Más allá del VAR: la inteligencia artificial irrumpe en el mundo del deporte
La tecnología de la IA irrumpe en el deporte para evitar el fallo en las valoraciones técnicas y ver lo que el ojo humano no, pero hay una valoración artística y emocional que no puede hacer
El debate del uso de la tecnología en el deporte para evaluar y decidir quién gana tiene un largo recorrido, empezando por la fotofinish en las carreras atléticas, ciclistas e hípicas, siguiendo por el ojo de halcón del tenis o el VAR en los partidos de fútbol, y llegando a las aplicaciones de inteligencia artificial (IA) que han empezado a actuar como jueces en competiciones de gimnasia o de snowboard.
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Por regla general, se supone que el uso de la tecnología añade un plus de objetividad, que su precisión será capaz de saber si la pelota de tenis ha dado o no en la línea o si el balón había salido o no antes del pase que acabó en gol. Sus mediciones deciden si sí o si no, y acaban siendo inapelables al poder demostrarlo, como ocurre con el ojo de halcón en el tenis, por lo que ya casi se ha prescindido del juez de fondo. En el caso del VAR, aún es el árbitro quien tiene la última palabra, lo que permite muchas horas de debate en tertulias deportivas.
A diferencia del tenis, donde la pelota pasa o no pasa, entra o no entra, en el fútbol también tiene cierto componente valorativo al tener que juzgar también intencionalidad, si esa patada ha sido a propósito o si la mano estaba ahí de casualidad. ¿Qué decidiría una cámara armada con IA de la mano de Cucurella en aquel partido contra Inglaterra?
El deporte no escapa a la IA
Ver más allá del ojo humano
Porque la nueva generación de jueces tecnológicos ya se apoya en la IA y se atreve con deportes en los que se valora tanto el resultado del ejercicio como la ejecución de cada elemento. La gimnasia deportiva y el snowboard son los nuevos campos de trabajo de unos nuevos jueces robóticos capaces de ver y valorar movimientos, gestos, posturas que al experimentado juez humano pueden pasar desapercibidos.
Los Winter X Games de Aspen se convirtieron en la primera competición de snowboard en introducir una herramienta de puntuación basada en inteligencia artificial. Apoyados en Google Cloud, pusieron en marcha The Owl AI, un sistema que usa cámaras para capturar cada salto, giro y aterrizaje, y asignar una puntuación al instante.
A su vez, la Federación Internacional de Gimnasia está desarrollando junto con Fujitsu un sistema de apoyo a los jueces, el JSS. Este, a través de un grupo de cámaras alrededor de cada aparato, graba en alta definición todo el ejercicio y genera un modelo 3D que compara con un canon previamente establecido. Con esto, es capaz de calificar con gran precisión la prueba. Es capaz de ver y diferenciar detalles que hasta el ojo del más experimentado juez no capta.
Valoración artística
Pero también hay otro aspecto que se evalúa tanto en la gimnasia como en los saltos de trampolín (que en París 2024 también contó con un juez automático, el sistema de visión computacional de Swiss Timing) o el patinaje sobre hielo: la dimensión artística del ejercicio, su capacidad de atraer la atención emocional del espectador, del árbitro para disfrutar de la elegancia del movimiento o de la emoción que transmita el deportista. Esto es algo que una máquina no puede captar y, por lo tanto, tampoco evaluar.
Es la réplica a la limitación humana para percibir y evaluar aspectos como la apertura de las piernas, la curvatura de la espalda y la posición de la cabeza en pocos segundos y si ha llegado o superado el baremo establecido.
Labor de asistente
A la espera de ver cómo evolucionan y mejoran estos sistemas, lo que queda claro es que estos sistemas tecnológicos asistidos por IA se están convirtiendo en un asistente, en una herramienta de consulta cuando hay alguna duda. De esta forma, la combinación entre criterio humano y la precisión de la tecnología ayudará a otorgar unas puntuaciones más justas.
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Pero todavía queda un aspecto que hay que valorar: ¿quién toma la decisión final? ¿Quién corrige a quién? ¿Los jueces evalúan primero y luego consultan si hay alguna duda o alguna falta de acuerdo, o se espera a que la inteligencia artificial ofrezca un resultado y se tome la decisión después? Una cosa es que objetivamente haya habido una falta o una mano y otra que haya sido intencionada o no. Incluso si ha sido a propósito, ¿cuánta mala uva ha habido? De la diferencia de criterio puede salir una tarjeta amarilla o roja.
Pero esta labor de asistencia no se limita a los jueces. Los deportistas también pueden usarlo en los entrenamientos para mejorar sus técnicas, corregir movimientos y posturas. Y es más, también los espectadores, los aficionados pueden entender mejor qué y cómo se valora, especialmente en esos deportes que muchos solo ven cada cuatro años en los Juegos Olímpicos o en competiciones repentinamente descubiertas.
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