Este sábado ha tenido lugar la comida de aniversario de la plantilla del Portland San Antonio de 2001. Veinticinco años después se han reunido en la sociedad gastronómica La Nogalera, en Burlada, para rememorar aquella victoria pero, sobre todo, para poner en valor la amistad que siguen manteniendo aunque pasen los años y ya no se vean tanto.

Aquel plantel no solo rompió la hegemonía del Barça en el balonmano español y levantó el máximo título continental de clubes el 28 de abril de 2001, también se ganó un espacio en la memoria colectiva de Navarra hasta tal punto que sus integrantes fueron los encargados de lanzar el chupinazo de San Fermín ese mismo año.

 “Se hizo un vestuario muy bueno y por eso seguimos teniendo mucha y muy buena relación”, resume Josu Olalla, exjugador del club blanquiazul. "Fue un año especialmente difícil y eso nos unió mucho". Reconoce que siempre pensó que seguirían viéndose porque "fueron años de mucha amistad". Buena parte de este mérito, añade, fue del entrenador Zupo Equisoain, que "supo integrar muy bien al equipo". Olalla llevaba 25 años sin coincidir con sus amigos compañeros. Al llegar lo primero que ha hecho ha sido "abrazar a todos, ubicar y recordar dónde se encuentra cada uno". Después ha confesado que la conversación, casi sin darse cuenta, ha regresado a ese 2001.

Este vínculo ha sorprendido incluso a quienes han continuado ligados al balonmano desde otra perspectiva: desde los banquillos. Mateo Garralda y Ambros Martín, dos referentes de aquel Portland son hoy entrenadores y observan ese éxito desde una perspectiva diferente. “No hace falta llevarse bien para conseguir un reto, si todo el mundo tiene el mismo objetivo”, reflexionaba Garralda. Aún conserva imágenes imborrables, como en la final de la copa europea. "Recuerdo que cuando acabó el partido cogí a mi hijo pequeño y me senté en una esquina. No podía más", recuerda entre risas.

Ambros Martín admite que, al comenzar su carrera como entrenador, se vió reflejado mucho en Zupo "sin darme cuenta". Del técnico navarro heredó sobre todo su manera de preparar los partidos. "Analizaba a los rivales de una manera brillante y con eso me he quedado", explica. Con los años también ha aprendido otra lección: escuchar más a sus jugadores. "Soy capaz de darles la oportunidad de valorar su opinión para un partido, un entrenamiento o incluso una temporada entera". Para él, el secreto de la plantilla sigue estando en las relaciones humanas: “Parece que no ha pasado el tiempo entre nosotros”, afirma.

Por circunstancias personales han habido dos ausencias muy sentidas: Jackson Richardson y Zupo Equísoain. Además, en la cita se ha recordado a Fermín Tajadura y Óscar Mainer, fallecidos en 2004 y 2008, respectivamente. Aún así se les ha tenido muy presentes y con mucho cariño se les ha mencionado en varias ocasiones al recordar vivencias compartidas.