Pamplonesa trasplantada de riñón que ha recibido la incapacidad total para su profesión: “El día que la Seguridad Social me revocó la incapacidad, se me cayó el mundo encima”
Yolanda Gironés recibió un trasplante de riñón en 2021 que le impedía seguir en el trabajo que hacía desde hace 25 años
Recuerda que era un domingo por la mañana y que viajaba en el coche a su casa de Ciriza con su perrito. De repente, sono el móvil y, si bien pensó en no hacerle caso, se fijó en que se trataba de un número largo y tuvo el pálpito de que podía ser una noticia importante. Se apeó en un espacio de la cuneta, respondió al teléfono y, al otro lado le dijeron: “Yolanda, hay una alerta de trasplante. Ven al hospital cuanto antes”. Discurría el año 2021 y Yolanda Gironés Gaite, que tan solo llevaba una semana en la lista de trasplantes y que enfilaba su noveno mes con un tratamiento de diálisis en su casa, empezó a ver la luz de un alargado túnel. Ahora, con el paso del tiempo, cuenta así su historia hasta llegar ahora a una sentencia que le ha devuelto la incapacidad total para ejercer su puesto de trabajo como charcutera y que, por tanto, le reconoce una prestación. Todo conviene recordar que Yolanda, aunque la sentencia sea firme, aún no ha cobrado lo que le corresponde por parte de la Seguridad Social.
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La afectada reconoce que en estos momentos, después de “un proceso tan duro, me encuentro feliz, contenta y tranquila. Lo peor en estos casos es la incertidumbre, vivir siempre pendiente de lo que pueda pasar y tener que esperar un año y medio al proceso judicial. Pero ahora puedo decir que al menos he descansado”.
Esta mujer, de 55 años y vecina de Pamplona, con tres hijos mayores “que han sido mi pilar durante todo este tiempo”, recibió un mazazo inesperado y sorprendente al ir a recoger una analítica al hospital. Desde su primer embarazo, Yolanda sabía que algo en sus riñones no funcionaba del todo bien y así lo decían sus análisis de orina. “Pero podía hacer una vida del todo normal, y tenía mi trabajo, mi familia, mis hobbies, no estaba condicionada en ningún sentido. Sin embargo, un día me despedí hasta el día siguiente de los compañeros de trabajo, porque tenía que ir a recoger los resultados de esas pruebas. Y a partir de ahí ya no pude volver a trabajar. Era diciembre de 2020. Al comprobar los valores que me daba la analítica me dijeron que mis riñones no funcionaban, padecía una insuficiencia renal de la noche a la mañana que se había agravado por un síndrome que padezco. Me dijeron entonces que tenía que entrar de inmediato en diálisis peritoneal en casa. Estaba ocho horas enchufada a la máquina, repleta de miedo, apuntada para un trasplante y tenía que estar siempre acompañada”, enumera de aquella época.
Al día siguiente de avisarle del trasplante, recibió un riñón nuevo a las 8 de la mañana. “Estaba muy nerviosa, les llamé a mis hijos para que vinieran al hospital porque tenía mucho miedo pero, a su vez, me hacía mucha ilusión. Me intervinieron el día de San Saturnino, que en mi casa es una fecha muy señalada porque es el aniversario de boda de mis padres. Cuando me dijeron que el riñón era para mí, no me lo creía. Salió todo bien, pero la adaptación a esta nueva vida ha sido muy complicada. Te quedas en una situación muy desprotegida a nivel laboral y económica, yo soy una mujer sola y no tengo una estabilidad de ingresos. Ahora, mis hijos me tienen que ayudar, tengo que pedir subsidios, bonos sociales, todo eso también te aísla socialmente porque dejas de hacer muchas cosas para tener dinero en el día a día y, además, vives siempre pendiente de un posible rechazo del riñón, con revisiones continuas...”.
Pero todo se empezó a torcer demasiado pronto. La Seguridad Social le concedió la incapacidad total una vez que fue trasplantada, pero en la primera revisión que se le efectuó, a los meses de la intervención, le revocaron la incapacidad. La mandaron a trabajar con el alta laboral. Pero ella no podía. Era imposible seguir con su desempeño laboral, porque después de haber sido charcutera durante más de dos décadas, sabía de los riesgos que para su trasplante tenía el seguir en su puesto de trabajo. “La Seguridad Social me mandó una carta en la que decían que como había mejorado y no había rechazo del trasplante, no estaba incapacitada. Se me cayó el mundo encima. Hasta que conocí a Berta (su abogada) y me pudo mostrar la luz y que había posibilidades de obtener la incapacidad vía judicial. Ella ha sido un gran apoyo y se ha hecho justicia. Sufro una enfermedad crónica, me han puesto un riñón gracias a alguien para no estar todo el día enganchada a la diálisis, pero ¿es tan difícil de comprender eso?”, se pregunta, dirigiendo su cuestión al INSS. “Hace dos meses tuve un falso rechazo, tengo una enfermedad de por vida y tomo 20 pastillas. De-volvería todo por encontrarme bien y poder trabajar como antes. No voy a una incapacidad para no trabajar, necesito trabajar para mi mente y mi salud, pero no puedo hacerlo”.
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