Intento entenderlo. De verdad que lo intento. Leo a meteorólogos y climatólogos. Aprendo palabras que hace unos años apenas escuchábamos: domo de calor, bloqueo anticiclónico, anomalía térmica... Leo que una potente masa de aire africano se ha instalado sobre Europa occidental y que un anticiclón actúa como una gigantesca tapa que atrapa el calor y lo recalienta día tras día.
Pero también descubro algo más inquietante: Europa es el continente que más rápido se está calentando del planeta, aproximadamente al doble de la velocidad de la media mundial. Los científicos apuntan a varias razones. Europa está muy influida por el calentamiento acelerado del Ártico, la región de la Tierra donde las temperaturas aumentan más deprisa.
Además, gran parte del continente está formado por masas de tierra que se calientan mucho más rápido que los océanos. A ello se suma que la cuenca mediterránea está considerada uno de los principales puntos calientes del cambio climático mundial, especialmente vulnerable a las olas de calor y las sequías. Todo tiene una explicación científica. Y, sin embargo, hay algo que sigue resultándome difícil de asimilar.
La península acaba de registrar 45,1 grados en Andújar y Montoro. Francia ha vivido uno de los episodios de calor más intensos de su historia reciente. En Navarra, Doneztebe o Bera han sufrido un calor extremo favorecido por el efecto Foehn, ese fenómeno que recalienta el aire cuando desciende desde las montañas y bloquea la entrada de la influencia refrescante del Cantábrico. Y entre tanta medición aparece un dato que parece una paradoja: estos días hace más calor en buena parte de Europa que en África.
La explicación es meteorológica pero cuesta no encontrar cierta ironía. Quizá esta ola de calor europea no sea un castigo. Pero sí un recordatorio. Una advertencia de que vivimos en el mismo planeta. De que las fronteras sirven de poco frente al clima. De que los problemas que durante años consideramos lejanos terminan llamando a nuestra puerta. Y ahora sabemos lo que significa vivir en el Sahel con temperaturas máximas de entre 44º y 48º, y hasta de 50º en el norte de África. Sin aire acondicionado.