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Mesa de Redacción

Joseba Santamaria

Memoria contra las desmemorias

Memoria contra las desmemoriasG.N.

El emotivo acto de reconocimiento a las primeras 12 víctimas navarras del terrorismo ultraderechista, de la guerra sucia del Estado y de los abusos policiales salda una deuda histórica y muestra el camino que lleva recorriendo la Comunidad Foral en el ámbito de la memoria y la convivencia en los últimos años, tanto en los casos de las víctimas del terrorismo de ETA, de los asesinados por el terrorismo franquista y ahora en los casos de aquellas personas que han sufrido las consecuencias de otras violencias. Más allá de lo simbólico políticamente y de lo emotivo humanamente, Navarra constata con este acto de memoria y reconocimiento la existencia de víctimas que han estado ninguneadas, olvidadas y despreciadas, una actitud política e institucional que ha condenado durante años a estas personas y a sus familiares al limbo de saberse y sentirse víctimas de segunda. Queda pendiente en muchos casos ahora la verdad y la justicia, para lo que la derogación de la actual Ley de Secretos Oficiales es un paso imprescindible. Se trata de poner en valor el reconocimiento y la memoria de personas que fueron víctimas de la violencia ultra, parapolicial y de la guerra sucia, hechos que están asumidos y reconocidos y rechazados por la inmensa mayoría de la sociedad navarra. Forman parte también de esas décadas de violencia que sufrió este país con ETA como principal protagonista, pero es imposible negar que ha habido agresiones y asesinatos de grupos de ultraderecha, que ha habido detenciones ilegales y personas torturadas por funcionarios públicos y que ha habido terrorismo de Estado. No solo está documentado, sino que hay sentencias y condenas judiciales que lo corroboran, tanto de los tribunales ordinarios como de los altos tribunales del Estado como de la UE. No puede haber ni admitirse en una sociedad democrática –más aún en el caso de Navarra, donde hay todavía miles de víctimas del genocidio franquista desaparecidas–, víctimas de primera o de segunda, ni menos aún una división de las víctimas por intereses partidistas. Ese tóxico juego de la memoria y desmemoria en el pugnan cada semana los extremos del arco político navarro en un manejo maniqueo del debate político. La sociedad navarra hace tiempo que tiene mayoritariamente claro el relato objetivo de lo que ocurrió y de las responsabilidades en las violencias. Las mochilas pesadas son las de quienes insisten en la exigencia de reconocimiento para unas víctimas y en la desmemoria para otras víctimas, un juego perverso de utilización de la memoria y el sufrimiento para simples intereses políticos. El acto de Baluarte coincidió con el homenaje de recuerdo a las dos últimas víctimas de ETA en Navarra en Sangüesa, los agentes de la Policía Nacional Bonifacio Martín y Julián Embid, en el que participaron familiares y también representantes de las instituciones navarras. Fuera casualidad o no, la simbología de la coincidencia dice mucho del camino. Este acto de reconocimiento es necesario si lo que se pretende es construir una sociedad desde valores democráticos. Lo expuso con claridad Guillermo Múgica Munárriz, Premio del Día Internacional de la Paz en 2021: “No olvidemos uno de los logros de la modernidad ilustrada. La toma de conciencia de que somos portadores de una responsabilidad humana y ética”.