Induráin detuvo el tiempo en burdeos
hito el navarro, por entonces tetracampeón del tour de francia, logró batir el récord de la hora arropado por la afición de villava
pamplona - Había ganado ya cuatro ediciones del Tour de Francia (1991-94) y dos del Giro de Italia (1992 y 1993). Miguel Induráin era ya en 1994 una figura del ciclismo, un deportista al que no se le conocían los límites. Era el momento de probar algo nuevo. Y sus mentores confiaron en sus cualidades para intentar batir el récord de la hora.
El escenario elegido para el nuevo hito fue el velódromo de Burdeos. La fecha, el 2 de septiembre de 1994. Una preparación concienzuda durante dos semanas encaminada a romper el registro del escocés Graeme Obree, que ostentaba una marca de 52,713 kilómetros en una hora lograda en abril de ese mismo año. El ambiente, inmejorable, con lleno de la afición navarra en recinto. Todo estaba preparado para que Miguel Induráin afrontara el nuevo récord.
Decían que con Obree y Boardman el récord de la hora se había convertido en territorio específico para los pistards. Que Induráin llegaba dos años tarde al intento de luchar contra el crono. Pero dado que el navarro no daba sensación de tener límites, el equipo Banesto se propuso preparar el reto para ganarlo.
Con 2.500 testigos en las gradas del velódromo, Induráin afrontó el reto con la incertidumbre de un principiante, se subió a la bici y se puso a pedalear alrededor de un circuito, un escenario que poco tenía que ver con los altos de los Alpes o las contrarreloj de las carreras por etapas. Allí, encerrado, tan importante como la fuerza y la constancia del pedaleo, era la concentración. Y a golpe de pedal fue mejorando los tiempos de Obree a cada vuelta hasta rodar 53,040 kilómetros entre las 3:02 y las 4:02 horas. A falta de 22 segundos para el final ya había alcanzado la marca de Obree. El tiempo que le quedaba lo empleó para acumular 327 metros más.
Al término de la prueba, Miguel Induráin resumía sus sensaciones: “la prueba en sí era lo suficientemente complicada para no despistarme, pero en los diez últimos kilómetros es cuando el desarrollo más me agarraba. Durante la prueba he tenido en todo momento las referencias de Sabino y de Aldo y las seguí en todo momento. En algunas vueltas veía el marcador, pero mi auténtica referencia ha sido siempre el doctor. Del público casi ni me he enterado. He corrido según mis sensaciones”.
El director deportivo de Banesto, José Miguel Echávarri, valoró el trabajo de Miguel Induráin y de todo el equipo y acabó llorando cuando el ciclista de Villava logró el récord. “Es una emoción diferente a la que se tiene al ganar un Tour. Para nuestro pueblo y para nuestro país es un día muy grande”. Y añadió respecto a Induráin: “es un hombre que ha batido el récord en un tiempo récord. Ha superado su mala aerodinámica con la clase y la fuerza que tiene. No quiso una estructura de bicicleta muy avanzada. Él nos dijo: dadme los medios para que yo rinda en mi posición normal. Quiero rendir como puedo. Si con mis medios no puedo batirlo, es que no valgo para este récord”. Asimismo, Echávarri se atrevía a aventurar que “el récord de Miguel no es este. En sus piernas, corriendo en altitud, hay algún metro más. Hay otro récord para él que, si Dios quiere, llegará en su momento”.
Lo cierto es que la alegría tampoco duró demasiado tiempo. Antes de que pasaran dos meses, Tony Rominger había pulverizado el registro de Miguel Induráin. En septiembre de 2000, la UCI modificó las reglas del récord de la hora, ya que las bicicletas con las que se participaba comenzaron a sufrir un profundo rediseño, fruto del avance de la tecnología y las técnicas de mejora de la aerodinámica. Gracias a estos avances, se llegó hasta el récord de Chris Boardman, que recorrió 56,375 km, casi 7 más que el último récord que se había realizado sobre una bici normal.