“Esta obra nació con la intención de hacer justicia”
El pamplonés Ángel Ruiz regresa mañana al Gayarre con un recorrido por la vida de Miguel de Molina a través de un puñado de emociones, palabras y canciones
pamplona - Miguel de Molina al desnudo es el título de este espectáculo que está llenando teatros por todo el Estado y que mañana desembarca en Pamplona, donde el público podrá comprobar cómo el actor pamplonés criado en Málaga se mimetiza con este mito de la copla que tuvo que dejar España para seguir actuando. Y viviendo. “Para mí, era esencial que la recreación del personaje fuera brutal. Quería que la gente tuviera la sensación de ver a Miguel de Molina vivo y hablándole desde el escenario”, dice este intérprete experimentado en los clásicos, pero también en el humor y, por supuesto, en el teatro musical. “En todo momento he pretendido establecer un diálogo con el público”, cuenta de esta propuesta en la que canta coplas como Ojos verdes o La bien pagá, pero que no es un concierto, sino más bien una biografía musical, “sin cuarta pared y con algunos toques de cabaret”.
Viene a actuar a casa, ¿con ganas?
-¡Con muchas ganas! Además, tengo medio teatro lleno ya de familia y amigos (ríe).
Actuar en su ciudad natal seguro que tiene algo especial.
-Es muuuy especial. Da cosilla... Mantengo lazos con Navarra, de hecho mi hermano vive en Villava, aunque no voy tanto como me gustaría.
¿Cómo se le ocurrió escribir y llevar adelante Miguel de Molina al desnudo?
-Al personaje lo conocía, pero al leer su biografía descubrí a la persona y me pregunté cómo es que nadie había contado eso. Miguel de Molina fue un ser humano fascinante y su historia te hace querer apelar a la justicia. Tengo la sensación de que fue un hombre maltratado y olvidado y a raíz de esas sensaciones me puse a investigar y a escribir sobre él. Cuando tuve la primera versión, hará cinco años, la dejé aparcada en un cajón, que es lo que suele ocurrir con los proyectos personales hasta que encuentras el momento de hacerlos. En este caso, ese momento no se dio hasta el año pasado porque estaba trabajando mucho y, sobre todo, porque necesitaba un compañero de viaje que me ayudara a impulsar el proyecto. Fue el caso de Juan Carlos Rubio, el director, que desde que se lo ofrecí ha sido esencial. Por supuesto, la financiación era fundamental y ha sido un sueño. Jorge Javier Vázquez ha apostado desde el principio y sin ningún tipo de reparos, sumando, además, la proyección mediática que tiene. Se ha producido una especie de conjunción estelar para que el espectáculo esté siendo el éxito que jamás hubiera imaginado que podía ser.
¿Sorprendido por la respuesta del público?
-Muchísimo. Llevamos ya cuarenta funciones y ahora estamos compaginando la temporada en Madrid, donde estamos lunes y martes, con una gira por distintas ciudades. Una de las cosas que más me llama la atención es que a mucha gente de entrada le podría haber echado atrás pensar en un espectáculo sobre un cantante de copla, pero es que, lejos de ser un concierto, el público se encuentra con una función de teatro en la que se canta y está respondiendo muy bien. Hay quien incluso ha descubierto la copla, un género que nos puede parecer que huele a naftalina o que ya está muy manido, pero es que yo lo afronto desde un lugar diferente.
¿Qué Miguel de Molina vamos a descubrir?
-Mi intención desde el principio fue que la gente conociera al personaje, que tiene una riqueza dramática abrumadora. Era un ser muy inteligente, brillante, con mucho temperamento y con muchas cosas que decir, y no solo a nivel personal, sino también artístico. Fue un tipo muy moderno para su época. Siempre digo que fue uno de los paradigmas de lo que ocurrió en España, donde, en un momento de efervescencia del arte popular, como el que se produjo durante la República, todo se vio truncado y durante 40 años hubo un secuestro, y no solo figurado, de todo eso.
¿Habla de la versión de la Historia que contaron los que ganaron la guerra?
-Es importante recuperar la memoria histórica, y no solo la de Miguel de Molina y de otros artistas que sufrieron situaciones parecidas, sino también los nombres y experiencias de muchas personas anónimas que siguen en las fosas comunes. Hay quien dice que no hay que reabrir las heridas, pero es que no se han cerrado jamás. Se está pidiendo justicia, simplemente. Para mí el espectáculo tiene mucho que ver con esto, es la idea que me forzó a hacerlo.
A Miguel de Molina los franquistas le dijeron que podía quedarse en España, pero sin volver a pisar un escenario, y eso era como matarlo.
