“Estoy muy contenta con la aceptación de mi eutanasia y no tengo dudas; para vivir así no merece la pena”
Cuando Clara nos concedió esta entrevista, el pasado martes, sabía que el viernes fallecería voluntariamente. Conocer su desenlace, algo tan conmovedor, en cambio le alivió. “Me voy a gusto”
Este es el testimonio de Clara, una modista navarra jubilada que prefirió que no se hiciera público su apellido. Nacida en Irurtzun, en 1950, falleció este viernes en Pamplona tras aplicarle laeutanasia.
Nos encontramos el martes en la residencia donde vivía en Pamplona. Ese día había conocido que el 24 de abril se cumpliría su voluntad. Estaba satisfecha, segura del paso que estaba a punto de dar. Al día siguiente, miércoles, volvimos a encontrarnos con Clara para llevarle la entrevista y hacerle unas fotos que preservasen su anonimato. En su cuerpo, prematuramente envejecido, en sus manos incapacitadas, en su hilo de voz o en su rigidez se apreciaban algunos síntomas de una dolencia que se le hizo imposible de sobrellevar, pero que no doblegó su carácter. Un accidente le cambió la vida. Según nos transmitieron desde la asociación Derecho a Morir Dignamente, Clara se fracturó la columna cervical tras una caída. La operación le dejó en situación de tetraplejia. Aunque una larga rehabilitación le hizo mejorar provisionalmente, hace tiempo llegó el empeoramiento.
¿Qué te lleva a transitar este camino, Clara?
–No estar contenta con mi vida aquí, porque en vez de ir para adelante voy para atrás. Yo tuve una caída, me caí de una banqueta en un bar, estaba con mi familia, me tuvieron que operar de la médula. Desde entonces estoy así, y llevo tres años y pico.
La operación no salió como esperabas.
–Como esperaba yo por lo menos no.
¿Cuándo empezaste a pensar en esto?
–Hace unos dos años.
¿Empeoraste?
–Tenía hecho el testamento vital. Había pasado también un linfoma de Hodgkin hace años. Todo eso me hizo hacer ese testamento vital. Yo he donado los órganos, pero a partir de esa enfermedad no se puede.
¿Cuál es tu día a día?
–Un poco aburrido, me cuidan muy bien, pero la gente tampoco es mi gente.
¿Y al recibir la respuesta afirmativa a la eutanasia, qué sentimientos has tenido?
–Muy contenta, porque temía un ‘no’.
¿Y en tu entorno?
–Contentos, muy contentos. Tengo ocho hermanos, sobrinos y sobrinos nietos, una sobrina vive en Catalunya, pero ya han estado aquí y mañana (por el miércoles) vendrán también. Mis sobrinas vienen todos los días. Mucha gente ha pasado a verme y a abrazarme.
“He podido disfrutar bastante de la vida. Por eso no quiero estar aquí, porque esto no es vivir. En vez de ir para adelante voy para atrás”
¿Y todos te han apoyado en esa decisión?
–Me han preguntado a ver por qué. ¿Qué quieres, que siga? Para vivir así no merece la pena.
Lo tienes muy claro, sin dudas.
–No, ninguna.
Y te lo han entendido...
–Parece que sí.
¿Temías que te intentaran convencer para que desistieras?
–Conozco mucha gente por el mundo, a quienes se lo he dicho me preguntaban que por qué tan pronto. Tengo unas cartas muy bonitas de apoyo.
Están siendo tardes de despedidas, con muchas emociones.
–Tienen pena de perderme, pero...
¿Tú qué les dices?
–Que yo me voy a gusto.
¿No tienes miedo?
–De momento no. Ya veremos después... Y el viernes está aquí ya.
¿Crees en algo?
–No... A ver los católicos lo que piensan. Tengo amigos que lo son.
¿Los compañeros de la residencia lo saben?
–No lo he dicho a nadie, porque no estaba segura de si me dirían sí o no.
¿Has hecho amigos aquí?
–No, amigos no. Es difícil.
¿Por qué?
–Por el tipo de gente que es.
¿En qué sentido?
–Que son muy diferentes de mí.
¿Más reservados?
–No, es cuestión de las vidas que has llevado.
¿Cómo ha sido la tuya, Clara?
–He viajado bastante y he trabajado muchísimo también.
¿Cuál ha sido tu trabajo?
–Modista.
¿Desde jovencita aprendiste el oficio?
–Sí, en Mater Amabilis a hacer pantalones, y a partir de ahí yo solita fui haciendo otras cosas.
