beatriz vicondoa álvarez miembro de saray

“Sabía que el cáncer no iba a poder conmigo”

20.10.2020 | 00:41
Beatriz Vicondoa Álvarez.

pamplona – "Cuando el médico me llamó y me dijo que el tumor era maligno sentí que se me encogía el estómago, como si me dieran un puñetazo y no podía ni respirar. Pensé: vale, es maligno, pero no puede ser tan malo". Beatriz Vicondoa Álvarez es una mujer a la que su positividad le caracteriza. Solo ella pudo quitar peso a un diagnóstico tan duro como el de padecer cáncer de mama, aunque ayer, durante el acto institucional en el Parlamento foral con motivo del Día Internacional en contra de esta enfermedad, admitió que hubo momentos bajos en los que el apoyo de sus compañeras de Saray y su familia fueron esenciales.

No fue hasta hacer "la pregunta del millón" a su médico cuando aceptó su diagnóstico. "Le pregunté si me iba a morir, y me dijo tajante que de esto no me moría ni en broma. Ahí me tranquilicé y empecé mi batalla. Sabía que el cáncer no iba a poder conmigo porque a mí no me tumba nadie", aseguró Beatriz, esta vez con una sonrisa, quien confirmó que iba a ser dada de alta.

En cuanto conoció su diagnóstico el 4 de julio del pasado año, no vaciló ni por un instante y marcó el teléfono de su amiga Izaskun, antigua compañera del colegio y que entonces se convirtió también en compañera de batalle frente al cáncer. A través de su amiga, Beatriz pisó por primera vez la asociación Saray en busca del apoyo de aquellas personas que habían estado en sus mismos zapatos: "Desde el primer día estuve con la psicóloga de Saray, que ha sido fundamental para mantenerme fuerte. Pero igual de importantes han sido mis compañeras, que ahora son mi familia", explicó Beatriz, quien agradeció "infinitamente" el papel de la asociación que es "imprescindible".

Además de sus compañeras de Saray, fue la fuerza de su familia lo que la mantuvieran fuerte, aunque fueran precisamente ellos "quienes peor han llevado el proceso. Les ha dolido más que a mí, porque yo sé hasta que punto controlo mi dolor, pero ellos no pueden saberlo y lo que ven es que los días después del tratamiento son muy duros, porque lo son, pero siempre los he tenido ahí conmigo", concluyó.