Mi propuesta es clara, derruirlo. Soy consciente de que es un tema polémico y de que, antes de llevar a cabo cualquier propuesta, se deben tener en cuenta muchísimos aspectos de los que, aunque me gustaría, no soy consciente del todo. Seguramente me haga falta mucha más experiencia por vivir y muchos libros de historia por leer, pero con el conocimiento que poseo ahora, los testimonios que he escuchado y los libros que he leído, puedo afirmar que mi solución idónea para este conflicto de propuestas es que el monumento sea derruido.
Se levantó en honor a jefes militares que bajo el amparo de “estar salvando a España” le hicieron más daño que cualquier otra cosa. Así como hay monumentos que nos hacen recordar por todo lo que pasaron los españoles durante la dictadura, la represión, la violencia y el miedo; con el objetivo de que el pueblo no olvide su pasado para no estar condenado a repetirlo, este recuerda a muchos pamploneses que todavía hay, tanto monumentos como personas, que honran a los causantes de la represión, violencia y el miedo y los colocan sobre un pedestal de los que conforme pasan los años, desgraciadamente, es más complicado bajarles. Por otro lado, hay actividades que se llevan a cabo en su interior con el propósito de darle otro sentido y mostrar y condenar esa violencia por parte de franquistas. El concepto de darle la vuelta al significado del monumento me da esperanzas porque quiere decir que este no solo sirve para ensalzar figuras franquistas. Sin embargo, para mí, pesa más la necesidad de que aquellos que sí glorifican a esas mismas figuras dejen de tener ese lugar como referente.
Es necesario que se tomen medidas para eliminar ensalzamientos al franquismo ya que a día de hoy hay muchos jóvenes que han olvidado por todo el dolor que pasaron sus antecesores durante la dictadura y consideran a Franco como el salvador de España y como una figura que debería volver a colocarse en el país para arreglarlo. El mantenimiento de este tipo de monumentos refuerza su idea de que la dictadura no fue tan dañina como se recuerda ya que, si lo hubiese sido, las instituciones públicas democráticas los habrían eliminado o, por lo menos, sustituído por aquellos que condenen la violencia.