Abrazado por el descaro de la juventud y la ternura de sus abuelos, Paul Seixas anunció a través de un vídeo filmado por su equipo su participación en el Tour de Francia. Desveló el misterio, la pregunta que colgaba desde su alucinante rendimiento, el posadolescente francés. Seixas, apenas 19 años y el asombro a sus exhibiciones pegado, se alistará a la Grande Boucle, que se disputará entre el 4 y el 26 de julio. De Barcelona a París.
Nacido para ganar, el fenómeno francés debutará para tasarse con el todopoderoso Tadej Pogacar, el emperador del ciclismo, el mejor del mundo, cuatro veces coronado en el Tour (2020, 2021, 2024 y 2025).
La inercia de su meteórica ascensión en el escalón conduce a Seixas al Tour de manera orgánica, irremediable y natural a pesar de que hay voces que sugerían que es demasiado pronto para medirse a su propia expectativa y a la de una nación que necesita rescatar un vencedor francés del Tour para recomponer su orgullo patriótico en una carrera que es patrimonio nacional.
En la Francia de julio conocerá por vez primera la gran epopeya ciclista Seixas. Se adentrará el de Lyon, campeón de la Itzulia, vencedor en la Flecha Valona tras pavonear su insultante juventud en el Muro de Huy, en la carrera más grande y determinante.
Le espera un viaje iniciático y la emoción de las primeras veces. Será un encuentro con la historia. El Tour es el más prestigioso alfarero de la memoria ciclista. A Seixas le conecta con la infancia, cuando veía la carrera por la tele.
Seixas, cuestión de Estado
El francés es una cuestión de Estado en Francia, que busca como un zahorí en el desierto una gota de agua para saciar la sed de cuatro décadas de sequía desde la coronación de Bernard Hinault en 1985, partirá con la idea de atravesar otra frontera, la de los dominios de Pogacar.
La fortaleza inaccesible de la linde eslovena. Propiedad privada. La insolencia de la juventud impulsa a un ciclista excepcional en sus últimas apariciones, rutilantes todas ellas.
Su demostración en la Lieja-Bastoña-Lieja, donde mantuvo un pulso formidable con Pogacar en una subida mesiánica en la Redoute, donde se traspasaron todos los límites de lo razonable, antes de ceder en la Côte-aux-Fauçons, sitúan a Seixas como el hombre que podría heredar el legado de Pogacar en el futuro. Es una incógnita por resolver.
Como la de saber cuál será su destino cuando se agote su actual contrato con el Decathlon, que expira a finales de 2027. El UAE y el Ineos le cortejan sin disimulo. Ambas estructuras están dispuestas a ofrecer cifras mareantes para incorporar al galo a sus respectivos equipos. Decathlon también quiere retener a la gran joya del ciclismo francés.
En ese escenario, con ese currículo y la ambición de los campeones que desean trascender, Seixas, la gran esperanza francesa, explorará un territorio ignoto.
Nunca antes ha disputado el Tour, una competición que no hace prisioneros, que presiona en cada pulgada y que arrastra el organismo hasta lo desconocido, hasta los vericuetos de la agonía, hasta los entresijos de la mente, hasta el abismo del alma.
Enormes expectativas
Su respuesta en una prueba de tres semanas que es un gigante, es una incógnita. Los datos de rendimiento que maneja Seixas subrayan que está preparado para asumir semejante reto pero no dispone de la experiencia para concretar cómo responderá su cuerpo y su mente a la exigencia extrema de una carrera que todo lo multiplica: la fatiga, la velocidad, el estrés, la expectativa, la gloria y el fracaso. También el dolor.
En el ciclismo del Big data y de los parámetros que radiografían al detalle, bajo el microscopio, a los ciclistas, Seixas se incorporará para tratar de encontrar la respuesta a sus límites.
Aunque el sentido común y la prudencia deberían observar en el francés a un debutante que se aventura a una carrera por descubrir, parece evidente que se le juzgará desde otra óptica probablemente más perversa y resultadista.
Su capacidad física, las exhibiciones en varios frentes y el peso de una nación estarán impresos en su equipaje por el sistema nervioso del recorrido. No es Seixas un debutante más. Después de la huella que ha dejado en la presente campaña, el francés, aunque debutante, ha mutado en el imaginario colectivo en aspirante al trono.
Pogacar que defenderá su estatus, puede sentir al galo como una amenaza a su dominio. El otro flanco de intimidación llegará, probablemente, de Jonas Vingegaard, el único ciclista capaz de interponerse a la gloria eterna del esloveno en el Tour.
El danés es el paréntesis a los logros de Pogacar. Conquistó las ediciones de 2022 y 2023. Solo él ha sido capaz de derrotarlo. En esa relación con la victoria quiere inmiscuirse la joven estrella francesa. Seixas desafiará a Pogacar en el Tour.