El fichaje de Raúl Moro por el Club Atlético Osasuna se ha cerrado finalmente, poniendo fin a uno de los seguimientos más prolongados y complejos que se recuerdan en la dirección deportiva navarra. La incorporación del extremo no responde a una oportunidad de mercado de última hora, sino a una estrategia de captación iniciada por Braulio Vázquez en 2024 y que ha requerido de una gestión de tiempos milimétrica para concretarse.
Desde hace dos años, el nombre de Raúl Moro ha figurado de forma recurrente en los informes de la secretaría técnica rojilla. Braulio, valedor de las capacidades del jugador para el esquema de juego de Osasuna, intentó su contratación en diversas ventanas de transferencia sin éxito. Las pretensiones económicas de su club de origen, el Valladolid, y la competencia de equipos con mayor músculo financiero bloquearon la operación de forma sistemática, obligando al club pamplonés a mantenerse en un segundo plano, pero sin perder el contacto con el entorno del futbolista.
El punto de inflexión se produjo el pasado mercado estival. Osasuna realizó un intento formal y decidido para hacerse con sus servicios, pero la irrupción del Ajax de Ámsterdam cambió el escenario por completo. El club neerlandés desembolsó 11 millones de euros, una cifra inalcanzable para la realidad presupuestaria de la entidad navarra en ese momento, lo que parecía alejar definitivamente a Moro de El Sadar.
Pese al revés que supuso su marcha a la Eredivisie, la dirección deportiva de Osasuna mantuvo la monitorización del jugador con la premisa clara de que si el extremo no lograba asentarse en el ambicioso proyecto del Ajax, Osasuna debía ser la primera opción de salida. Efectivamente, en cuanto la importancia de Raúl Moro empezó a descender en los esquemas del equipo de Ámsterdam, Braulio Vázquez reactivó los contactos de manera inmediata.
La resolución de este fichaje subraya la importancia de la persistencia en la planificación deportiva. No ha sido el factor económico (aunque el margen salarial ha ayudado y mucho) el que ha desbloqueado la llegada de Moro, sino el vínculo y la confianza generada durante años. El jugador era consciente de que el interés de Osasuna no era coyuntural, sino una apuesta firme por sus condiciones técnicas y tácticas