toros

Lo complicado es mantenerse

07.03.2020 | 23:16
Hay diez toros separados para Pamplona.

En ruta, un año más, viajamos hacia Guadalix de la Sierra, camino de la finca El Palomar donde visitaremos esta casa ganadera situada en la sierra madrileña, en un hábitat extremo que marca a personas y animales

Son las siete y media y caminamos hacia Alsasua, donde nos llegamos a la nacional I, eje principal que une Madrid con la frontera en Irún, y uno piensa que vive un año más en un déjà vu, en un día de la marmota, repitiendo las mismas cosas. Y es que son once años seguidos haciendo esta ruta hacia Somosierra, once años ya desde que la ganadería de Victoriano Del Río debutara en la Feria del Toro, y que, con su entender y saber, se mantiene en ella. Sin embargo, como se dice dentro del mundo taurino, los toros nunca son los mismos, y llegar puede ser hasta casi sencillo por lo novedoso, y siempre lo complicado es mantenerse, y eso esta casa lo ha entendido a la perfección.

Volvemos a unirnos los mismos viajeros que hace un par de años atrás, sabiendo a ciegas cómo ir, cómo llegar. No hace falta el moderno tontón, que se hace imprescindible para el día a día como si antaño no pudiéramos viajar. Y es que, en tantas cosas de hoy en día, no se explica la juventud cómo pudimos vivir las anteriores generaciones. Con el coche hasta arriba, con lotes de embutidos Arrieta que nos han preparado en la casa de Zubiri repletos de ricas viandas, gasolina a tope y muchas ganas, vamos charlando, repasando la ruta de los próximos ocho días, dispuestos a disfrutar lo máximo, y tanto Josetxo Gimeno como Gabino Polite se unen a mí en el recuerdo del maestro Polite, tan cercana su marcha, recordando un viaje que ya lo vivió dos veces conmigo efectuando la misma ruta, y muchísimas otras él con amigos como Vicente por su querida Andalucía. Y es que este viaje va a estar muy marcado por él, porque aprovecharemos en seguir algunos de sus pasos por la vida en las tierras del sur.

Parada de café incluida, somos muy puntuales, y como si fuésemos ya de casa, entramos por la vía agropecuaria que atraviesa los cercados de piedra y nos abrimos paso entre toros sueltos hasta la casa. Es curioso que será la única ganadería de bravo que conozco donde no hay perro alguno. Aquí, los defensores de la zona noble, casa, cocheras, placita de tientas..., son una camada de toros que pastan plácidamente a sus puertas.

El día es primaveral. La luz muy intensa. Y la visión de pueblos como Rascafría pegados a las lomas de la sierra es nítida. Y apenas nos da tiempo de girarnos para admirar la hermosa postal, cuando nuestros anfitriones llegan. Saludamos a Victoriano que está en tareas con un veedor mirando unos toros para Francia y nos quedamos con Ricardo, su hijo menor, que será quien nos lleve por los cercados, nos enseñe y nos explique los lotes de su larga camada. Y es que estamos en una casa de reconocido prestigio, que además de Pamplona, empieza ya en Fallas en Valencia, sigue en la feria de Abril en Sevilla, va dos veces a Madrid, amén de otras muchas plazas de primera y principales en España, y también en Francia.

Ricardo nos va contando la situación actual de la casa, el día a día, los kilómetros al gusto que hacen, él principalmente, porque las vacas las tiene en una finca cerca de Valladolid, y hay que estar de un lado a otro a diario, y hablamos, entre otros muchos temas, de la hierba. Pedazo de hierba verde que hay allí en invierno, cuando lo normal es que esté todo nevado. De hecho, no vemos ni un solo nevero en todas las cumbres. Se ve claramente la falta de agua, porque el pantano cercano ya muestra demasiada ribera seca. Y seguro que agua, en esta zona va a haber. Como siempre, estos últimos años, que el tiempo está loco, y el otoño es verano y el invierno otoño, el temor es que a finales de abril, comienzos de mayo vengan heladas y agua a manta. Eso haría parar el normal ciclo del animal, que termina de lustrarse en primavera adelantada para cuajar un toro que llamemos rematado. Vemos muchos toros, dieciséis tiene separados para Madrid. Diez para Pamplona. Y eso nos dice, que si no ocurre ninguna perdida en el camino que queda hasta mayo y julio, hasta ocho toros de primera línea quedarían fuera de los escogidos, y podrían conformar un lote superior para estar en agosto en Bilbao, por ejemplo. Él mismo nos comenta, cuando llegamos al corral pamplonés lo que su padre dice de los lotes para cada plaza. Victoriano dice desde tiempos ha, que el toro de cada plaza se forja en la finca, pero que el toro de Pamplona nace, no se hace. Y tras ver muchos lotes, las palabras del avispado criador toman sentido. Falta de rematarse en conjunto, porque algunos están para ya, y a otros les queda algo más, pero sale un sexteto de corrido. En silencio, observamos los negros, alguno salpicado y el burraco destacado por su pelaje mientras el sol pega duro.

Comemos en el Junco, un picoteo rápido con el ganadero en amable charla y nos emplazamos para el martes 10 de marzo, donde vienen al Club Taurino a dar una charla. Ahí podremos entender en toda su dimensión lo que es Victoriano Del Río.

Seguimos ruta, y cambiamos de objetivo. Nos vamos a Córdoba a patear las calles y rincones que cantaba Carlos Polite desde su juventud estudiantil. Para ello Madrid es paso obligado, y parados en seco en la M40, uno piensa en el campo, en lo que ahora llaman la España desierta, y se da cuenta que mejor vivir perdido en un pueblo que en la locura social que está convirtiendo al ser humano en un estabulado viviente en colmenas repletas.