comicios de los últimos lustros en el mundo industrial

Las mil caras del populismo

Las opciones autoritarias, excluyentes y xenófobas como el fenómeno Trump resurgen en el mundo industrial ante el ‘miedo’ a los avances técnicos o la globalización económica

09.02.2020 | 11:50
El extremista y xenófobo vicepresidente y ministro de Interior de Italia, Matteo Salvini.

Las opciones autoritarias, excluyentes y xenófobas como el fenómeno Trump resurgen en el mundo industrial ante el ‘miedo’ a los avances técnicos o la globalización económica

Los comicios de los últimos lustros en el mundo industrial han registrado un pujante resurgir del populismo. Si se prescinde de las variantes forzosas (por lugar y problemas del momento), se puede ver un general retroceso de los valores democráticos casi paralelo con el auge del populismo.

El fenómeno Donald Trump podría parecer un síndrome estadounidense si no fuera porque las opciones autoritarias, excluyentes y xenófobas crecen también en Alemania, Italia, los países escandinavos, Hungría, Polonia, Europa del Este y hasta en Filipinas? sin olvidar que el brexit no es en el fondo más que la versión británica de la intolerancia xenófoba.

En Alemania, el ricachón de Europa, el retroceso democrático es tal que casi se puede decir que es alarmante. Porque si antes de la caída del muro de Berlín cualquiera de los dos grandes partidos parlamentarios (SPD, socialdemócrata, y CDU/CSU, conservador) rondaba habitualmente la mayoría absoluta, hoy estos grandes de otrora se las ven y se las desean para imponerse a ofertas populistas (Alternativa para Alemania, La Izquierda, etc) que alcanzan sin más la adhesión del 20% o más de los votantes.

Como pasa a menudo, las explicaciones más convincentes del resurgir del populismo han surgido primero en EEUU. Los sociólogos estadounidenses creen que lo que ha motivado el triunfo electoral de Trump es, en esencia, lo mismo que aúpa el populismo en el resto del mundo; sobre todo, del mundo blanco.

Los sociólogos trasatlánticos creen que la explicación está en un miedo, un abandono y un gran cambio étnico-social. Miedo al cambio: hoy por hoy sólo se ve en los balances de los censos, pero el país está a punto de dejar de ser de mayoría blanca. En la próxima generación, los blancos serán una minoría más en el contexto nacional. Y si bien son pocos los blancos que lo saben, la casi totalidad intuye ya esta pérdida de protagonismo? y de mando.

más británicos y más pobres Evidentemente, este es un problema genuinamente norteamericano. Pero, mutatis mutandis, se puede decir que el brexit británico se le parece mucho. No porque en el Reino Unido los blancos vayan a dejar de ser mayoría en un futuro inmediato, pero sí porque la mitad del país encaja peor la pérdida de soberanía que supone la pertenencia a la Unión Europea que los beneficios materiales que le reporta. Puestos a elegir, entre ser más británicos y pobres o menos británicos y más ricos, los del Reino Unido eligieron lo primero. Y en el resto de Europa el miedo se llama ahora xenofobias.

El abandono -y causa de la derrota demócrata ante los republicanos de Trump- ha sido el del Partido Demócrata. Elitista, académico y moralista, se ha desentendido cada vez más del proletariado blanco para romper lanzas en defensa de minorías que no le han dado ni el poder ni las gracias. En Europa el desencuentro entre los partidos y los grupos sociales es quizá aún mayor.

Y por último, el miedo. Los sociólogos lo han llamado miedo, pero también se podría decir escasa preparación intelectual. Ese miedo es la consecuencia de los avances técnicos en el mundo industrial, de la galopante globalización de la economía mundial y -y esto es lo esencial- de la incapacidad de los segmentos menos formados profesional e intelectualmente de mantener su estatuto económico en las nuevas circunstancias. Ese grupo humano -grande y débil- teme al porvenir porque no entiende lo que pasa y odia a los forasteros porque ve enemigos en todo cambio y en todo lo que no conoce?

Estos tres factores son el gran capital del populismo. Las frases tajantes, sus explicaciones simples por simplistas y las promesas de sopa boba de los populistas es lo que esas masas asustadas quieren oír. Y no las quieren analizar porque temen que entonces ya no oirían lo que quieren oír.

Ni tampoco quiere recordar. Porque si recordasen las catástrofes que trajo el populismo estalinista a la URSS, el nazismo al III Reich, y el fascismo a Italia - solo por citar tres ejemplos de la Historia reciente - se verían obligadas a hacer lo que más les cuesta : evolucionar y adaptarse (con no pocos esfuerzos) a una nueva forma de vivir, convivir y trabajar.