Este fin de semana, mientras los afiliados al PSN decidían entre Jiménez y Campillo, pasada la muga, otros navarros lo hacían entre Sarkozy y Hollande, sólo que junto a otros millones de ciudadanos franceses. No hay color. Hollande se paseó este verano por Zuberoa, donde vio una pastoral -los tiene bien puestos, el tío- y se entrevistó con la gente de Seaska. Sarkozy prefirió las calles de Baiona, y su visita acabó en tumulto callejero. Aquí ya habría inculpadas cuarenta personas, con petición de penas cercanas a la perpetua. Ahí creo que no hubo ni multas. El conservador Iparralde, en general, votó socialista anteayer. Ya veremos qué hace el 6 de mayo, en la segunda vuelta. A muchos de aquí quizás les parezca que todo esto sucede en Marte. Todavía no han entendido que nuestro bienestar también pende de esas urnas. Francia tiene cosas irritantes y otras muchas admirables. Eso que hicieron con Luis XVI fue un poco drástico, pero es innegable que un pueblo ya no es el mismo después de ejecutar públicamente a un rey. En este lado de los Pirineos fíjate si no han faltado personajes con méritos suficientes para pasar a la historia por esa vía. Pero ni por esas. Así nos va, claro. Me puedo imaginar a Sarkozy yéndose de picos pardos invitado por tenebrosos millonarios en un momento en que están mandando al tostadero al 90% de la ciudadanía. También intentando salvarse de la quema con un "lo siento". La diferencia es que, en tal caso, los franceses tienen en las próximas elecciones la ocasión de perdonarle efectivamente mediante la entrega de su voto, o guillotinarlo políticamente, negándoselo. Por si algún españolito todavía no se ha dado cuenta, el cargo que estos días se dirime a 40 kilómetros de Pamplona es el de jefe de Estado, equivalente por tanto a lo que es el rey por estos lares. Ahí lo eligen cada 5 años. Aquí lo tenemos que aguantar hasta que la naturaleza siga su curso, y encima nos deja a su hijo de recuerdo.
- Multimedia
- Servicios
- Participación