A medida que envejecemos, las arrugas y los signos del paso del tiempo se hacen cada vez más evidentes en nuestra piel. Sin embargo, estas líneas no aparecen de repente, sino que ya en la juventud empiezan a asomar de una forma sutil.

En una sociedad muy sensibilizada con todo lo relativo a la imagen, en la que cada vez hay más información y una mayor cultura preventiva, la medicina estética va adoptando un enfoque menos correctivo y más conservador que invita a empezar a cuidarse antes.

Entre los 25 y los 30 años

“Las primeras líneas de la edad suelen aparecer entre los 25 y los 30 años y son arrugas dinámicas relacionadas con la gesticulación (frente, entrecejo y patas de gallo). Con el tiempo se van marcando en reposo por la pérdida progresiva de colágeno, elastina e hidratación cutánea”, explica la doctora Carmen Górriz, subdirectora de la Unidad de Medicina Estética de IMR.

“La prevención debe empezar antes de que aparezcan las arrugas visibles, de forma que a partir de los 20–25 años debería instaurarse una rutina básica. La protección solar diaria es el gesto más eficaz para prevenir el envejecimiento cutáneo”, señala la experta.

Ahora bien, no todas las pieles envejecen igual y este proceso va a depender de distintos factores. “Depende claramente del tipo de piel, la genética y los hábitos. Las pieles finas y claras suelen arrugarse antes; las pieles más seborreicas tienden a presentar menos arrugas, pero más alteraciones de textura o poro”, apunta la doctora.

La radiación ultravioleta es, con diferencia, el principal factor externo implicado. A ella se suman el tabaco, la contaminación, el estrés crónico o la falta de sueño. “La genética condiciona cómo envejecemos, pero el estilo de vida determina en gran parte la velocidad del proceso”, añade.

Una mujer se somete a un tratamiento antiarrugas.

Retrasar los signos de la edad

Aunque envejecer es inevitable, la forma y el ritmo sí pueden modularse. “No se pueden evitar completamente las arrugas, pero sí hacer que sean menos profundas y que aparezcan más tarde”.

“El error más frecuente entre los pacientes jóvenes no es empezar a cuidarse tarde, sino empezar mal; pensar que prevenir es comenzar con tratamientos médicos demasiado pronto y descuidar lo básico. Muchos pacientes buscan tratamientos sin tener una rutina correcta o sin usar fotoprotección diaria”, señala Górriz.

Antes de plantear cualquier tratamiento, los pilares básicos deben estar claros: mantener una limpieza adecuada y una hidratación adaptada al tipo de piel, así como usar antioxidantes por la mañana y protección solar a diario. Por la noche, es importante el uso de activos que estimulen la renovación cutánea cuando esté indicado.

Entre los activos fundamentales, la doctora Górriz destaca los antioxidantes como la vitamina C por la mañana y los retinoides por la noche. El retinol, precisa, suele introducirse a partir de los 25–30 años, de forma progresiva y adaptada a la tolerancia cutánea. Y aclara una idea extendida: el ácido hialurónico es útil como hidratante, pero no actúa directamente sobre la formación de arrugas.

Tratamiento médico-estético

La doctora Górriz asegura que no existe una edad concreta para hacerse un tratamiento médico-estético. “Tiene sentido cuando empiezan a observarse arrugas dinámicas persistentes, pérdida de calidad cutánea o signos iniciales de fotoenvejecimiento. No se trata de una edad concreta, sino de una indicación individualizada”, señala.

Entre las opciones preventivas más demandadas menciona los neuromoduladores en dosis ajustadas para modular la hiperactividad muscular, tratamientos de mejora de calidad de piel como el láser suave, la radiofrecuencia o la bioestimulación, y procedimientos que estimulan el colágeno sin aportar volumen.

La tendencia en medicina estética es clara y se inclina hacia un enfoque más preventivo y global. “El objetivo ya no es cambiar rasgos, sino mantener la calidad de la piel y acompañar el envejecimiento de forma natural, con resultados progresivos y poco evidentes”, señala la experta.

En cuanto al llamado baby bótox, la doctora Górriz matiza que puede tener sentido en pacientes con una gesticulación muy marcada y con arrugas dinámicas precoces, pero que no debería aplicarse de forma sistemática ni en edades muy tempranas. La prevención, insiste, no significa tratar antes, sino tratar mejor y en el momento adecuado.