Si la final del Eusko Label Winter Series, campeonato que ha llenado el frontón Jai Alai de Gernika en todas sus funciones, tiene tirón mediático, la retirada de Iñaki Osa Goikoetxea (Zumaia, 1980) da aún más trascendencia al choque. Este domingo, a partir de las 12.00 horas, se retira casi tres décadas después de su debut en Milán en 1996. Como siempre, es favorito junto a Unai Lekerika ante Aritz Erkiaga e Ion Ibarluzea

Hay veces que el partido es lo de menos; así que el puntista más importante del siglo XXI charla de su vida deportiva y personal con esta cabecera sin hacer referencia apenas a una cita fantástica. Lo hace en los vestuarios tras un ensayo en el escenario de la final. Está relajado.

Este domingo disputará su último partido después de una carrera de 28 años en la élite. Se despide en la final del Eusko Label Winter Series y se cierra una era en la que usted ha sido el pelotari más importante de la especialidad durante dos décadas. ¿Qué se le pasa por la cabeza?

—La verdad es que tengo ganas de terminar.

“En Milán metía muchas horas en el frontón. No hacía vida social fuera. Tenía 16 años y todos eran mayores”

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Goikoetxea y Lekerika se meten en la final del Winter Series ante Johan-López

Me podía esperar cualquier respuesta menos esa. 

—Sí, tengo ganas. Fíjese, desde que anuncié que iba a retirarme en Gernika hasta ahora han pasado más de seis meses. El trabajo diario para llegar bien al encuentro es esencial para mí, así que trabajo un montón y quizás no juego tanto, porque no quiero cargarme demasiado. Hago a diario físico o frontón y, sinceramente, me cuesta. Tengo 43 años y el tiempo pasa para todos. Aunque en el partido me encuentre a gusto, pero todo lo previo es cansado.

Se despide de la cesta punta en activo en una final. Algo similar vivió el curso pasado Diego Beaskoetxea, otro histórico.

—Estoy contento. Ganar sería superbonito, pero lo que quiero es disfrutar del día con todos los que me han querido y los que me han seguido todos estos años. El resultado sí que es importante, pero no le estoy dando muchas vueltas. Sobre todo, para no autopresionarme.

Debutó con 16 años en el frontón de Milán. Era apenas un niño que coge una maleta y se marcha a otro país a labrarse un futuro deportivo. ¿Qué queda de aquel chaval?

—Poca cosa. Ahora tengo dos niños y estoy casado (risas). Ha llovido un montón desde entonces. He tenido muchas experiencias y he podido vivir del deporte todos estos años. Eso no está al alcance de mucha gente. Me he ganado la vida con lo que me gustaba. Es un lujazo. Me encantaría agradecérselo también a todos los que me han ayudado.

Es complicado ponerse en el pellejo de la familia cuando un muchacho se marcha tan joven a buscarse la vida.

—Era más gamberro (risas). Hablando en serio, creo que fue una pena para mis padres, pero cuando han visto el resultado pienso que están contentos.

“En casa de mis padres les digo que no me hablen del frontón. Tienen un hijo que se llama Iñaki, no Goiko”

¿Y recuerda cómo llegó esa oportunidad?

—Sí. Fue todo muy rápido. Si me llegan a dejar una semana más para pensar, igual me habría quedado en Zumaia. No pude ni digerirlo.

¿Cómo era la vida en Milán para un pelotari menor de edad?

—Metía muchas horas en el frontón. No hacía mucha vida social fuera de la cancha. Tenía 16 años y todos los de mi alrededor eran mayores. Es época de salir y estaba un poco fuera de mi terreno. Salía algunas veces por sitios que eran para mayores y no pintaba nada; así que pasaba mucho tiempo en el frontón.

Un muchacho en un mundo de hombres.

—Era un mocoso. Te sueltan y tienes que espabilar en muchas situaciones.

¿Recibió algún golpe?

—No, pero vives experiencias distintas. Al mismo tiempo, he de decir que me pude realizar. Acabas tirando hacia delante.

“La vida del pelotari es buena. Poder vivir del deporte está al alcance de muy pocos. Soy un afortunado”

Al final, la cesta punta le ha forjado como hombre, como ser humano. En la cancha, bajo los focos, se está apenas una hora, pero ha madurado, ha crecido y ha construido su personalidad en torno a un frontón.

—Me suele gustar diferenciar. Goiko soy aquí –señala con las manos las entrañas del Jai Alai de Gernika–, pero fuera, con mis amigos, soy Iñaki, el de siempre. Es algo que me gusta, porque no le dan la importancia a Goiko. En el frontón haces lo tuyo y ellos hacen lo que tienen que hacer en su curro. Salimos y se acabó.

Iñaki Osa Goikoetxea, en el frontón Jai Alai de Gernika. José Mari Martínez

¿Habla de pelota?

—No me gusta. En mi casa tengo la suerte de que mi mujer no me pregunta. En casa de mis padres, además, les digo que no me hablen del frontón. Tienen un hijo que se llama Iñaki, no Goiko.

No lo tenía fácil cuando sus dos hermanos mayores jugaban a cesta punta.

—Ellos se iniciaron y yo comencé a entrenar a los seis. Sí que se jugaba, pero no se hablaba mucho.

Retomando el hilo de su carrera, un año después de aterrizar en Italia toma el puente aéreo a Newport (Rhode Island, Estados Unidos).

