San Fermín antes de San Fermín es aquí la gota malaya. Un martilleo constante de información que arranca en abril con la votación del cartel y no te suelta en dos meses largos. Hasta volverte tarumba. Escalericas, tómbolas, dispositivos, protocolos, peñas y pancartas, Morantes y Jandillas, barracas, los fuegos de autor, el txupinazo txiki, Ojete Calor y la madre que los parió.

Con esa frase que te aplasta como al guiri junto a las tablas de la curva de Estafeta al paso de la manada: “Ya huele a toro”. Llegas a esta previa con la lengua fuera, saturado de fiestas. Como tantos otros gremios, por ejemplo los hosteleros, gestionando la avalancha enorme de una fiesta enorme. Entonces amaneces el 6 de julio y te acuerdas de esas “probabilidades enormes” de pasártelo bien a las que hacía referencia el otro día el alcalde. La euforia colectiva fulmina tu vinagrez, abrazas el “ya huele a toro” y almuerzo y vino familia y amigos y a coger carrerilla para lo que viene. ¡Felices fiestas!