Republicanismo

Navarra y la recesión que llega

10.05.2020 | 01:23
Navarra y la recesión que llega

La crisis del 2008 hizo que a muchos navarros se les derrumbaran algunos mitos. Había sido tanto tiempo en el que tantos habíamos contribuido a presentar esa idea de una Navarra omnipotente y autosuficiente, siempre próspera, capaz incluso de dar lecciones, que cuando llegó una caída incontrolada de los ingresos fiscales se vino abajo la Arcadia feliz que se había querido pintar. Por recordarlo con cifras, en el ejercicio presupuestario de 2010 se recaudaron vía impuestos 600 millones menos que en 2007. Los presupuestos que presentó aquél primer gobierno UPN-PSN incorporaban 357 millones de recortes (sí, recortes socialistas) y otros 248 de déficit. Era el guiso que preparó aquel Miranda de tan infausto recuerdo, mientras Barcina acuñaba el blasón de toda su legislatura, la excusa de su fracaso: "es que cuando llegué, me encontré con 600 millones menos de ingresos". El presupuesto de Navarra de 2011, inicialmente de 4.188 millones, se recortó por el recién nacido Gobierno socioregionalista a 3.831, y el previsto para 2012 bajaba a 3.733. En número redondos, lo que le ocurrió a la Hacienda foral es que desapareció un 20% de lo que le llegaba antes. En aquel entonces muchos trabajadores que pudieron mantener sus empleos también sufrieron rebajas salariales en porcentajes similares, y tuvieron que rehacer sus economías familiares. Algo que parecía imposible para un Gobierno de Navarra al que se le pide desde siempre que financie una sanidad y una educación de alta calidad, que invierta en todo tipo de obras e infraestructuras, que sostenga el carísimo e ineficiente entramado local, que despliegue una política social casi ilimitada, o que favorezca mediante incentivos el devenir agrícola e industrial de la comunidad. ¿Qué es lo que hay que quitar cuando todo no se puede pagar? La decisión es mucho más sencilla en el ámbito privado que en el público, desaparecidos los liderazgos políticos capaces de mostrar un camino. Importa más postear en Instagram una foto haciendo bricolaje o jugando con el gato.

Lo que viene ahora es peor que lo que llegó entonces. Publicaba este periódico que hay cautela en el departamento de Hacienda para avanzar una cifra, pero ya se empieza a hablar de unos 400 millones de menos ingresos. Juan Carlos Longas explica un fenómeno que es empirismo puro: la porción de la recaudación baja (o sube) más de lo que baje (o suba) el PIB. A falta de algoritmo que lo concrete, sabemos que indefectiblemente volverá a descalabrarse el presupuesto de Navarra. Lo que probablemente no quieran aceptar en Palacio es que ese descalabro va a ser mucho mayor de lo que creen, y además mucho más duradero de lo que les gustaría. Me consta que algún exconsejero de Hacienda opina que se acercará más a los 1.000 que a los 400, y que no será una pérdida acotada a este 2020. Esta semana, Funcas hablaba de que la recuperación de la recesión no se verá hasta 2023, justo el año en el que se supone acabaría la legislatura navarra. Coincide con lo que avanza el propio Ministerio de Economía, que habla de una uve asimétrica que significa no otra cosa que la recuperación no va a ser un rebote automático, sino un periodo lento y en el que habrá que sacrificarse mucho. Ilusos los que crean que la Europa del norte no podrá dejar de ayudar a la del sur, y que llegará algún mecanismo que mitigue nuestra catástrofe. La hecatombe económica del coronavirus también la van a sufrir en Alemania o Finlandia, donde la Comisión Europea pronostica caídas superiores al 6% en sus economías, mientras a nosotros nos asigna algo más de un 9%. No parece probable que aquellos países puedan derivar fondos de solidaridad hacia los más damnificados cuando ellos mismos van a vivir una situación calamitosa. No va a haber un colchón en el que caer, como tampoco existe la posibilidad de tirar ilimitadamente de deuda para suplir lo que falte por recaudación porque la crisis económica va a durar bastante tiempo.

Así que veremos cómo se las compone el Gobierno de Navarra para sostener un modelo político que ya es imposible pagar. Sería deseable que se comenzara por garantizar que la sanidad va a estar al margen de cualquier restricción, una vez que algunos han comprobado, descarnadamente, el valor social que tiene. Y al minuto siguiente, que diga Chivite si cree que se podrá salir de este marasmo, el peor que hemos vivido desde la Guerra Civil, con ese gobierno que preside en el que no había sillas para sentar a tantos consejeros.

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