Republicanismo

El pacto

13.02.2022 | 02:00
El pacto

El escarceo de Esparza y sus dos principales consecuencias. La primera, que ha refrendado la centralidad del PSN, un partido que ya ha demostrado ser capaz de pactar sin estridencias con todo lo que tiene a su izquierda –Podemos, IE–, con Geroa y con Bildu, y que al mismo tiempo es pretendido por UPN. Digo sin estridencias dejando al margen el gañanesco devenir de Alzórriz, al que ahí tienen para los escupitajos. Pero no hay duda de que Chivite, con poco más desembolso político que ampliar hasta su límite físico la mesa en la que sienta a los consejeros, va a terminar tranquila una legislatura en la que nadie ha roto ninguna vajilla y las cosas han ido avanzando dentro de lo posible. A esa fortaleza en el desempeño acaba de añadir otra: la UPN rendida que llama a su puerta, se sienta servil a su mesa (gastronómica, de momento) e incluso ofrece sus afligidas disculpas por las molestias causadas por los dos diputados autócratas. Los socialistas acreditan históricamente que hay vasos comunicantes en sus tendencias políticas de España y Navarra, de manera que si suben en un espacio es que lo hacen en el otro, y lo mismo si bajan. Lo de Sánchez va menguando, fruto de una irreversible desafección. Pero sigue adelante y hasta sus detractores piensan que lleva una flor en el culo, tal que el diputado Alberto Casero incapaz de leer la listita de instrucciones recibidas para su votación telemática. En las elecciones forales hubiera sido raro que crecieran en votos, pero sea como fuere, bien que podrán decir que tan mal no lo hacen cuando merecen confianza a su diestra y a su siniestra, de partidos vasquistas y de la antítesis de estos. Si uno de los principales valores que identifican los electores es la capacidad para trazar acuerdos con los diferentes, a ver si no es ese el mayor capital que hoy pueden exhibir los socialistas, estructuradores de un gobierno de coalición y añorados por los que se sientan en la bancada de enfrente.

La segunda consecuencia es que por fin Esparza ha hecho algo que sirve para entender sus propósitos políticos en el corto plazo. Ha optado por volver a la entente, hacer como que no ha pasado nada, y contar de nuevo la vieja historia de que sólo el entendimiento entre UPN y PSN puede salvar Navarra de no se sabe qué. Quiso jugar con los dos representantes en el Congreso, aupados al escaño en una coalición que previamente montó con el PP y Cs, y se destapó como el trilero que trajina una reforma laboral por aparecer en el radar de Moncloa. A la vieja usanza, demostrando que eso de tener un proyecto alternativo es para quienes quieran complicarse la vida, mejor sobrevivir aferrado al librillo que hace tiempo se escribió. Si en algunos predios políticos de la derecha liberal se habla de la batalla cultural contra el colectivismo y lo woke, aquí nuestro egregio líder ha decidido que lo mejor es ponerse al alcance de Sánchez y ver qué pasa. Que UPN es un cascarón vacío desde hace ya muchos años difícilmente se podrá negar: un partido cuya única referencia sigue siendo su propia estructura e inmanencia, el rasgo lugareño que le asiste. Pedirles que ofrezcan una alternativa a los grandes retos que enfrenta Navarra, o que nos cuenten en qué van a basar su participación en las instituciones del Estado, es como pedir a un asno que gane el Grand National. El daño que ha hecho el de Aoiz a lo que su partido quiere significar en el espacio social no es sólo el cisma de tipo institucional, dos diputados con cuajo orgánico a los que quiere purgar, sino haber ofrecido la constatación de que su propuesta política máxima es que Bolaños y Cerdán le paguen una comida. Lo del pacto, no nos engañemos, no iba de una vía de tren en Tudela y un salvoconducto para Maya. Era que tomaran a Esparza como compadre de ocasión en Navarra. A los méritos de su penosa ejecutoria desde que tomó el relevo de Barcina ha añadido otro, la genuflexión.

Mientras, Sayas y Adanero tendrán que pelear sus razones ante el Comité de Disciplina. Apostemos por una salida de compromiso: suspensión de unos meses a cambio de que moderen su látigo en Madrid y no interfieran en los planes que ya están trazados en Príncipe de Viana. Si les echaran, UPN perdería bastante dinero en subvenciones del Estado a los partidos, y tenemos campaña por delante. Mientras, en los aledaños de Pamplona ya se ha puesto en marcha la operación salvar al soldado Esparza. Señal inequívoca de que ha pasado a ser considerado como el perfecto tonto útil.

Difícilmente se puede ya negar que UPN es un cascarón vacío: un partido cuya única referencia es el rasgo lugareño que le asiste

Lo del pacto no iba de una vía del tren en Tudela y un salvoconducto para Maya: era que tomaran a Esparza como compadre de ocasión


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