“Con 11 años denuncié los abusos de Braulio ante la dirección de Maristas”

Este pamplonés de 63 años ya relató en 1967 a la dirección de Maristas haber sido testigo de las conductas pedófilas del hermano Braulio. Ahora se atreve con la denuncia social

09.02.2020 | 11:47
Iñaki y Fernando (nombre ficticio) ponen en común su paso por el centro, sentados en un banco de un parque de Pamplona.

Este pamplonés de 63 años de edad ya relató en 1967 a la dirección de Maristas haber sido testigo de las conductas pedófilas del hermano Braulio. Ahora se atreve a dar un paso más con la denuncia social.

pamplona - Hace ya medio siglo que Fernando (nombre ficticio), pamplonés de 63 años, denunció haber presenciado conductas pedófilas por parte del hermano Braulio ante la dirección de Maristas (que ocupaba José Félix Arnáiz). Dio el paso, junto a tres compañeros más -uno precisamente la víctima- cuando apenas tenía 11 años. Ahora, tras leer en este periódico el testimonio de tres de las víctimas que sufrieron abusos sexuales en el centro, Fernando reconoce el deber moral de sacar a la luz aquello que presenció en Maristas, donde estudió entre 1966 y 1971.

¿Cómo terminó en el colegio?

-Yo estudiaba en escuela municipal de barrio, pero mi padre era proveedor de los Maristas y le ofrecieron trasladarme allá cuando tenía 9 años.

¿Qué episodio quiere denunciar?

-Era uno de mis primeros cursos, creo que en 1966-67. Por entonces, recuerdo que el hermano Braulio nos daba clases de Religión y de Dibujo y que, en una de estas, nos hacía ponernos en fila para corregirnos las láminas que dibujábamos. Pasábamos uno por uno a mostrarle el dibujo. Y, entonces, mientras uno de mis compañeros pasaba por su mesa, que era maciza y ciega, vi cómo le metía mano en sus partes. Ese fue el primer y único episodio que presencié.

¿Cambió su actitud con Braulio a raíz de aquello que observó?

-Después de eso, cuando se nos acercaba en clase o en los pasillos, al arrimarse a nosotros, dos amigos y yo le decíamos "no nos toque". Lo hacíamos inocentemente, casi hasta de cachondeo, porque no sabíamos que aquello tuviera tinte o connotación sexual. No tenía claro lo que había visto, pero sabía que no estaba bien y que no quería que me tocase a mí.

¿Cómo respondía Braulio cuando le respondían que no les tocara?

-Nos pellizcaba y nos daba patadas. También empezó a ponernos castigos a diario, y a mis dos amigos no les dejó volver a clase. Nada más entrar les enviaba fuera del aula.

¿Qué pasó desde que presenció ese episodio hasta que denunciaron?

-Posiblemente lo denunciamos en el 67, cuando ya sabíamos lo que hacía. Pensamos que si lo hacía una vez, lo podía hacer más veces y con más objetivos. Hubo una temporada que Braulio era uno de los tutores de párvulos. Recuerdo ver cómo aquel hombre llevaba a niños de unos cuatro años al baño y solo podía pensar en qué les haría a ellos si ya había tocado a un chico más mayor.

¿Cómo se produjo la denuncia?

-Nos hartamos de estar siempre castigados sin razón. Yo mentía a mi madre diciéndole que las clases iban bien mientras me castigaba en la sala de internos. Empezamos a hablar en cuadrilla sobre lo que habíamos visto y vivido: los tocamientos, los golpes, los pellizcos, las collejas... Terminamos hartos de aquello. Un día, con 11 años, dos amigos y yo, sin decir nada a nuestros padres, fuimos a hablar con el director, con José Arnaiz. Le contamos el acoso al que nos sometía Braulio. Y, al hablar del episodio de abusos que vimos, el director nos dijo que era algo muy serio, y que había que comprobarlo. Por eso, lo que hicimos fue acudir directamente con el compañero que fue víctima en primera persona.

¿Cuál fue la respuesta del director?

-Nosotros salimos petrificados, el paso era muy importante. El director nos dijo que aquella era una acusación muy grave, nos dio las gracias por la colaboración y no volvimos a saber más de Braulio hasta que desapareció en el 68. No sé cómo tuvimos el valor de hacerlo.

Viéndolo con perspectiva, ¿cree que eran conscientes de la magnitud y la repercusión de su denuncia?

-Ni siquiera entendíamos el gesto de meter mano porque no teníamos ninguna educación sexual. Sabía que era algo que no estaba bien y que no había consentimiento por parte de la víctima. No me gustó entonces y me gusta menos hoy.

¿Por qué lo denuncia ahora?

-Por solidaridad con todas las víctimas, porque es una injusticia brutal, y porque, si todavía hay alguna duda sobre si aquello pasó, quiero aportar mi testimonio para esclarecerlo. Cuando eres niño no sabes cómo reaccionar, pero ahora que tenemos conciencia tenemos el deber moral de apoyar a todas las personas que han sufrido esta clase de abusos. Soy conocedor de que otros muchos alumnos de mi época vieron o sufrieron conductas de Braulio y de otros que merecen ser denunciadas. Y hablo para que ellos se animen.

¿Revivió aquel episodio al ver publicados los primeros testimonios?

-Totalmente, lo que me apena y sorprende es el paso del tiempo. Lo he contado infinidad de veces, pero todavía no encajo cómo pasó todo aquello. Y aunque me gustaría hablar libremente, con nombres y apellidos, no lo puedo hacer porque estos temas siguen siendo tabú.