El concierto estaba planteado como una celebración de los treinta años de carrera musical de Pastora Soler. Para ello, el repertorio siguió un orden cronológico, y fueron insertando también varios tramos de vídeos musicales proyectados en una pantalla trasera, que recogían innumerables actuaciones en programas de televisión de todo tipo. Un recorrido por la vida y la obra de la artista sevillana que publicó su primer álbum allá por 1994.
Comenzó la actuación con bata de cola y abanico, entonando coplas de su debut. Mientras se proyectaba uno de los vídeos, la artista aprovechó para cambiarse de vestuario. Dejo en el camerino la bata de cola y salió con un elegante vestido de lentejuelas, más en la onda de una diva internacional, para interpretar desde el centro del escenario I have nothing, de Withney Houston, que le quedó como anillo al dedo.
Saludó después al respetable. Confesó lo mucho que le gusta venir a cantar a Navarra, y recordó sus inicios en el mundo del espectáculo, de la mano de un productor de cine que la descubrió. Su primer disco de copla, con el que ya saboreó la mieles del éxito (siendo todavía menor de edad), aunque también conoció la cara menos amable de la industria: las exigencias estéticas que las mujeres han tenido que soportar durante demasiado tiempo.
Con los años fue aprendiendo y forjando su propia personalidad. Grabó un segundo disco que fue un fracaso comercial y la discográfica rescindió su contrato. Se dedicó a estudiar, pero la música siempre formó parte de su vida y el tercer disco llegó. De él extrajo la siguiente canción, No hay manera, en la que dos coristas salieron a escena y se unieron al quinteto que la acompañaba.
El sonido fue brillante durante todo el concierto, con mucho espacio para todos los instrumentos (guitarra, bajo, piano, batería, saxo), que forjaron una alfombra lustrosa sobre la que se paseó la portentosa voz de Pastora Soler, llena de potencia y sensibilidad. También destacó la iluminación, así como la propia disposición del escenario.
Fecha: 27/06/2026. Lugar: Baluarte. Incidencias: Concierto perteneciente a la gira que celebra los treinta años de Pastora Soler en el mundo de la música. La gira comenzó hace dos años, por lo que ya lleva veintidós años. Dos horas largas de actuación.
Continuó narrando su historia; le costó encontrar su camino, un estilo propio que combinase su amor por la copla y su pasión por otras artistas como la ya citada Withney Houston, Barbra Streisand o Céline Dion. Llegó de nuevo el triunfo, los discos de oro y platino, las giras interminables y aquellas colaboraciones con Carlos Jean en las que se atrevió con el electropop.
En directo, las canciones de aquella época han perdido su barniz electrónico, pero conservan su espíritu bailable. Ofreció después una parte dedicada a las baladas. La primera, Y qué pequeña soy yo, tuvo que convencer a la discográfica para que le dejaran grabarla. En Baluarte sonó maravillosamente bien a piano y voz. Ese fue, según expresó, un nuevo comienzo en su carrera.
Esta nueva etapa, marcada por la libertad artística, siguió siendo muy fructífera, con joyas como Solo tú o Toda mi verdad, en las que la sevillana volvió a exhibir todo su poderío vocal. Sorprendió después a su público cuando salió a cantar La mala costumbre desde la parte trasera del auditorio, caminando entre el patio de butacas y estrechando las manos de sus seguidores.
No podía faltar, por supuesto, Quédate conmigo, el tema con el que fue a Eurovisión. Ese, que fue otro punto de inflexión en su trayectoria, lo fue también en el concierto y dio paso a la recta final del mismo. Ahí estuvo Si hay Dios, la versión de Alejandro Sanz, La tormenta, y el medley formado por Invencible, Amigas y Te diré que sí ,que puso a todo el auditorio en pie. Fue el momento que aprovecharon los músicos para amagar con despedirse, pero tuvieron que volver e interpretar 30 veces, una canción de agradecimiento por estos treinta años de una artista de mucha categoría.