-Exactamente. Después de tenerlo un año recluido en un pueblo de Valencia con su madre, le dijeron que era libre, pero que no podía volver a pisar un escenario. Eso le generaba una gran infelicidad, así que supo que tenía que marcharse.
Este montaje es una mirada al pasado, pero desde el presente.
-Así es. El teatro es realmente atractivo cuando lo que cuenta tiene un anclaje en la realidad. Si no, se nos hace lejano. En concreto, con esta historia me parecía muy importante apelar a la actualidad para trazar esos puentes y que la gente pudiera darse cuenta de que mucho de lo que Miguel nos cuenta desde el escenario sigue teniendo vigencia hoy. Creo que este es uno de los éxitos de la función, de la que gente sale muy tocada porque no solo ha descubierto a alguien que no conocía, sino que las cosas que ha visto y escuchado le han emocionado.
¿Qué temas le parece que siguen más vigentes?
-Principalmente el de la libertad. Y no me refiero a que no vivamos en una sociedad libre, sino a la libertad en mayúsculas. A la libertad de ser lo que quieras ser. Eso no está tan claro. Porque, aunque en España el matrimonio homosexual es legal, socialmente sigue generando rechazo y hay que luchar contra eso. La mejor manera de hacerlo es dándole visibilidad y normalidad. Miguel de Molina también fue un paradigma, él jamás ocultó su homosexualidad. El problema, como sucede siempre, es cuando irrumpen los fundamentalismos religiosos, que siempre los hay. Hay quien llama fundamentalistas solo a los del Islam, pero aquí también hay muchos, qué te voy a contar de Pamplona... Eso sigue estando vigente. En la función se producen silencios muy sonoros.
¿Qué rasgos comparte con Miguel de Molina?
-Pues creo que varios. Primero, mi parte malagueña, que me viene de mis padres. En el sur se sufrió una gran opresión tras la guerra; en Málaga de hecho está una de las fosas comunes más grandes de España. Mi abuelo fue asesinado y todo este tema me toca mucho. Con respecto a Miguel, me identifico con él en ese espíritu de supervivencia. Yo me fui de casa a los 18 años para buscarme la vida en Madrid; él se fue con 14 y ese motor que a él le daba fuerzas para seguir es lo mismo que me mueve a mí.
¿Qué me cuenta de la estructura del espectáculo, cómo van intercalando la música?
-Este es un aspecto que siempre me ha preocupado muchísimo. No quería que las canciones fueran una mera ilustración de lo que estaba pasando o un pegote dentro de la historia. No están todas sus canciones, algunas incluso solo se apuntan, y siempre se encuentran al servicio de la línea argumental. La estructura dramática tampoco es cronológica, sino que viene dada por el viaje emocional en el que él nos mete. La gente así lo recibe y me dice que asiste a una especie de montaña rusa de las emociones, pasando del humor al drama en cuestión de segundos; lo cual está muy bien porque hace que espectáculo esté arriba todo el tiempo y que nada le sobre.
¿Qué supone este trabajo en su carrera?
-Es un reto. Supone estar una hora y media solo sobre el escenario, contando una historia profunda, a veces divertida, sobre un personaje que, aunque en el fondo es muy desconocido, a la gente le resulta muy familiar. Es todo un desafío profesional y personal.
El protagonista. Ángel Ruiz nació en Pamplona en 1970, aunque a los 8 años se trasladó con su familia a Málaga, donde más adelante se formó en la Escuela Superior de Artes Escénicas. Entre sus espectáculos destacan Macbeth, Los mejores sketches de Monty Python, Flying Circus, Lisístrata, Proyecto Youkali, Tomás Moro, una utopía, Falstaff, La monja alférez, etcétera. En el género musical ha tenido éxito con Las de Caín, Los Productores, Follies, La corte del faraón o The Hole.
El álter ego. El 10 de abril de 1908 nacía en Málaga Miguel Frías de Molina. A los 13 años abandonó un hogar muy pobre y realizó varios trabajos hasta que vio un espectáculo de Lorca, que le cambió la vida. A los 20 años entretenía a los turistas que acudían a Sevilla y en 1931 decidió dedicarse a la copla, logrando notoriedad muy pronto. Al estallar la guerra se dedicó a animar a las tropas republicanas, lo que le costaría muy caro en tiempos de la dictadura, cuando sufrió torturas y amenazas por su condición de homosexual de izquierdas. Los franquistas también le prohibieron trabajar, por lo que en 1943 se exilió a Buenos Aires, donde después de viajar por muchos países, un breve regreso a España y muchos éxitos, murió en 1992 a los 84 años.