Bossuyt llora de alegría
La belga se impone al esprint en la segunda etapa de la Vuelta femenina, que lidera Koch tras la caída de Rüegg, que abandona
En carreteras secundarias, estrechas, un sube y baja constante por el segundo acto en Galicia, rodaba la Vuelta femenina.
La fuga que mandó se agotó en vías festoneadas por la naturaleza, pintada de verde, danzando los árboles, observando las praderas y laderas.
La carrera encadena jornadas de clásicas porque la Vuelta se decidirá en las alturas de Les Praeles y, sobre todo, el Angliru.
Hasta que ese instante llegue, el espíritu de rebeliones y guerra de guerrillas está presente en cada palmo del terreno. Un punto de caos y desorden agitaba el tramo definitivo camino de San Cibrao das Viñas, en Orense, donde Shary Bossuyt encontró la victoria, tremendamente emocional.
Se sorprendió la belga, que se impuso en el esprint que cerró un día aciago para Rüegg, obligada a abandonar por una caída. Koch es la nueva líder. Marianne Vos no tomó la salida, con la clavícula rota.
Paula Blasi quiso destacarse con una aceleración en la desembocadura. cicatrizada por Niewiadoma y el resto de favoritas. Allí también estaba Usoa Ostolaza. El esprint señalaba a Lotte Kopecky, la más rápida, hasta que se enredó cuando se tocó con Shary Bossuyt.
Kopecky perdió el paso, cortado el ritmo, mientras que Bossuyt salió con el impulso necesario para vencer. La alegría, sorprendente, la emoción, a borbotones, le anegaron el rostro de lágrimas de felicidad.
Abandono de Rüegg
Un sol flácido, peleado con las nubes lánguidas, acogía los constantes cambios de guardia, el avispero agitado, numerosos los reemplazos en ese tránsito nervioso en vías bamboleantes, serpiente de asfalto.
El esprint era la salida natural, el respiradero a tanta presión, al estrés. Noemi Rüegg, la líder, se estrelló de mala manera.
Hizo el afilador y perdió el control de su bicicleta. La inercia le llevó a cargar contra Eleonora Ciabocco. Ambas acabaron en el arcén, prensadas entre la hierba por el impacto. La líder abandonó tras el golpe. De la gloria al dolor. No hace distinciones la implacable ley de la carretera.
Katrine Aalerud trató de quebrar la lógica de una llegada al esprint en un pelotón diezmado, lijado por el terreno, que rodó el último tramo sobre el piso mojado, una advertencia del riesgo.
La apuesta de la noruega se mantuvo firme hasta menos de tres kilómetros para el desenlace. Se dispuso el mecanismo para resolver la jornada, que contaría con una nueva líder, en un debate de velocidad. A Rüegg le atravesó la pena. A Bossuyt le abrazó la alegría.
