Hola personas, la parte de mi cabeza que aún no se ha derretido os saluda. Este es el último ERP de primavera y el primero del verano, depende de si lo digo yo, que escribo el viernes, o lo decís vosotros, que lo leeréis el domingo. En la vida casi nada es del todo cierto ni del todo falso. Todo es relativo. Ya lo dijo Albert.

Bueno, la semana pasada le dimos una vuelta a la vieja Iruña saltando de portal en portal. Los describí lo mejor que supe y que el espacio me permitió, pero no dije cuáles eran sus puntos en común, es decir cuál era su función y como se llevaba a cabo la misma. Como podéis suponer la función fundamental de un portal es la de cerrar a cal y canto la zona amurallada. Ellos fueron en cierta medida la herramienta que facilitó a los enemigos cercar la ciudad en más de una ocasión, como en la francesada de 1808-1813 y en la carlistada de octubre de 1874 a febrero de 1875. Como ya dije una vez, Pamplona se cercaba con seis porteros de discoteca. Pero también eran los elementos que daban gran tranquilidad a sus ciudadanos cuando sabían que la noche pamplonesa estaba cerrada a personajes extraños con aviesas intenciones, o sin ellas, pero… por si acaso. Eran tiempos convulsos en los que el bandolerismo estaba muy presente.

Para llevar a cabo esta operación de cierre y vigilancia cada portal contaba con un cuerpo de guardia en el que había una guarnición, con un cabo y varios soldados, 24/24, 7/7, 30/30, 365/365, que diría un moderno, o, lo que es lo mismo, todos los días del año a todas horas. Pero no era esta la única función de los portales, también eran fielato por el que habían de pasar forzosamente todas las mercancías que entraban en la ciudad y abonar la tasa correspondiente. Para tal labor había en cada portal, una caseta que albergaba una oficina que se llamaba de arbitrios municipales, unos empleados del Ayto. tomaban declaración de todos aquellos que entraban con alguna carga. Muchos se las ingeniaban para engañar al funcionario de turno y pasaban más de lo declarado. Famoso fue aquel bodeguero que traía barriles de agua, pero en los que solo los centímetros superiores contenían el líquido elemento (toma topicazo), puesto que, una segunda tapa, ocultaba unos buenos litros de morapio de Mañeru o de Puente. Otro elemento común a los 6 portales era la matrona, la cual se puede ver en muchas fotos antiguas de los portales sentada en una silla, su función era cachear a las viajeras que podían colar algún producto de extranjis debajo de faldas, sayas y refajos.

Bueno, con lo escrito hoy ya hemos conocido ubicación y funciones de los portales. Y ahora vamos a seguir viendo algún elemento que las circunstancias, las políticas aplicadas y algún otro indeseable motivo nos ha privado de conocer.

El otro día fui al Archivo General de Navarra, a hacer un recado, y, cuando salía, vi la maravillosa maqueta de Pamplona que hay a la entrada y decidí pasear por ella y contaros lo que vi, pero que ya no lo podemos ver en las viejas rúas. Su autor, Luis M. Sarasola, fecha la obra en 1900 y hay elementos que en esa fecha ya no estaban, como los baluartes de San Antón y la Victoria y el revellín de Santa Teresa, y que nunca coincidieron con las casas del I Ensanche, levantadas en parte de sus terrenos, como se ve en la maqueta. Pero no es un fallo, es una licencia que se tomó el autor, y que aplaudo, porque así podemos ver las dos Pamplonas, la anterior al 22 de agosto de 1888, fecha en que se sancionó la real orden que sentenciaba a la Ciudadela a ser mutilada en dos de sus cinco partes, y que durante muchos años dio nombre a la actual plaza del Vínculo, y la Iruña de principios del siglo XX, con su lujoso ensanche ya en pie.

Paseando despacio, con disfrute, por entre sus monocromas calles de fina madera, vamos viendo elementos que ya no están. Como he empezado mi paseo por la ciudadela lo primero que he echado en falta es todo el trozo que le quitaron. Pasear por una maqueta es como ir con las botas de 7 leguas y en nada vas de un lado a otro. En dos zancadas me planté en la parte amurallada de la Taconera y vi que falta el portal homónimo, su puente y su revellín; y vi que todos sus muros tenían troneras y ahora no; y vi que el suelo donde se sustenta una arquería gótica, que conmemora el séptimo aniversario de los “teobaldos” y que se colocó en 1937, se levantó como tapón a los fosos del baluarte de Gonzaga, se dejaron a la vista esos dos tramos que tenemos con patos, ocas, ciervas, ardillas, etc. y el resto del baluarte se cubrió de tierra y allí se plantaron los plátanos, castaños y chopos que llegan hasta la barandilla que nos asoma a la Rotxa. O sea, somos tan chulos que tenemos un baluarte entero enterrado. No os quepa duda que algún día llegará un alcalde que lo mande aflorar. Es difícil porque el muro sufrió cambios y trastadas, pero no es imposible.

Bajo el baluarte desaparecido está el río y en sus orillas vemos, en la maqueta, las casas curtidoras del barrio de la Humedad, hoy solo quedan dos paredes en pie de una de ellas. Siguiendo el río contra corriente veo que también falta, el portal de Rochapea. Al portal que falta le sigue el portal que aguanta, el de Zumalacárregui, y ante él se encontraba uno de los dos elementos desaparecidos que más me hubiese gustado que siguiese en pie, se trata del convento del Carmen, el otro era el convento de la Merced. En fin, que sigo y veo que faltan casas, conventos, teatros, plazuelas y muchas cosas más, grandes y pequeñas. Los edificios que caen, muchas veces, son víctimas de la piqueta en aras del progreso o porque su estado era ruinoso, pero hay otras en las que habría que pedir cuentas a alguien. Al maestro armero.

Y ahora cambiaré de guion para contaros como ha cambiado mi vida a raíz de todas las penas y males que atañen a mi equipo motriz. Ya hace bastantes días que a las 7 de la madrugada estoy en pie y a las 8 ya estoy subido a una bici estática en el gimnasio de la piscina. Hay que ver cómo cambiamos, yo que jamás en mi vida he tenido un chándal, ahora soy usuario cotidiano de un gimnasio y encima me gusta. Empiezo por la bici para calentar y ya luego paso a hacer series en la Low Row, luego a la Chess Press y a esta le sigue la Leg Curl. La que no hago nunca es la Purestrength. Supongo que me entendéis. Me resulta fácil, trabajar con estas máquinas, pero les pongo resistencias de 20 o 25 kilos, no más. Hay veces que me toca esperar, porque un buen mozo está trabajando en una máquina, y cuando me siento y voy a poner mis kilos veo que el anterior ha trabajado con 60 o 70 kilos, qué bestias. No me siento inferior.

Luego voy la piscina, a la sauna y a la hidroterapia. Para las 10 de la mañana soy hombre nuevo. Quién me iba a decir a mí.

Besos pa tos.

Facebook : Patricio Martínez de Udobro

patriciomdu@gmail.com