¿pero qué esperabais? ¿Que los afiliados a UPN -joder, los afiliados a UPN- nos iban a dar el placer de meternos en la cama felices y contentos sabiendo que se habían cepillado a la Bruja Piruja? No tenían otro pito que tocar que darnos ese gusto. Si esa gente que votó el domingo en el Baluarte hubiera pensado con la cabeza en vez de con las víscera habría suscrito la jubilación forzosa de la portugaluja. Al día siguiente, Catalán habría pactado con un PSN expectante y dispuesto como una novia primeriza y le habrían dado al Gobierno el oxígeno suficiente como para aguantar hasta el fin de la legislatura. A ver si, entre tanto, la economía daba alguna alegría y las encuestas dejaban de tocar a muerto. Qué navarros, estos de UPN. Mucho corazón, poco coco. Muy parecidos, por otra parte, a todas esas decenas de miles de personas que el domingo anhelaban ver a la reina de las dietas morder el polvo. A la Señora le ha bastado presentarse como la víctima de los malos malísimos abertzales y echar unas lagrimitas de boa constrictor, para darle la vuelta a una batalla que, a priori, tenía muy complicada. No le falta mérito. Iba para Maria Antonieta y ha salido de Luis XIV. Aprés moi, la dèluge, les ha dicho a los suyos (mila esker, Xabi). O sea, que después de ella, el diluvio. Y los suyos le han creído. Al otro lado, Catalán -¡cándido de Dios!- estaba seguro de que todo iba a ser un paseo militar. Para cuando se ha querido enterar, la otra le disparaba obuses dialécticos del 35, y al de Corella -y a todos los que le apoyaban, desde la CEN a Cordovilla- le han faltado los reaños para contestarle con la verdad: que es con ella con la que viene -o puede venir- el diluvio que acaba con el Régimen. Que a este Gobierno no lo endereza ni el Altísimo. Que la imagen pesetera e inoperante de su presidenta no la lava ni todo el agua del Jordán. No seamos tan navarros. Que no nos mueva tanto la pasión. Si pensamos un poco, lo mejor es que siga ella al frente del engendro.
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