endurecimiento de la ley de posesión de armas

El ultraderechista Tarrant, imputado por asesinato por la matanza de Nueva Zelanda

Las autoridades anuncian un endurecimiento de la ley de posesión de armas, así como la prohibición de las semiautomáticas

09.02.2020 | 00:55
Dos jóvenes muestran su dolor, junto a las flores depositadas en recuerdo de las víctimas cerca de la mezquita de Al Nur, en Christchurch.

Christchurch - Nueva Zelanda presentó ayer cargos de asesinato contra el autor de la masacre de Christchurch y anunció una reforma de su ley de armas mientras intenta rehacerse tras sufrir el peor atentado de su historia. Brenton Tarrant, australiano de 28 años, de ideología de extrema derecha, antimusulmana y antiinmigración, es el presunto responsable de los ataques a la mezquita de Al Nur, cerca el Jardín Botánico, y a la aledaña Linwood, que dejaron 49 muertos y casi medio centenar de heridos, entre ellos menores.

El sospechoso, quien al entrar al tribunal del distrito de Christchurch fuertemente custodiado hizo un gesto característico de los grupos supremacistas blancos (juntar los dedos pulgar e índice), deberá comparecer el próximo 5 de abril ante el Tribunal Superior. "El hombre actualmente afronta un cargo de asesinato, pero obviamente formularemos otros más", dijo la primera ministra, Jacinda Ardern, en una rueda de prensa en Christchurch. "Era su absoluta intención continuar con estos ataques" cuando fue detenido, añadió Ardern que el viernes calificó la masacre como un "ataque terrorista".

La oficina de la primera ministra confirmó que recibió de Tarrant por correo electrónico una copia del manifiesto en el que éste exponía su ideología "extremista, racista y fascista" y justificaba su acción, menos de 10 minutos antes de que iniciara su asalto a la primera mezquita.

En el documento, Tarrant, además, se describía como "un tipo normal de una familia blanca de clase trabajadora" que decidió pasar a la acción "para garantizar el futuro de mi gente".

Consumidor de páginas web con contenidos de ultraderecha, Tarrant asegura que llegó a establecer contacto con Anders Breivik, el ultra noruego que mató a 77 personas en su país en 2011, y que este apoyó su acción.

Tarrant, quien retransmitió en vivo durante 17 minutos ese brutal ataque en el que recargaba los tambores de su arma semiautomática y acababa con sus víctimas sin piedad, es uno de los tres presuntos implicados en estos ataques islamófobos.

Entrenador en un gimnasio entre 2007 y 2009, en 2011 dejó el trabajo para viajar por el mundo, en un periplo que lo llevó a sitios como Corea del Norte, Pakistán y Europa.

En 2017 regresó a Nueva Zelanda ya radicalizado y obtuvo una licencia de armas. Tenía en su poder cinco armas, entre ellas dos semiautomáticas de estilo militar, con las que habría perpetrado los ataques.

En su manifiesto, Tarrant asegura que inicialmente no tenía pensado realizar su ataque en Nueva Zelanda pero que acabó haciéndolo en este país porque al ser considerado como un lugar seguro este tendría un mayor impacto en la opinión pública.

Instantes antes de asaltar la mezquita de Al Nur, Tarrant aparecía en un vídeo que retransmitió en directo en Facebook dentro de su coche escuchando una canción que hace apología de Radovan Karadzic, condenado por genocidio contra los musulmanes de Bosnia.

Los otros dos sospechosos siguen bajo custodia mientras la Policía investiga su implicación en el caso.

Ardern felicitó a los policías y servicios de emergencia que respondieron a la masacre, atendieron a las víctimas y desactivaron explosivos, especialmente a dos agentes que participaron en la detención del presunto sospechoso. "Muchos de ustedes habrán visto las imágenes de la detención y solo puedo describirla como un acto de valentía en nombre de todos los neozelandeses", remarcó Ardern.

El comisionado de la Policía, Michael Bush, explicó a la prensa que las fuerzas de seguridad tardaron 36 minutos en arrestar al sospechoso tras la primera llamada de emergencia. El jefe policial añadió que de momento no se busca a ningún otro sospechoso por los ataques.

REFORMA LEGAL Christchurch seguía ayer bajo un fuerte despliegue de seguridad, con las dos áreas de los ataques acordonadas, mientras las fuerzas de seguridad inspeccionaban la zona en busca de pruebas y las autoridades anunciaban una reforma legal para regular el uso de armas. "Nuestras leyes de armas van a cambiar", aseguró Ardern, al explicar que tras los intentos para reformarlas en 2005, 2012 y 2017 "ahora es el momento de hacerlo".

La primera ministra prometió una "rápida respuesta" de su Gobierno y aseguró que la prohibición de posesión de armas semiautomáticas es "sin duda una de las cuestiones que considero con efecto inmediato".

Actualmente, para poseer armas en Nueva Zelanda hay que tener más de 16 años y pasar los controles policiales, según el portal GunPolicy.org.

El actual sistema permite a las autoridades conocer quiénes son los propietarios de armas, pero no el número de armas que poseen ni sus características.

Ardern también dijo que estudiará cómo reforzar el control de fronteras y la coordinación en el intercambio de información con Australia.

Mientras tanto, los médicos siguieron atendiendo a los 39 heridos que siguen ingresados, once de ellos en la unidad de cuidados intensivos, incluido un menor de dos años.

La primera ministra, que durante la jornada visitó a heridos en el hospital y miembros de la comunidad musulmana de Christchurch, dijo que esperaba poder identificar a todos los fallecidos antes de que terminara el día y retirar los cadáveres que aun yacían en las mezquitas para devolverlos a sus familias.

Christchurch

entre el dolor y el desconcierto

Unidad frente a la islamofobia. Christchurch vivió ayer una jornada de luto entre el desconcierto y el horror por los ataques a las dos mezquitas con mensajes de unidad contra la islamofobia. La apacible ciudad de la Isla Sur, de unos 388.400 habitantes, todavía no da crédito al ataque, la peor masacre que ha padecido el país oceánico. "Uno creía que eso pasaba en Estados Unidos, en ciudades grandes como Londres o París, pero jamás en Nueva Zelanda y mucho menos en Christchurch", decía durante todo el trayecto Pita, un profesional taxista que lamentaba una y otra vez: "No puede ser, parece increíble". El cielo gris de Christchurch acompañaba el humor de desolación de los habitantes de esa ciudad, que acudieron en grupo o solos a dejar flores en un semáforo cerca de la mezquita de Al Nur, cuyos alrededores estaban acordonados por la Policía. Junto a las flores había un cartel en árabe y otro en inglés en el que se leía "no importa de dónde vengas, no importa tu religión, estoy feliz de ser tu vecino".