculpido por Gorka García de Eulate, un alumno de 19 años que contaba ayer que el diseño de su figura era el primero que se le pasó por la cabeza. “Dicen que no es bueno quedarse con la primera idea que tienes”, relataba, pero en su caso, ninguno de los bocetos posteriores le convenció como el primero. En cuanto al aprendizaje obtenido, Gorka ha reconocido que trabajar la piedra le ha enseñado, entre otras cosas, a saber improvisar y, de hecho, ese es el rumbo que parece estar adoptando su carrera artística. “Me metí a esto porque de pequeño me interesaban los gigantes y los cabezudos y quería saber cómo se hacían, pero ahora he descubierto otras opciones y ya no me cierro a nada”, ha contado.

La segunda figura, que posa tumbada y apoyada sobre un cubo rojo, es obra de Benjamín Landa, un alumno de 60 años que espera que el arte cambie sus últimos años de vida laboral. “He trabajado toda mi vida en fábricas, haciendo cosas que no me motivaban. Así que, cuando termine el grado, espero dedicarme a esto y poder trabajar de mi afición”, ha relatado. Su muñeco, contaba, está tumbado “por cambiar, porque todos los demás estaban sentados”.

Mientras, Naia Eslava, de 22 años fue la encargada de la tercera figura, un muñeco sobre cuya cabeza reposa un animal gracias a un error. “Me sobró un trozo de piedra y Héctor me dijo que lo reservase por si se me ocurría algo”, ha revelado. Finalmente, el muñeco sentado al borde del cuarto soporte, obra de José Manuel Sánchez, de 27 años, simboliza la apatía y el cansancio. “Lo hice sentado porque quería que representase esa sensación de no poder más”, ha expuesto el artista. La construcción se trata, tal y como ha mencionado el alcalde de Berriozar, Iker Mariezcurrena, “de un ejemplo del potencial de los jóvenes cuando las instituciones les dan oportunidades”.