“No he tenido dudas ni un día. Yo digo a la gente que me paso a otro universo y el que quiera entenderlo que lo entienda”
¿Has podido disfrutar de la vida?
–Bastante. Por eso no quiero estar aquí, porque ya he estado en otra vida mejor, y esto no es vida.
Antes de la caída...
–Yo vivía muy bien.
¿Dónde residías?
–En la calle del Carmen, en Pamplona.
¿Hacías vida por el Casco Antiguo?
–Sí, me hacía como 15 kilómetros al día, y trabajo con las manos.
¿Le has dado muchas vueltas a esa caída?
–No, ¿para qué? Ya está hecha.
¿Crees que el proceso está bien montado, te has sentido juzgada?
–No, me he sentido bien. Conmigo se ha portado muy bien todo el mundo. No sé si con los demás, pero conmigo sí.
¿Cambiarías algo del proceso de eutanasia?
–No, cambiaría mi situación.
¿Por qué quieres dar esta entrevista?
–Por Soco. (Soco Lizarraga, de la asociación Derecho a Morir Dignamente, presente en la conversación).
Pero yo te decía antes de empezar que tenías que estar convencida.
–Pues ya está, ya está hecha.
Hay gente en situación delicada y padeciendo.
–Hace falta que tengan bien la cabeza, porque tienen que decirlo cuando están en sus cabales. Es un tema que hay que controlar mucho. Antes a los locos les metían en el manicomio y no les sacaban. Con esto puede pasar lo mismo. Hay que controlar mucho. Para que la gente diga que sí, pero que lo diga convencida.
Y tú lo estás. No ha habido ningún día que albergaras dudas.
–No, ni uno. Y está llegando el día, o sea que ya no va a pasar.
¿Crees que hay que ser valiente para tomar una decisión como esta?
–No tengo ni idea. Yo lo hago porque no me gusta vivir así.
¿Hablaste con los médicos sobre tu evolución? ¿Era degenerativo?
–Uno de ellos me quería operar. Yo le decía: ¿Operarme, para qué? ¿Voy a avanzar? Y me dijo: Te puedes quedar un poco peor. Entonces, ¿pa qué?
¿Duermes bien estos días?
–No, pero no duermo bien hace mucho. También es verdad que aquí nos meten muy pronto a la cama, y son muchas horas de estar ahí. Las noches son muy largas, pero no por ser ahora, sino de siempre.
¿Sueñas?
–No me acuerdo de los sueños, igual es por suerte. Porque la gente cuando se acuerda de los malos...
¿Qué te ha costado más en todo esto, aparte del padecimiento?
–El decírselo a la gente. Igual eso te cuesta. Tengo una amiga de Florida, que es de las que va a Lourdes. Antes de ayer (por el domingo) me dijo que quería venir a verme. Yo se lo dije, pero no me entendió, o sea, que no quería entenderlo. Pero hoy ya se lo he dicho: Si quieres verme ven antes de que yo desaparezca el viernes.
Se lo has dicho así, con esa contundencia...
–Como hay que hacerlo.
Mucha gente pensará que eso es ser muy valiente.
–No lo sé. Lo tienes que decir. Yo les digo que me paso a otro universo y el que quiera entenderlo que lo entienda.
Cuando se lea esta entrevista crees que habrás descansado...
–Estaré por ahí flotando.
“No tengo ni idea si hay que ser valiente para tomar una decisión como esta. Yo lo hago porque no me gusta vivir así”
Me decías que has sido viajera. ¿Algún país especial entre los que visitaste?
–He estado mucho en Marruecos, en Turquía, en India, en China, en Jordania... he estado en muchos sitios.
¿Te considerabas una mujer ‘moderna’?
–Siempre he sido moderna, digo yo.
¿Rompedora con lo establecido?
–Yo creo que sí.
¿Y con personalidad?
–Eso siempre.
¿Hace falta personalidad para que no te pisen?
–Mucha. Sobre todo siendo mujer.
¿Te gustaría añadir algo?
–He escrito una carta para dar las gracias a esta residencia. Porque también hay que darles las gracias. Me la ha hecho una sobrina que es periodista.
¿Sales estos días al exterior?
–Estoy todo el día en la calle y recibo mogollones de visitas. Esta mañana han estado mis sobrinas con los niños. Después ha estado el que está siempre (uno de sus hermanos), porque ahora tengo que estar con una persona siempre... ¿La gimnasia? Sigo yendo, porque lo poco que tengo no lo puedo perder.
