pamplona. Sorogibel es una casa solariega en la Navarra de la primera mitad del siglo XX, en Pirineos, muy cerca de la frontera con Francia. Allí viven Mieltxo y Cataline con sus hijos, y allí les sorprenderá el advenimiento de la República y la guerra civil, enviando a unos al exilio, a otros a tierras vizcaínas y a otros a sobrevivir en Pamplona en los duros años del hambre y la represión. En este contexto transcurre la historia de la que es ya la séptima novela del pamplonés Mikel Alvira, El silencio de las hayas.

Su última novela ha sido de las más vendidas este año en la Feria de Durango...

Sí, eso dicen las malas lenguas... Pero más que las ventas en sí mismas, lo que me interesa es el eco que la novela está teniendo en los lectores. Ha sido una grata sorpresa lo de Durango, porque el libro se ha vendido muy bien allí y sin haberse presentado antes públicamente. Creo que ha ayudado mucho el título y la portada... Hemos acertado.

O el spot que circula por Internet y que anuncia la novela. ¿Cómo se le ocurrió promocionarla de este modo?

Ya lo he hecho en alguna ocasión anterior con otros libros, es una manera de llegar a más sitios, a más gente. El spot lo ha realizado la productora Leize y estoy muy contento con el resultado. Está funcionando y expandiéndose de forma viral por la red, en un curioso efecto dominó...

¿Qué va a encontrarse el lector en "El silencio de las hayas"?

Una historia marcada por un linaje, por una familia, la familia Sorogibel. Es una novela muy navarra, con mucho sabor a Pirineo navarro, que narra los cambios que acontecen a esta familia a lo largo de dos generaciones, entre los años 1900 y 1960. Cambios sociales, políticos, de ideologías, con la República, la guerra civil y los duros años de la posguerra de fondo. La historia parte de los padres de familia, Mieltxo y Cataline, y tiene continuidad en la siguiente generación, en sus tres hijos. La primera parte transcurre en los Pirineos, y la segunda sobre todo en Pamplona.

Tengo entendido que hay amor, pasión, asesinatos, contrabando... Ingredientes que hacen pensar en una historia intensa.

Sí, hay aventuras algunas de ellas rocambolescas, hay mentiras y lealtades, exilios, y también pequeñas acciones cotidianas, esas que suceden en el día a día y que hacen que la vida tenga calidez y merezca la pena ser vivida. Pequeños guiños, sonrisas, gestos... La vida está hecha de muchas acciones, algunas de ellas grandes acciones y otras pequeñas, pero todas nos marcan. Y nunca sabemos las consecuencias de nuestros actos cotidianos, son imprevisibles; eso es algo que queda patente en la novela.

¿Qué le motivó a situar la historia de la novela en esos años, de 1900 a 1960, una época que no ha vivido?

Es cierto, no la he vivido, pero soy hijo de esa época. Mis mayores, los que me precedieron en mi familia sí han sido protagonistas de ese periodo; mis abuelos, mi aita y mi ama..., y sus historias me han sido destiladas a lo largo del tiempo. Aunque esta novela no es autobiográfica ni mucho menos. La he situado en esos años porque es una parte de la historia de Navarra que siempre me ha atraído y me ha gustado mucho, y no sé, las musas son así de caprichosas, vienen un día con una idea y no sabes por qué, pero sientes que tienes que lanzarte a escribirla. Y ese misterio es lo que me empuja y me motiva; si supiese el por qué, quizá no seguiría escribiendo.

¿A qué fuentes ha acudido para documentarse sobre ese contexto histórico?

A fuentes tanto documentales como biográficas. He hablado con mucha gente de Pamplona y Pirineos que sí vivió esa época; he recogido testimonios de pastores, contrabandistas, de mi propia familia... Y lo que he escrito es de alguna manera en homenaje a todos ellos. Ha sido un trabajo continuado a lo largo de tres años. Ésta es la novela que más tiempo me ha llevado, de hecho, en medio de este trabajo he publicado otras dos novelas más breves y dos libros de ensayo. Le he querido dar un tiempo de cocción largo a la historia, mimarla mucho.

Después de ese trabajo de documentación y de conversaciones con personas que vivieron aquella Pamplona, aquella Navarra, ¿qué destacaría que tenía de diferente la sociedad de entonces respecto a la de hoy?

La tenacidad, algo muy navarro por otra parte, como capacidad de salir adelante con pequeñas acciones ante las circunstancias más duras. Porque Pamplona no salió de la posguerra gracias a grandes hitos, sino con pequeñas acciones anónimas y aparentemente insignificantes.

¿El título de la novela alude a esas pequeñas cosas de la vida que resultan evocadoras, como el silencio de las hayas?

Sí. Lo de las hayas es porque son los árboles que crecen en Pirineos a la altura de donde están los pueblos. Son el lugar de encuentro entre las gentes. Yo huyo mucho a los hayedos a pensar, y allí hay un silencio pero falso, porque nunca hay silencio en realidad. En la historia de mi novela, las hayas son cómplices porque silencian todo lo que ven; son testigos mudos de todo lo que acontece alrededor de la familia Sorogibel.