“Para ser libres hay que ser esclavos de la ley” (Cicerón)
Me pareció entender, en el acto de apertura de este nuevo curso académico en la UPNA, que su rector, Ramón Gonzalo, reclamaba sensibilidad y medios económicos para implantar la LOSU. La petición la dirigía al Gobierno de Navarra y al Parlamento que ha de aprobar la Ley de presupuestos de cada año. Seguro que ya están en ello. Ambas partes desean que se cumpla la ley.
Entiendo también que los profesores y maestros de la escuela pública en Navarra, en las etapas previas a la universidad, andan queriendo cumplir la LOMLOE. Los sindicatos de los docentes, tras años de división, han unido sus reclamaciones justificadas ante el gobierno.
Creo que hasta la legislatura pasada, en la que María Chivite accedió a la presidencia del Gobierno, la UPNA estaba incluida en el departamento de Educación. A partir de 2019 es otra la consejería que provee los recursos para la UPNA. Los consejeros Fanlo y Gimeno no parecen contar con la comprensión del resto del equipo de Gobierno en cuanto al gasto que se necesita comprometer. La universidad parece tranquila, pero las escuelas infantiles, los colegios de infantil y primaria, los institutos de secundaria y bachillerato así como los CIP de FP están llamados a la huelga. A la jornada ya vivida el 26 de septiembre le va a seguir otra el 29 de octubre. Al igual que la sanidad es cosa de todo el Gobierno, en boca de la presidenta, la educación no lo será menos, digo yo.
Cuesta creer que las dos instituciones democráticas más representativas del pueblo navarro como son su Parlamento foral y su Autogobierno no lleguen a un acuerdo con la parte sindical. Así que expongan con claridad sus demandas y renuncias unos y sus concesiones o rechazos otros, para conocimiento de la ciudadanía.
El alumnado y sus familias no suelen ver las huelgas en la enseñanza con buenos ojos. Tampoco las quiere el profesorado, porque cada convocatoria es un discutir y retroceder en la buena armonía que trabajo tan especial requiere.
Voy a defender mi posición exponiendo los indicadores de la crisis que, a mi juicio, nos acecha.
Tenemos dos leyes recientes que cumplir y, según Cicerón, nos llevarán a la libertad si lo hacemos. Que lo dijera unos 60 años antes de Cristo no es la noticia. Lo llamativo es que valga su máxima para este 2024.
Lo que esas leyes determinan es el propósito de llegar a todos y todas, en una escuela inclusiva. Ya en 1990 la LOGSE pretendió pasar de la enseñanza selectiva, sólo para los más dotados, a la formación comprensiva para todos. Fracasó el intento los primeros años por falta de medios, y aún más cuando el PP dijo no en 1996. Hubo otro intento del PSOE en 2006, con la LOE, nuevamente fallido por la crisis económica y la incapacidad del PSOE para conseguir el apoyo del PP. El ministro Gabilondo rozó el acuerdo.
Ahora se alzan voces contra este nuevo intento de la LOMLOE. Voces que más pronto que tarde pueden ser leyes y reales decretos que intenten hacernos volver a aquella enseñanza de los años 60 y70. Voces que proclaman que la escuela pública sólo debe estar donde no llega la privada. Que además promueven una mayor exigencia, elevar los obstáculos para convertir el currículo escolar en algo parecido a los 3.000 metros obstáculos… con una ría que no es de reír sino de segregar de nuevo los buenos de los malos.
No se fijen sólo en la ratio, en el horario, en la inestabilidad laboral, en la pérdida de poder adquisitivo, en la salud mental de todos. Estamos ante algo muy grave. En juego está el futuro de la escuela pública y la igualdad de oportunidades desde la cuna.
El consejero Gimeno trabaja, medita, hace números, nos cuenta que el sistema está “tremendamente dotado”, pero el personal que cada día entra en las aulas a disfrutar de la enorme diversidad del alumnado como fuente de riqueza, intentando dar, con equidad, a cada alumno lo que necesita, se rompe física y psicológicamente.
Sigue habiendo muchas personas a las que les resulta difícil la comprensión del trabajo de quienes no fichan a la entrada y salida de su jornada. Y es que no tienen jornada, porque cada curso, sin demora alguna, intentan sacar adelante a todo el alumnado. En los colegios e institutos de Navarra no hay listas de espera. En las agendas del profesorado se agolpan las tareas. En la Mesa del Gobierno de coalición está la pelota. Si los litigantes no lo impiden, en la calle nos vemos el día 29. Hay tiempo para evitarlo.
El autor es profesor jubilado