Evenepoel echa arena sobre Del Toro
El belga, sideral en la crono, apabulla al mexicano, y alcanza el lidera del UAE Tour a la espera de la montaña
En el circuito de Hudayryat Island, 12,2 kilómetros, pesaba el tiempo, arenoso, del desierto, un paraje hostil que venera la figura de Pogacar, reproducido en una estatua de color oro.
Un reloj de arena midió la crono del UAE Tour, que enfatizó a Remco Evenepoel, tan veloz, un cohete atravesando el paisaje rectilíneo, llano, que su bici, agitaba el polvo a su paso.
El belga, campeón olímpico de la especialidad y tres veces mundial, se lanzó al galope sobre su arcoíris para fijar un tiempo de 13:03. Una exhalación de todos los colores pintó su triunfo que le posó sobre el pedestal del liderato.
Alcanzó Evenepoel a más de 56 kilómetros por hora de media para someter a Tarling, otro ultraespecialista, por seis segundos, y apalear a Isaac del Toro, que partió de la rampa de rojo líder y alcanzó el final sofocado y sonrojada por la tunda que le propinó el belga.
42 segundos separaron a Evenepoel del mexicano, muy lejos de su mejor versión. Cimbreante el caminar, estrellado contra el viento en la primera parte de la crono, no pudo elevarse ante el flamígero Evenepoel, que voló.
Hierático, perfecta su posición para atravesar el viento, empuñada la musculatura sobre su montura, el belga ofreció otra actuación prodigiosa ante el reloj. "Hubiera preferido ganar unos segundos más, pero es un poco más de lo que esperaba", estableció el belga.
Prensado, concentrado, catalizador del tiempo y del espacio, fue la suya una propuesta atómica en un trazado ideal para él. El desierto, la arena, era puro placer y deleite. Un vergel que discurría sobre una trama de asfalto ancho, sin apenas curvas, que enlazaba rectas largas que saludaban y abrazaban el desempeño de Evenepoel.
Del Toro, muy lejos
La mar también se dejaba ver, una lámina azul para que se reflejaran los rascacielos de la distopía de una ciudad del futuro ajardinada en tierras del desierto. El paraíso de Evenepoel era un tormento para Del Toro, pizpireto el primer día, y melancólico en el segundo acto del UAE Tour.
Sueña el mexicano con la montaña que brotará este miércoles porque la crono le aplanó el entusiasmo. El tiempo es inmisericorde, fugaz, incontrolable.
Se le escurrió a Del Toro como arena entre los dedos. En el punto intermedio, situado en una recta relacionado con el infinito, la desventaja era evidente.
Evenepoel observaba con atención el juego de piernas del mexicano, ligero a la vista, acaso etéreo. La toma de tiempos le señaló. Rodaba sobre un espejismo, sobre una sensación equivocada.
El reloj, artilugio insobornable, encapsuló a Del Toro en la derrota. El belga, vestido de calle, porque hacía demasiado tiempo que había finalizada la exhibición, lanzó un sonrisa a la cámara, consciente de que la ventaja era extraordinaria.
Incluso con la bonificación que adquirió Del Toro con el premio de la primera etapa, alejó al mexicano, que se dejó 42 segundos en meta, a 32 segundos en la general. A la espera del novedoso final en alto en Jebel Mobrah. Evenepoel echa arena sobre Del Toro.
