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“Lo que digo en este poemario es a veces crudo y visceral y siempre sincero; es un libro que me duele”

‘Los escritos que te debo’, el nuevo poemario de Víctor Zegarra, se presentará en Pamplona el próximo día 24, a las 19.00 horas, en la Objetería Los Días Felices

“Lo que digo en este poemario es a veces crudo y visceral y siempre sincero; es un libro que me duele”Foto: Simplifikstudio.com

pamplona - Después del éxito logrado con sus dos anteriores poemarios, La teoría de volar y ProSac, el escritor, actor y director de teatro, Víctor Zegarra Montes, de origen peruano y afincado ahora en Barcelona, saca a la luz una nueva serie de poemas que mantienen el hilo conductor de su poesía: el desamor y la búsqueda continua de “una naranja entera”. El libro ya ha salido a la venta y se puede adquirir en la librería Objetería Los Días Felices.

¿De dónde viene este nuevo poemario?

-De dónde no viene. Este libro ya lo tenía pensado desde hacía dos años. Pasaron distintos sucesos en mi vida que me hicieron escribir un poco más. Fui a sacarlo el año pasado pero decidí esperar a este. Y ahí está Los escritos que te debo.

El título es sugerente. ¿A quién debe estos escritos?

-A la vida. Van siempre dirigidos a una persona pero creo que, en el fondo, es a la vida a quien se los debo. Son momentos, etapas, circunstancias... Es una mezcla de todo.

¿Y qué crea esa mezcla de todo?

-De lo que hablo es de una búsqueda constante del amor, de ese deseo de permanencia que a veces tenemos. A veces es posesión, otras veces libertad, otras tranquilidad y felicidad. Es esa búsqueda del alguien que nos complemente.

Esta búsqueda, que no cesa en la trayectoria de su poesía, ¿es ficción o realidad?

-Esto es algo que me preguntan siempre. Tiene mucho de realidad, es bastante autobiográfico. Los que escribimos o jugamos a hacer poesía siempre pensamos que nos alejamos, pero creo que siempre hay algo de realidad. Otra cosa es que lo decoremos y hagamos más visible, pero también depende del dolor de cada uno.

Leyéndole en sus anteriores poemas y los que siguen en este libro, parece que nunca encuentra su media naranja.

-Ay, la media naranja... No, yo creo que no busco una media naranja, busco la naranja entera (risas). Siempre creemos que una mitad nos complementa pero no es así. Es bonito que alguien te quiera y te ame, pero también es bonito que te quieras tú, porque si no te enamoras de ti será imposible que nadie lo haga.

La prosa que utiliza es muy cercana pero también tiene un toque canalla que la hace más humana.

-Sí, es un poco poesía de barrio, como yo diría. Lo que pasa es que nunca he estudiado la métrica y el verso, nunca me llamó la atención como para expresarme más allá del teatro. Esa parte de la poesía tan estricta la vi muy lejana para mí. Yo simplemente escribía. Nunca creí que podría llegar a expresarme en este estilo, simplemente me sentaba y escribía, hasta que lo clasificaron en prosa, como solemos tender siempre a clasificar.

¿Hay una línea que separa ese canallismo de lo vulgar?

-No sé si hay una línea que lo separa. Creo que lo que digo es a veces crudo y muy visceral. Siempre muy sincero. Es un libro que duele, que me duele. Tengo miedo todavía de él, me ha costado tenerlo en pie. No sé si es canalla o vulgar o ambas cosas al mismo tiempo.

Escribe como si le narrase su día a día a una persona en concreto, pero, en el fondo, dice dirigirse a un público general.

-Este poemario es para todos. Si los niños lo leen, será bajo la supervisión de los padres, pero creo que no consiste en llegar a alguien concreto o a un colectivo determinado. Creo que simplemente es llegar, y cuando llegas para mí ya es un logro.

Víctor Zegarra es un escritor que cuando está bien, escribe, pero cuando está mal, escribe mucho más. ¿El sufrimiento es la clave de su inspiración?

-Supongo que escribir es un modo de autodefenderse. Cuando pasamos por ciertas etapas en nuestra vida, nuestro cuerpo es sabio y, de alguna manera, sabe sacar todo esto que tenemos dentro. Yo cuando escribo me libero, es como un ritual, es un te dejo ir, sea cual sea el mal que tengas. Para mí, es una forma de no dejar ese sentir dentro de mí. El arte en general nos libera y, a su vez, hace que nos comuniquemos.

No debe ser fácil abrirse a los demás de una forma tan visceral.

-Es más difícil cuando tienes que hablarlo frente al público. Cuando estoy detrás de un cuadernillo es hasta fácil, porque nadie me ve. Pero cuando lo tengo que decir, no. Puede ser un poco cobarde esto que digo.

Aunque cueste, siempre lo hace con su guitarra en la mano.

-La guitarra es un escudo en el que me escondo. La primera vez que recité fue terrible. Lo pasé muy mal pero por suerte tuve mucha suerte que me arropó, me sentí a gusto de ver que mucha gente se identificaba con lo que yo decía y eso me tranquilizaba. Me gustó ver que había gente que tranquilizaba estos demonios que llevo dentro.

Precisamente, si algo le caracteriza, es que logra que muchas personas se identifiquen con su poesía.

-No tengo ni idea de cómo lo consigo (risas). Me sorprendo mucho de las personas que me siguen, que pueden ser mayores que yo o más jóvenes. Es un logro y una satisfacción inmensa. Además, creo que últimamente hay una revolución poética impresionante. Hay mucha gente que me escribe y me manda sus textos. Me parece fantástica esta revolución colectiva. No sé dónde acabará, pero es un punto muy bueno. Está bien que la gente se lance a escribir.

Dice que “escribir no es una forma de volar, sino de no caer”. ¿A qué se refiere?

-Creo que es la forma de mantenerme en equilibrio entre el cielo y la tierra. Cuando escribo, no pretendo estar por las nubes sin saber lo que pasa abajo, simplemente es una forma de mantenerme en pie sobre este mundo. O me derrumbo o me mantengo, pero volar, no sé si llego a volar.

El amor ha sido el hilo conductor de su poesía durante muchos años. ¿Lo seguirá siendo?

-Tengo más escritos que no son de amor, pero creo que el amor es un motor muy importante del ser humano. Es lo que nos mueve y lo que nos hace mantenernos vivos, aunque también creo que es una enfermedad, pero no hay hospitales tan grandes como para meter a todos los que sufrimos de amor.