Un pamplonés contra el ébola
El navarro Mikel Martínez es uno de los pocos científicos en el Estado que ha investigado con el virus vivo del ébola. Lo hizo en Lyon, donde se ubica uno de los escasos centros acreditados en el mundo para manipularlo.
es uno de los pocos científicos en el Estado que han investigado con el virus vivo del ébola y es pamplonés. Mikel Martínez Yoldi, de 39 años, dedicó casi cinco años de su vida a intentar desentrañar los secretos del agente infeccioso más letal que se conoce -el ébola mata hasta al 90% de las personas infectadas-. Para ello tuvo que trasladarse a Lyon (Francia), donde se encuentra el Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica, uno de la escasa veintena de centros acreditados en el mundo para manipular virus muy letales vivos.
De vocación temprana, este microbiólogo, que en la actualidad trabaja en el Hospital Clinic de Barcelona, uno de los dos centros en el Estado con unidades y profesionales especializados en tratar la enfermedad del ébola junto con el Carlos III de Madrid, estudió en los colegios Larraona y Ursulinas antes de encauzar su vocación por la medicina en la Universidad de Navarra. “Durante la carrera vi que me identificaba con un perfil investigador y fui tomando esa orientación más hacia el laboratorio que hacia la atención de pacientes”, explica este microbiólogo, que realizó la residencia en Microbiología en el mismo hospital donde ahora prosigue su labor investigadora con virus.
Al concluir la residencia buscó un centro que le posibilitara aunar su interés por la virología y la medicina tropical, en concreto las fiebres hemorrágicas, con la investigación. El lugar elegido fue Lyon, donde realizó su tesis doctoral sobre el ébola. “Es uno de los pocos centros europeos con un laboratorio de bioseguridad de nivel 4, el máximo que existe, y el que se necesita para trabajar con el virus vivo del ébola”, apunta. “El acceso a estas instalaciones es restringido y requiere formación específica. Está muy controlado para proteger a los investigadores, que trabajan con escafandras herméticas, y evitar que el virus pueda extenderse. Los protocolos de seguridad son muy altos. El problema es que cualquier cosa que haces en este tipo de laboratorios lleva más tiempo, desde entrar en ellos hasta realizar cultivos”, explica.
La elección del temible ébola como protagonista de su trabajo en Francia sorprendió a su familia. “Es un campo que llama la atención, conocido por películas y libros, pero no es el único virus que causa fiebres hemorrágicas”, comenta. El científico, sin precedentes familiares en el mundo de la ciencia, salvo un tío que también es médico, centró su trabajo en el estudio de la función de algunas proteínas del virus en su ciclo vital para entender cómo funciona la infección e identificar así posibles dianas que sirvan para diseñar tratamientos contra esta terrible enfermedad que avanza sin control por varios de los países más castigados de África precisamente por la inexistencia de fármacos y vacuna. “Al principio parecía que iba remitiendo, pero continúa porque no se llegan a controlar todos los casos. El contagio no es tan fácil. Se necesita un contacto estrecho con los líquidos biológicos de las personas afectadas. Si se identifican los casos, así como sus contactos y se mantiene el aislamiento, las epidemias son controlables. El problema es que esto no resulta fácil en zonas que no cuentan con las infraestructuras necesarias”, explica.
El investigador pamplonés se dedica ahora al estudio de otros virus, como el dengue y el chikungunya. “Son dos de los arbovirus (transmitidos por artrópodos) más importantes y tienen un impacto enorme, aunque la mortalidad sea más baja que la del ébola. Hay enfermedades más prevalentes y frecuentes, pero el ébola provoca mucha alarma por su alta mortalidad, pero el número de casos es muy bajo comparado con el de otras enfermedades como la malaria”.
dinero Como científico admite la dificultad de investigar este agente patógeno. “Para los pocos casos que ha producido, hay una investigación bastante desarrollada, pero para que un tratamiento llegue al enfermo hay que dar muchos pasos e invertir mucho dinero. También es complicado a la hora de hacer ensayos clínicos porque aparece en brotes esporádicos. No sabemos cuándo ni dónde sucederá la siguiente epidemia de ébola, así que es difícil prepararse para ello”.
Martínez, también profesor asociado médico de la Universidad de Barcelona e investigador del Centro de Investigación en Salud Internacional de Barcelona (CRESIB), se declara satisfecho al haber cooperado con su trabajo a la lucha contra la enfermedad. “Todo el que dedica años de su vida a investigar y lo hace en uno de los mejores centros en este campo contribuye. Puede que el trabajo no tenga una aplicación práctica inmediata, pero aumenta el conocimiento del virus”. El sueño de este experto, casado con una gallega y padre de dos hijos, es continuar entre microscopios. “Quisiera seguir trabajando en las cuestiones que me interesan como hasta ahora y aportar conocimiento que sea útil tanto para profundizar en los mecanismos de las enfermedades como para desarrollar tratamientos y vacunas. Desde su laboratorio en Barcelona tiene un recuerdo hacia su tierra, donde pasó unos días el mes pasado, que aliña con humor. “Pamplona en San Fermín sería un buen campo de investigación”.
¿Hay que tener miedo al virus del ébola? “Depende de donde te encuentres. Hay que tenerle respeto si estás en una zona donde se están produciendo casos. Es un virus del que conocemos mucho, pero del que también queda mucho por investigar. Hay que seguir trabajando en ello”.
¿Es una amenaza internacional real? “Sí. Hay que estar preparados y vigilantes, aunque el riesgo de que llegue a un país europeo es muy bajo. No es tan fácil que el virus se transmita”.
¿Habrá brotes en Occidente? “Es muy difícil hacer predicciones sobre estas cuestiones, pero me inclinaría por vaticinar que puede haber casos importados, pero no epidemias. Espero tener razón”.
¿Habrá vacuna y tratamiento contra el virus? “Sí. Algunas investigaciones están muy avanzadas. Acabará habiendo tratamiento, algunos de ellos ya están bastante desarrollados, como el que están recibiendo los dos estadounidenses infectados, aunque aún permanecen en fase de experimentación”.
¿Se acabará controlando el actual brote? “Sí, pero no sé cuándo. Al principio parecía que iba remitiendo, pero prosigue porque no se están pudiendo controlar todos los casos. Hay falta de infraestructuras”.
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