—Estuve dos temporadas. En la segunda temporada jugué un torneo con otros frontones y acabé yéndome a Orlando hasta los 22. Después me marché a Miami y allí me quedé trece años.

En la retina siempre queda la preciosa época del jai alai antes de la huelga de finales de los ochenta.

—La importancia de la cesta estaba bajando. Había más deportes para apostar, más oferta de ocio en Estados Unidos. Antes era solo frontón, NFL y poco más. Según avanzó el tiempo, un ciudadano de Miami podía ir cada día a un evento distinto.

“Tengo ganas de coger la tabla de surf o ir a esquiar. Creo que voy a estar un tiempo sin tocar la cesta”

¿Es buena la vida del pelotari en Miami?

—Sin duda. La vida del pelotari es buena, pero en cualquier sitio. Poder vivir del deporte está al alcance de muy pocos. Ganas dinero para vivir, mucho menos que antes, y puedes ahorrar un poco.

Lo dice con una sonrisa. ¿Se considera un tipo afortunado?

—Desde luego. He podido vivir de la cesta y triunfar en un pequeño deporte. ¿Se puede pedir más?

Ha ganado trece veces el Individual y ocho Parejas en Euskadi, siete veces la Triple Corona y quince Individuales en Miami y es el puntista más importante del siglo XXI. Su nombre está en la historia.

 

—No le doy muchas vueltas a eso. Mi trabajo es jugar, prepararme a tope para estar bien en los campeonatos. He tenido suerte con las lesiones y he podido estar en todos los campeonatos posibles. Eso sí que es ser afortunado: no lesionarse en 27 años.

Es prácticamente imposible encontrar una carrera profesional tan longeva en un deportista que debuta tan joven, desde luego. Está hecho genéticamente para el frontón.

—Tiene razón, pero no lo sé. Mi hermano me decía siempre: “Dedícate a la pelota que no vales para otra cosa” (risas). Le he hecho caso.

Además, es un pelotari querido.

—No es fácil. Cuando estás en la cima, hay comentarios con segundas y gente que no lo ve bien. Pero en líneas generales me siento querido, sí.

Y también ha vivido épocas de decadencia de la modalidad, pero en el Winter Series se ha recuperado la moda de la cesta: llenazos, buenos índices de audiencia... ¿Qué opina?

—No se puede pedir mucho más que retirarme del deporte tal y como está. Si hubiera sido hace seis o siete años, con los frontones más bajos de asistencia; me habría dado más pena, porque te vas y ya está, termina todo. Hacerlo así es gratificante.

“Mi hermano me decía siempre: ‘Dedícate a la pelota que no vales para otra cosa’ y le he hecho caso”

Iñaki Osa Goikoetxea, en el frontón Jai Alai de Gernika. José Mari Martínez.

Por su vida de puntista han pasado más cosas. Lleva desde 2016 en la plantilla de deportistas de Red Bull y también hizo un anuncio para Loewe en 2014. 

—Son cosas que no me podía ni haber imaginado. Me siento muy agradecido a Red Bull por cómo me han cuidado todos estos años. Dimos un pequeño giro al deporte. Veníamos de jugar con cascos blancos y yo lo pinté. Los patrocinadores entraron también por ahí. Surgieron también pequeños problemas con eso, ya que no se me dejó competir por el casco patrocinado. Gracias a ello, en Austria me usan como ejemplo, porque aposté por la marca. A la larga me benefició. 

Cuando acabe su carrera como pelotari profesional se incorporará a la disciplina técnica de Eraman! Jai Alai. ¿Qué objetivos tiene?

—Veremos qué vuelta se le puede dar a la cesta punta. Trataré de sacar lo mejor. No miro lejos. Voy día a día.

Muchos de sus compañeros pelotaris dicen antes de despedirse que echarán de menos el ambiente del vestuario o marcharse cada fin de semana al frontón. ¿Qué cree que le causará nostalgia en su día a día?

—No lo sé. Cuando me entren las ganas, iré al frontón y echaré unas pelotas, pero la verdad es que tengo ganas de coger la tabla de surf o ir a esquiar. Creo que voy a estar un tiempo sin tocar la cesta. ¡A menos que decida volver! (Risas). Es broma, ahora juego un partido y paso dos días con molestias.

El cuerpo lleva su peaje.

—Antes le decía que no me había lesionado, pero sí que llevo mucho trote encima. He podido disfrutar de otros deportes durante estos años, pero no con continuidad. Quiero llevar la tabla de surf en el coche, andar en bici o ir a esquiar. Me gustan muchos deportes. Por eso me identifico tanto con Red Bull.

Es el prototipo de pelotari moderno. Rompe el molde del clasicismo.

—Siempre me ha gustado hacer muchas cosas. Por ejemplo, tocar la guitarra me ayudó en Estados Unidos a salirme del mundo del jai alai. Tenía mis amigos y tocábamos en bares. No era por dinero, era por escapar.

Eso sí, será pelotari para siempre. Eso que lo tenga en cuenta.

—Voy a tomarme un descanso. Pero regresaré. 

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Aunque parezca aparcada, ha de volver a la final del Winter Series. Juega contra Aritz Erkiaga, el mejor delantero de los últimos años.

—Será una final dura. La txapela pasa por evitar que entre cómodo.